
VENEZUELA Una bella en la lucha
El 6 de diciembre, 11 millones de venezolanos, sobre un total de 22 millones, decidirán quién será su próximo presidente. Entre los favoritos se encuentra la ex Miss Universo Irene Sáez, que lucha para demostrar que es bastante más que una cara bonita
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Irene Sáez no le tiene miedo a la contienda presidencial. Según esta ex Miss Universo venezolana, que hoy tiene 36 años, cuando tenía apenas 18 vivió la más dura de las competencias: haber participado en un concurso de belleza y justamente en Venezuela, donde este acontecimiento es tan popular como son los campeonatos de fútbol en la Argentina. Irene se decidió a presentarse apenas 15 días antes de la elección para Miss Universo, sin haber hecho jamás una dieta ni haberse sometido a cirugías plásticas. Y ganó. Además de la corona, le colocaron una banda que espera volver a lucir el 6 de diciembre de este año. Claro que esta vez no como reina de belleza, sino como presidenta de la Nación.
Tiene sus razones para creer que puede lograrlo. Durante casi dos años, y hasta mayo último, Irene Sáez fue vista por el mundo con estupor. En un país en el que jamás hubo una mujer presidenta, lideró las encuestas realizadas entre los candidatos con un 45% de aceptación entre los venezolanos. Comenzó de esta manera a vislumbrarse una tendencia que hoy se afirma con más fuerza: el rechazo de los venezolanos por los partidos tradicionales, es decir, el socialdemócrata Acción Democrática (AD) y el democristiano Copei, y su inclinación por los independientes. Los partidos que lideraron la democracia venezolana durante las últimas décadas pagan de esta manera el pato por la crisis y la corrupción.
Sáez creó su propio partido, llamado Movimiento Irene (Integración Representativa Nueva Esperanza), que participa por primera vez en el proceso electoral nacional. Hoy, Irene se ve tercera en las encuestas, detrás de Chávez, por el Movimiento V República, y de Henrique Salas Romer, por el Proyecto Venezuela, pero afirma con esperanza que "el termómetro marca la fiebre de hoy, pero no la de mañana".
Católica a rajatabla (va a misa casi todos los días), Sáez dice que Dios la ha puesto en ese lugar para ayudar a la gente y al pueblo de Venezuela a salir adelante. "Yo vine aquí a dar. Dios me ha dado popularidad, y me puso en una posición que yo asumo con gran coraje, con firmeza y con responsabilidad." Esta veta religiosa que salta en su discurso es uno de los puntales de Irene Sáez, que por otra parte es gerente de Relaciones Institucionales de las Damas Salesianas en Venezuela. Son mujeres que, en el marco de la iglesia cristiana (la congregación fue fundada por San Juan Bosco), realizan actividades que tienen que ver con la ayuda a los sectores más necesitados. Están focalizadas en ofrecer servicios de salud, educación básica y entrenamiento para pequeños empresarios.
Pero también Irene es consciente de que Venezuela idolatra a las reinas de belleza. No reniega de su pasado ni mucho menos. Es más, circula en Venezuela la muñeca Irene, una Barbie espléndida para la que la candidata posó, y posteriormente se fotografió vestida con la misma ropa que también tenía la muñeca. Es que no perdió su belleza de antaño. Hace poco le entregaron el premio como la Miss Universo más linda de los últimos 20 años.
Claro que esto no es suficiente para llegar. Pero en la vereda de la política no es una improvisada. Asumió con éxito la alcaldía del municipio de Chacao en 1992 y fue reelegida para el cargo por el 96% de los votos en 1995. Son los logros como alcaldesa los que la hacen pisar firme a la hora de autoproclamarse como la más idónea para cubrir esta vez el cargo de presidenta.
Durante su gestión, el crimen descendió en un 70%. La reconversión de la fuerza policial es uno de sus mayores logros. El municipio de Chacao, donde vive gente de alto poder adquisitivo, también se vio embellecido por un programa de cambio de cableado aéreo a subterráneo. Y más limpio también.
