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Destinos inesperados

Vivir en Maceió: "Somos inteligentes y dedicados, en Brasil lo valoran mucho"

Carina Durn
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15 de enero de 2020  • 00:42

"Algún día voy a vivir acá", se dijo Matías Nardelli mientras caminaba por la costanera de Maceió. A su alrededor, la naturaleza exuberante le despertaba aquellos sentidos perdidos de una infancia lejana, esos que habían quedado adormecidos por las rutinas de una ciudad y una existencia que le exigía encontrar confort y seguridad.

Aquel verano había llegado a Brasil por Regina, una brasilera oriunda de Recife que conoció en Buenos Aires y con quien emprendió una bella relación que más adelante encontraría su final, pero que supo reavivar viejos recuerdos enterrados, imágenes felices de una niñez de sensaciones plenas.

Lo cierto es que él siempre había tenido una conexión especial con aquella gran nación. Aún no caminaba, cuando sus padres lo llevaron de vacaciones al sur de Brasil por primera vez, algo que se repetiría todas las temporadas. Desde bebé fue aprendiendo las costumbres, la lengua y hasta tenía amigos brasileños con los cuales se reencontraba en aquella mágica estación. "Recuerdo nítidamente los momentos de diversión, la música, el poder estar en contacto con la naturaleza", rememora hoy, "Todavía puedo palpar esa sensación de sentirme libre en ese país tan diferente al nuestro, podía ser yo mismo. Eso me marcó definitivamente, aunque nunca había pensado seriamente en irme a vivir a Brasil".

Un nuevo destino.
Un nuevo destino. Crédito: @matiasenmaceio

Los años transcurrieron y la llegada de la adultez indicaba que era tiempo de elegir rumbos que trazaran un futuro estable en su vida. Al salir del colegio, en el año 1995, el joven decidió estudiar Comunicación Social y comenzó a trabajar como periodista, tiempo después optó por acompañar en las labores a su padre, quien tenía una agencia de comunicación. "En esos años seguía yendo a Brasil, pero con amigos y en pareja".

Todo parecía fluir por los caminos correctos hasta que, con 30 años, Matías entró en una profunda crisis, donde sentía que todo lo que había conquistado no alcanzaba para llenar un vacío muy grande, una frustración. "Sentía que mi lugar no era en Argentina, pero tenía mucho miedo, desconfianza y sobre todo me pesaba el mandato de tener que crear mi vida en mi país", revela, "Y un buen día conseguí juntar coraje, y me propuse irme a vivir un tiempo a Brasil. Con Regina habíamos terminado, pero me quedaban los aprendizajes de los viajes en el nordeste de aquellas tierras. Pensé en Maceió, recordaba lo hermosa que era, un lugar en el mundo que me había enamorado a primera vista".

La partida no fue sencilla, su familia entendía pero con cierta reticencia y mucho temor. Miedos que también asaltaban a Matías, aunque sin vencerlo. Fue así que vendió sus cosas, renunció a su trabajo, se despidió de los amigos y familiares y voló solo y desempleado para comenzar de nuevo en aquel destino que le había resultado fascinante como turista, pero que desconocía en su realidad.

Lugar paradisíaco.
Lugar paradisíaco.

Las primeras emociones en un nuevo hogar

Matías jamás olvidará aquel vuelo hacia otra vida. Desanudarse de una existencia en apariencia confortable y sin carencias suele ser más complejo de lo imaginable; los "deber ser", los mandatos sociales a seguir, tienden a ser potentes y en ellos habita la culpa por el desprendimiento, como si las decisiones propias diferentes, algo más libres y alejadas a lo esperado, fueran señales de desagradecimiento. Quedarse, sin embargo, implicaba transitar una vida fingida, sostenida por el simple hecho de no desilusionar a su entorno. "Por entonces tenía 31 años, y poseía mis cualidades y mis deseos de querer vivir más tranquilo, en contacto con la naturaleza. Sentía que Brasil era una oportunidad para ser yo mismo, tal como había sentido en la infancia", relata conmovido.

Arribó a su nuevo hogar entusiasmado, inmerso en una sensación de asombro inesperada. Simplemente no podía creer estar parado allí, en un suelo que dos años atrás había recorrido como ordinario visitante. Matías experimentó una sensación de libertad inigualable, ante él se había abierto un vacío positivo, una "nada" capaz de transformarse en un todo marcado por sus propias elecciones. "Recuerdo ir a la playa todos los días y darme cuenta de que podía hacer lo que quería, no me importaba que tenía el dinero justo para vivir tres meses, un nuevo mundo se abría ante mí y aquellas emociones eran tan increíbles que ya todo había valido".

Al mes, sin embargo, Matías aún no encontraba empleo y el panorama comenzó a inquietarlo. "Me dije a mí mismo: si todo sale mal me quedo seis meses y me vuelvo. ¡En septiembre del 2019 se cumplieron 10 años y acá sigo!"

Matías en su nuevo hogar.
Matías en su nuevo hogar. Crédito: @matiasenmaceio

Otros hábitos, otras costumbres

A pesar de tratarse de la ciudad capital del Estado de Alagoas, con una población de más de 900 000 habitantes, Matías halló en su nueva tierra a un pueblo. Al comienzo le maravillaba que, para ir de un lugar a otro, la gente le indicara direcciones por referencia: "En mi caso vivo en la calle del restaurante João, en la casa de enfrente".

