
Una orquesta que reincide en el rock menos previsible
Pequeña Orquesta Reincidentes festeja sus diez años de vida en La Trastienda
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Pequeña Orquesta Reincidentes salió a tocar casi por casualidad un 9 de junio de 1991. Diez años más tarde eligieron la misma fecha para conmemorar aquel inicio (el sábado, a las 23, en La Trastienda, Balcarce 460) con invitados, viejos temas y sus mejores pilchas, los trajes que, como una marca de su estilo, se calzan para subir a escena.
"El año último, después del ciclo en el Club del Vino, nos quedamos con ganas de hacer algo más grande. El aniversario nos dio la excusa para tocar en La Trastienda y para reeditar Tarde , nuestro primer trabajo, que originalmente sacamos en cassette", comenta Juan Pablo Fernández, voz del quinteto.
Entre festejos y balances, la agrupación -que completan Santiago Pedroncini en mandolina, guitarra y banjo; Alejo Vintrob en chapas, percusión y batería; Rodrigo Guerra en contrabajo y voz, y Guillermo Pesoa en acordeón, piano, banjo y voz- esquiva toda posibilidad de caer en la melancolía. Sin embargo, se sincera. "Es una lástima que aún no vivamos de la música -admite Santiago-. Todos tenemos otros trabajos que por momentos nos gustan y por otros odiamos."
De su rock denso e introspectivo de los comienzos a su pequeña orquesta actual, Reincidentes se descubrió pesimista, primero y logró reinventarse más tarde. "De Menem y Cavallo en adelante sucedieron cosas que nunca hubiéramos imaginado y, paralelamente a nuestra realidad como banda, debimos inventar nuevos sentidos hacia donde ir. En un momento nos desesperanzamos y dejamos de imaginar nuestro crecimiento. Eso es peligroso, no suponés que te va a ir mejor, y el hecho de seguir, deprimirnos juntos, alentarnos, hizo que encontráramos una vuelta."
La gratuidad de las cosas, eso es lo evidente para este quinteto que sueña con un acompañamiento de 20 músicos. "Tenemos en claro que lo que estamos haciendo es inútil. Ya no esperamos milagros, pero nos enorgullecemos de nuestra estructura, del colectivismo que gira en torno a la banda, con nuestras mujeres y amigos trabajando en la gráfica, los videos y otros campos."
Hitos de una carrera que esquiva la fama
En diez años, la banda cambió nombre, integrantes y estilo
- 1991. Dos años antes, Santiago realizó un par de viajes. Camino a Cuba conoció en el avión Juan Pablo Fernández y en un tren de Bariloche a Buenos Aires a Fernando Marcer. Empezaron a ensayar, junto a Guillermo Pesoa, primo de Juan, que había decidido dejar su Rosario natal por Baires. Y el 9 de junio del 91 (que, como el show de pasado mañana, también cayó en domingo) debutaron en vivo en un local del pasaje Bollini.
- 1993. Encontrar un baterista estable fue el inconveniente de los primeros años. Martín Ontiveros había entrado en el 92 y un año más tarde dejó la banda. Con él tocaron en Gaia, La Luna y el Parakultural, nunca antes de las 4 de la madrugada. Su sucesor, Alejo Vintrob, se establecería con el tiempo como un irremplazable.
- 1994. Aparece su primer trabajo, Tarde , con producción artística de Ricky Saenz Paz. Lanzada en cassette, sólo distribuyeron 500 copias. Una de sus seis canciones, El hombre de manos gastadas , fue llevada al video por Vicky Simón y Gaby Golder e integró un compilado de la revista española Zona de Obras.
- 1996. Graban en vivo, en el Rojas, Nuestros años felices . Se enteran de la visita de Nick Cave a estas pampas y le envían a su productora, Tenderpray, una copia del álbum. El resultado, uno de los orgullos de la banda: Cave y los suyos los eligen como teloneros, a pesar de la indiferencia de los promotores lo cales.
- 1998. Su rock oscuro, denso y exento de cualquier influencia de la época, alcanza su punto máximo con Qué sois ahora , tercer trabajo del quinteto. En el 99, Fernando deja el grupo y es reemplazado por el contrabajista Rodrigo Guerra.
- 2000. La llegada de Rodrigo y la necesidad de producir un cambio llevan a la agrupación a convertirse en Pequeña Orquesta Reincidentes. Con este nombre editan el álbum homónimo, donde sorprenden con su cóctel de melodías tangueras, recuerdos del cabaret berlinés, aires litoraleños y cubanos y un cambio en la instrumentación: chapas, banjos, mandolinas, acordeón y contrabajo. En 2001 reeditan Tarde , remasterizado por Bergallo.





