
Una falsa ingenuidad
Señor Sinay: Tengo 21 años, soy estudiante de Psicología y pregunto qué hacer frente al egoísmo ingenuo. Ante personas que queremos pero que sin intención nos lastiman, siendo egoístas sin darse cuenta y que, a pesar de querernos, no nos cuidan. ¿Qué hacer con quienes no pueden ver cómo sus acciones repercuten en nosotros y sólo lo hacen una vez que ya nos hirieron? Tienen buenas intenciones, se llenan la boca con palabras lindas, pero no son coherentes en su accionar. ¿Cómo crear vínculos profundos y verdaderos con ellos cuando no pueden ser conscientes de su error?
Sofía Lattes
RE:
Ingenuo, según el origen latino de la palabra,
es lo natural, lo que no ha sido modificado. El egoísmo ingenuo que define nuestra amiga Sofía sería, pues, original, de fábrica, no adquirido. Thomas Hobbes (1588-1679), uno de los más completos pensadores de la historia, sostenía que el egoísmo guía las conductas humanas, incluso las altruistas, ya que siempre se busca satisfacer una necesidad propia (calmar una culpa, servir a una idea, ser amado, obtener reconocimiento, etcétera). La escritora rusa Ayn Rand (1905-1982), autora de La rebelión de Atlas, hizo del egoísmo un credo. Proclamaba que el interés propio debe ser la bandera de nuestras acciones. Sólo así se alcanza la felicidad. El altruismo, subrayaba, alimenta a quienes no se hacen cargo de sus vidas. En lo político, en lo social y en la vida privada esta teoría de egoísmo ético atrajo a muchos que se apoyan en ella para desentenderse de la comunidad humana que, quiéranlo o no, integran. Pero Hobbes recordaba que el egoísmo pone a todos contra todos, por lo que debemos crear acuerdos que nos permitan sobrevivir colectivamente y desarrollar cada uno sus atributos.
El egoísmo ignora al semejante aunque diga amarlo, y si lo mira es por conveniencia. No hay, pues, egoísmo bueno. Como señala James Rachels (1941-2003), en su clara y lúcida Introducción a la filosofía moral, hay personas a las que de veras les importa y les duele lo que les sucede a los demás. Los ven como sus semejantes. Ellas rompen los dogmas del egoísmo. A los egoístas ingenuos hay que recordarles con hechos y palabras que son parte de todo lo humano y no simples usuarios de otro descartable.