Otra sorpresa grata, aunque compleja de integrar, fue la velocidad de las personas. Todo fluía extremadamente lento y el estrés parecía no existir en el diccionario ni la cotidianidad de aquella comunidad. "¡No podía creerlo! Nadie hablaba de política, de lo mal del país, la gente se veía alegre".

A medida que el tiempo trascurría, Matías fue explorando su entorno y también descubrió playas paradisíacas. Le resultó asombroso notar que los lugareños no las frecuentaban, "¡Esto también me pareció inaudito! Yo iba todos los días", ríe, "Lo que más me llamó la atención en Maceió, sin embargo, fue la amabilidad y la simpleza de sus residentes, es un pueblo muy cálido. Alagoas es uno de los Estados más pobres de Brasil y aun así vos ves a sus habitantes siempre con una sonrisa, dando todo para que te sientas en casa".

Pero a pesar del intenso encanto de los locales, Matías jamás se pudo adaptar a la falta de compromiso con los horarios y con la palabra. Comprendió que cada evento, sin importar su índole, debía ser reconfirmado tres veces si quería que llegara a buen puerto. "Si por ejemplo querés ir a cenar con un amigo tenés que avisarle el día anterior, ese día a la mañana y antes de salir de tu casa, porque si no es probable que haga otros planes o crea que se canceló. ¡Increíble!"

La ciudad.
La ciudad.

Trabajo y calidad de vida

Pasado aquel primer mes las oportunidades laborales emergieron por doquier. Con un cambio de mentalidad, Matías se dispuso a analizar el mercado con otra mirada y una mayor apertura, algo que le permitió revelar que habitaba en una región colmada de posibilidades.

"Actualmente trabajo con turismo, con terapias alternativas y hago consultorías, y en todo tenés mucho trabajo", asegura, "Siempre digo que para aquel que quiera trabajar sobra empleo. Si bien mejoró mucho, el nordeste aún necesita buenos profesionales y calidad de servicios. Los argentinos somos trabajadores natos, inteligentes y dedicados, y el brasilero lo valora mucho".

Sin embargo, en el caso de Matías la revelación más bella arribó de la mano del desprendimiento de lo material. No tardó mucho tiempo en comprender que en Maceió no era necesario acumular lujos para vivir bien. "Hace calor todo el año, usás siempre el mismo tipo de vestimenta (con una buena remera, bermuda y ojotas estás hecho). Tenés las playas, el mar, la costanera para salir a caminar o andar en bicicleta, de vez en cuando podés ir al cine, a comer afuera, y tomarte una cervejinha. Para el que busca vivir en paz y tranquilo, es el lugar perfecto".

Paz y tranquilidad.
Paz y tranquilidad. Crédito: @matiasenmaceio

Regresos y aprendizajes

Diez años atrás, y luego una crisis profunda, Matías halló un sendero que lo llevaría hacia su propia tranquilidad del alma. El mismo, le indicaba que la clave yacía en retomar el contacto con su niño interior, con ese ser completo y esencial, para alejarse de los sinsentidos de su vida, de aquel vacío existencial potenciado por un mundo adulto que muchas veces tiende a olvidar por dónde es que quedan los caminos del bienestar auténtico, y que permanece apegado a la mirada ajena y al éxito social.

"Pero aun así vivir solo en otro país no es fácil, es un desafío", confiesa, "En mi caso, siempre fui una persona independiente y desapegada, lo que me llevó a sufrir menos, pero no es sencillo. Llegan las fiestas, o te enfermás, y tenés que arreglártelas solo. Por eso trato de ir al menos una vez al año a Buenos Aires a ver a mis seres queridos", continúa.

"Cuando vivís en otro país siento que ves la vida de otra forma. Si bien te creas tus rutinas se transita una existencia más intensa, tenés más posibilidades de crear tu propio camino, de tomar tus decisiones sin ser cuestionado por familiares o amigos. Y al volver a la tierra natal te descubrís animado por los reencuentros, aunque también movilizado por los recuerdos y hechos del pasado que se hacen presentes. Creo que es importante aprender a encontrar una armonía con el pasado y con tus raíces para no quedar prisionero y poder entonces estar en paz en cualquier lugar del planeta. En mi caso, hace mucho que trabajo para estar en paz con mi historia en Argentina".

Los sueños en vida.
Los sueños en vida. Crédito: @matiasenmaceio

"Cuando regreso de visita observo a la gente en mi ciudad natal y veo que todo más o menos está siempre estable. Y es lo lógico, las personas buscan estabilidad y seguridad. Yo mismo buscaba eso, hasta que me di cuenta de que prefería no tenerla para vivir mis sueños. En estos años aprendí que confort y seguridad suelen transitar por un camino diferente a los sueños. Vivir en otro país siento que te enseña a valorar quién sos, y te permite ser el creador de tu vida en su máxima potencia. Además, abrís tu mente a entender al otro, a aceptar lo diferente, y a permitirte vivir sin tantos miedos ni rollos. Al final entendí que me fui a Brasil para encontrarme a mí mismo", concluye.

*

Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

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