Además, agregó a la gobernación un toque de glamour: estableció dos orquestas y una escuela de ballet. También creó un coqueto sistema de uniformes: agentes de tránsito enfundados en trajes color caqui y cascos blancos; gente de limpieza con mamelucos negros; sus colaboradores, todos con blazer azul y pantalón o pollera blanca; mamelucos naranja para jardineros. Y más: propuso clases de tai-chi para ancianos; contrató médicos a domicilio, y a los que no respetaban las reglas de tránsito, en vez de multarlos, se les ordenaba tomar clases para aprender a manejar.
"En una capital que con la mayor frecuencia inspira la admiración de cómo un país tan rico puede haber caído tan bajo, Sáez dirige un sector que está limpio y ordenado, donde el gobierno, por increíble que parezca, funciona", dijo la periodista Diana Jean Schemo a The New York Times.
Estos ingredientes le dan más prensa que a un simple candidato en el tercer puesto. Sin embargo, ella sigue luchando por el primero. "Mi propuesta es ir sumando a mi gobierno la gente más calificada, no importa su partido político. Ya tengo el apoyo del partido socialcristiano Copei, que históricamente cambió sus estatutos internos para apoyar a una mujer independiente", dijo Irene.
Según analistas políticos, la bendición del Copei, lejos de llevarla más adelante en las encuestas, tuvo el efecto contrario. El Copei esperaba salir a flote de la mano de la carismática Irene, y ella, por su parte, esperaba tener más fuerza apuntalada de esta manera. Sin embargo, sucedió lo contrario, e Irene, que había comenzado a perder algunos votos, se vio más desplazada después de la alianza.
Sus defensores destacan sus logros. Sus detractores dicen que no son suficientes, y son impiadosos a la hora de descalificarlos, aduciendo que tiene más belleza que plataforma política. Según el diario The Economist, su imagen (rodete mediante) alterna entre la de una alcaldesa exitosa, pero de uno de los municipios más ricos de Venezuela, y la de una Evita Perón venezolana.
La revista People, en cambio, transcribe una anécdota relatada por Donald Trump, el magnate, que es muy amigo de Irene: "Un día, en el edificio Trump Tower, dos empleados latinos vieron que Irene entraba, y se arrodillaron a sus pies gritando Sáez, Sáez . Suena raro, pero ella es vista de esta manera en América latina".
Se la vinculó sentimentalmente con el millonario, pero ambos recurrieron a la consabida frase sólo somos amigos . El romance y la vida de pareja no parecen estar entre las prioridades de la bella candidata. A los 28 años, con tarjetas de invitación repartidas, cortó su noviazgo y posterior casamiento con un buen partido, de Caracas, porque él no quería que ella trabajase.
A partir de allí, se dedicó completamente a la política. "Yo he visto gente que de la emoción llora cuando la ve. He visto gente que le agarra el cabello y se lo besa", dice su estrecha colaboradora Fátima Fernández, mirándola con admiración. Y Sáez, efectivamente, espera que este fervor, que se encarga de exacerbar, la saque del tercer lugar para llegar al primero nuevamente.
Para la Segunda Conferencia de las Américas realizada en Miami, y patrocinada por el diario Miami Herald y El Nuevo Herald, Irene Sáez ya no usa tanto maquillaje como cuando era reina de belleza. Tampoco usa tacos altos, ni escotes, ni polleras cortas. Viste trajes sobrios de pantalón y saco, en tonos oscuros, y zapatos chatos. Conserva, sí, de esa época, una imponente melena rubia y ondulada que se deja ver desde lejos y que arrastra consigo las miradas de los que participan en la conferencia.
Dentro de los numerosos políticos de primera línea latinoamericanos presentes, entre los que figuraban presidentes, vicepresidentes, senadores y ministros, ella fue una de las protagonistas. Casi una estrella, y el marco del hotel Biltmore, donde se alojaron y se alojan tantos famosos, ayudaba. También impuso respeto a partir de su metro ochenta, que obligaba a todos a mirarla desde la misma altura, en el mejor de los casos.
