
El exotismo de una casa de estética oriental nos hace dudar de estar en pleno San Isidro; recorré la galería de fotos y opiná
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Sin duda, ‘Namasté’ es una obra singular. De clara impronta marroquí, pero inmersa en el entorno agreste de la ribera de zona norte, buscar el equilibrio entre ambos mundos fue una de las premisas del proyecto, encomendado al arquitecto Fernando Giampetruzzi (fgiampetruzzi@foodservicesconsulting.com). Entre sus tareas, también, estuvo la de actuar como Project manager, es decir, la de compaginar la labor de los especialistas y ofrecerles soluciones: desde a las paisajistas Gabriela Crespi y Beatriz Bonadeo hasta a los armonizadores y expertos en Feng shui, además de acompañar el vuelo estético del diseñador de los interiores, el consagrado Pablo Chiappori.
"Suelo hacer espacios más neutros, pero, en este caso, había una impronta muy fuerte desde el inicio", explica Chiappori. "El dueño de casa quiso volcar aquí sus fascinación por el estilo marroquí".
En base a eso, se armó una casa en la cual el parque y los espacios verdes actúan de nexo conductor hacia el interior, generando una transición muy natural y amable, en la que los contrastes de colores sirven de guía. Así, a través de un camino de tablones marcado sobre el agua, se ingresa en una residencia de techos altos y ambientes oscuros, en los cuales la luz de vela es la más utilizada. "Encender toda la casa debe llevar unas dos horas de proceso", revela Chiappori, "pero es parte importante de la atmósfera que queríamos crear".