A pesar de contar, según las encuestas, con un 12 por ciento de los votos, todos los concurrentes querían saber qué era lo que tenía para decir. Especialmente porque Hugo Chávez, su principal opositor, iba a participar de la conferencia a través de una gigantesca pantalla de video, porque Estados Unidos le negó la petición de visa en 1997, por estrictas reglamentaciones que excluyen a participantes en golpes militares. La misma secretaria de Estado, Madeleine Albright, ratificó la decisión este año.
La Bella y la Bestia, susurraban muchos por lo bajo, haciendo referencia a la batalla que libran Sáez y Chávez por la primera magistratura. Es que Hugo Chávez, como teniente coronel del ejército venezolano, realizó en febrero de 1992 un infructuoso golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez, del cual no se arrepiente, ya que afirma que el entonces presidente estaba inmerso en escándalos de corrupción.
Chávez finalmente se rindió frente al palacio presidencial de Miraflores y cumplió dos años de prisión. Según sus palabras, se rindió para evitar un derramamiento de sangre en el combate final. Tan sólo seis años después, busca la presidencia por el camino de la democracia.
Según la Gazeta Mercantil Latinoamericana, Chávez es considerado por los inversores extranjeros y analistas financieros como un peligro para sus intereses en Venezuela y una amenaza de retroceso democrático. Una encuesta reciente realizada por el Consejo Nacional de Promoción de Inversiones, en Venezuela, reveló que un 90 por ciento de empresarios cree que no todos los candidatos presidenciales garantizan el proceso de apertura económica, y que el mantenimiento del régimen democrático es una condición indispensable para invertir.
Por eso, la bella Irene, única presidenciable en vivo y en directo, era mirada y admirada.
La guerra entre Chávez e Irene es fría y sangrienta. "Mi propuesta es de cambio en paz. Hay otras propuestas distintas, hacia el odio, hacia la violencia", es la bala de Irene hacia Chávez. Por su parte, Chávez simplemente se defiende diciendo: "Irene Sáez es la candidata más hermosa".
Pero en un país que idolatra la belleza, Chávez no quiso quedarse atrás ni dejar ese punto en favor de la candidata. Entonces se presentó en la teleconferencia al lado de su tercera esposa, María Isabel. Rubia, pelo largo, joven, mucho maquillaje. No habló, se limitó a sonreír y a tomar cada tanto la mano de Chávez. Un detalle: es parecida a Irene.
Notas de color aparte, en Venezuela el ambiente está caldeado. Irene se lo adjudica a Chávez. "Yo voy de rancho en rancho, entro en casitas humildes y cada vez que me encuentro con alguno que está con... con... el personaje, le pregunto qué les dice. Me responden que promete que le va a quitar todo a los ricos para dárselo a los pobres, promete alimentos, y dice que va a reconocer las elecciones siempre y cuando gane, si no... Está llamando al odio, a la rebelión".
Chávez, por su parte, niega los cargos, pero recientemente declaró que iba a freír las cabezas de adecos y copeyanos (los dos partidos tradicionales, en estas elecciones rechazados por la gente). Estas palabras tuvieron su impacto en la economía venezolana: hubo una fuga de capitales de unos 5000 millones de dólares en septiembre.
Además, Chávez (de quien diversos medios afirman que tiene aliados como Castro y la guerrilla colombiana) dijo hace un tiempo que se sentía honrado de que Estados Unidos le hubiera negado la visa, aunque en la actualidad se proclama neoliberal y asume una actitud más conciliadora. Sáez en cambio afirma estar preparada para un mundo globalizado, y ve con interés la relación con Estados Unidos, su principal comprador de petróleo. Y siguen las diferencias: mientras Chávez afirma querer eliminar el Congreso y nombrar una Asamblea Constituyente (vista como un germen de totalitarismo por quienes no lo quieren en el poder), Sáez dice que cree en la reforma de la Constitución, pero hecha de manera democrática.
En campaña, las promesas abundan. Las de Irene son: descentralización de los centros educativos públicos, con énfasis en la atención a niños especiales; centros de cuidado para la tercera edad; cursos de entrenamiento y capacitación para el pequeño y mediano empresario; red primaria de salud; el médico de familia. "Voy a declarar a la educación en emergencia, hacia los valores y el rescate de la identidad. Voy a ordenar la casa por dentro administrativamente. Voy a generar riqueza en el país diversificando la economía para que no dependa solamente del petróleo. Voy a impulsar el turismo, y nuestros productos como café y cacao."
Cuando se llega al cómo, las respuestas suelen ser un poco ambiguas, y siempre terminan con un "llamando a los mejores para que colaboren conmigo" y "tengo humildad para escuchar y capacidad para sumar".
Volviendo a la disputa entre presidenciables, en la conferencia Chávez también hizo de las suyas con el candidato que le pisa los talones. Impidió que Henrique Salas Römer participase como él, vía satélite, contratando todas las líneas telefónicas para la transmisión electrónica. Salas Römer, economista graduado en Yale, Estados Unidos, se le acerca peligrosamente como candidato independiente. Algunos dardos de Irene también se dirigen a él, aunque ambos son primos hermanos en cuanto a ideas políticas.
Una prueba de esto es un incidente que protagonizó Irene recientemente cuando se encontraba en campaña en la zona de Carabobo, en la que Salas Römer fue alcalde y donde actualmente su propio hijo ejerce esa función. Un tiroteo a pocos metros de donde ella se encontraba hizo temer un atentado. Más tarde, ella misma se encargó de restarle importancia, pero no se privó de afirmar: "Es sólo una muestra de la falta de seguridad que se vive en esta zona".
Por su parte, el propio Salas Römer tiene palabras elogiosas para Irene (aunque tampoco se priva de decir públicamente que cuando ella lideraba las encuestas se trataba de una moda). No se descarta que formen una alianza después de las elecciones para el congreso del próximo 8 de noviembre. "Somos amigos -afirmó Salas Römer en el programa de Jaime Bayly-. No sé ahora, con la rivalidad que suscita una campaña electoral, si ella tiene los mismos sentimientos que yo tengo hacia ella, pero en cualquier caso, es una buena persona. Una persona extraordinaria que le ha dado triunfos al país, y yo no tengo duda de que ella puede ser útil en cualquier función de importancia para nuestra nación".
En el país de las Miss
Irene nació en Caracas el 13 de diciembre de 1961. Comenzó a luchar por salir adelante apenas a los tres años, que fue cuando murió su madre, Ligia, de cáncer. Hoy afirma que cuando era pequeña, miraba la estrella más brillante y pensaba que era su madre. "Es mi ángel guardián", dice. Siendo la menor de seis hermanos, se fue a vivir con su hermana mayor, de 18 años, recién casada. Isabel estudiaba Ingeniería, y en vez de dejar a Irene en la guardería, la llevaba consigo a la Facultad. Irene era entonces la mascota de la clase.
Sigue estando muy unida a sus hermanos. El que le sigue, Eduardo Sáez, es el coordinador nacional del irenismo.
Cuando era adolescente, comenzó a ser elegida año tras año reina del club social que frecuentaba. De allí, a presentarse al concurso para Miss Venezuela, y luego Miss Universo hubo sólo un paso.
Después de haber cumplido con sus obligaciones como Miss Universo, Irene perdió a su padre, el empresario Carlos Sáez. Decidió seguir con sus estudios. Ya había cursado un año de Ingeniería, pero se dio cuenta de que en realidad quería estudiar Ciencias Políticas. Se recibió en 1989, para hacer poco tiempo después una especialización en Gerencia Municipal.
Entre 1989 y 1991 fue representante cultural de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, y actualmente es presidenta honoraria de la Alianza Francesa.
Ya en 1992, a los 31 años, fue elegida alcaldesa del municipio de Chacao, en el Estado de Miranda, al lado de Caracas, y en 1995, reelegida para un segundo mandato con el 96% de los votos. En 1996 presidió el Consejo Metropolitano de Gobiernos.
"La Venezuela de la violencia me ha hecho asumir este compromiso", dice.
En la política, un candidato o candidata no se juzgan por su belleza. En el caso de Irene es diferente. ¿Debe luchar contra este estigma? Según sus colaboradores, la mujer venezolana es hermosa de por sí: ha producido 4 de las 19 Miss Universo. Pero no se considera solamente una mujer bonita. "Creo que hay muy pocos hombres en Venezuela que todavía piensan así, que es una candidata linda. Siento que hay mucho respeto del hombre venezolano hacia la mujer. A la que se prepara, a la que estudia", dice Fátima Fernández, coordinadora de giras.
No todos están de acuerdo. Aníbal Romero, su propio asesor de campaña, dice que el machismo está presente en el hombre venezolano, y que los hombres mayores de 30 no la quieren.
Una pregunta que se cae de madura es por qué esta mujer no se ha casado. "Estuvo a punto de casarse en dos oportunidades -cuenta Fátima-. En una de ellas tuvo tarjetas repartidas de matrimonio. Pero no le entendieron en ese momento la vocación de servicio que ella tiene. Ella decidió poner su vida personal a un lado."
En cuanto a la posibilidad de tener hijos, Fátima dice: "Yo creo que ella dijo: Yo me voy por aquí. Ya habrá un momento para eso . Tal vez lo haga siendo presidenta, no sé -afirma, riéndose-. Yo creo que ella conscientemente sacrificó una parte de su vida, pero que se siente totalmente plena".
El peso del sistema
El carácter de fenómeno político parece declinar en Irene Sáez a juzgar por las últimas encuestas. Estuvo a la cabeza en un primer momento de cegadora fulguración y ahora ha sido relegada por la preferencia del público a un tercer lugar, lejos del primer puesto que ocupa cómodamente el ex militar golpista y candidato independiente Hugo Chávez. En la segunda posición figura otro postulante independiente, aunque político profesional y de extracción socialcristiana: Henrique Salas Römer.
Sáez parece a estas horas compartir la escasa suerte de las otras mujeres latinoamericanas que van quedando en el camino del poder político, como Nora Gunera de Melgar, que perdió en Honduras, y Noemí Sanin, que fracasó en Colombia. Falta ver qué sucederá aquí, en el caso de Graciela Fernández Meijide.
Sáez comparte también, como alcaldesa reelegida en el municipio de Chacao, la pléyade mundial de intendentes o alcaldes que pretenden hacer de su cargo un trampolín que los proyecte a la primera magistratura.
Pero, en definitiva, ni siquiera sus muy largas y bien torneadas piernas le han permitido a esta ex Miss Mundo sostener el ritmo de su avance hacia los comicios generales del 6 de diciembre.
Su mayor atractivo, al comienzo de su campaña, fue su condición de marginal de la política, status jerarquizado por el éxito de sus dos gestiones municipales. Ella, empero, parece haber cometido al menos un par de presuntos errores difícilmente superables: contarse entre los políticos que no se han pronunciado contra la llamada Agenda Venezuela -plan económico negociado con el FMI y únicamente descalificado por Hugo Chávez- y haber abandonado la independencia política para ser la candidata de Copei, el partido oficialista.
En un país como Venezuela, donde el 80% de sus 21 millones de habitantes es gente muy pobre y el 70 por ciento descree en consecuencia de los dirigentes políticos y empresarios, el carácter de out-sider de Sáez parecía ideal.
Se diría natural que los venezolanos menos afortunados, que se consideran a sí mismos víctimas de un mundo implacable, regido por una globalización que torpedea el poder de los sindicatos y donde la economía manda sobre la política, vean en Chávez una figura aun más atrayente que la de Sáez, no obstante sus muelles curvas firuleteadas.
El tiene ahora en su contra a la clase empresaria, a los Estados Unidos y a la comunidad financiera internacional. Ella, en su favor toda la estructura de un sistema deparador de ininterrumpidas desilusiones, al que la mayoría de los votantes rechaza en cada encuesta. Ya no configura, pues, la antipolítica venezolana. Y, sin embargo, nada de lo que Sáez pueda haber hecho para mermar sus posibilidades electorales parece mostrarla ahora de una manera excesivamente novedosa. En efecto, ella es hoy lo que también era cuando este año vino a la Argentina para estudiar cómo se combate la inflación y de qué manera se implanta la paridad cambiaria.






