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Destinos inesperados

Vivir en Mallorca: "Acá todo es lento, pero de calidad"

Carina Durn
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12 de junio de 2019  • 14:12

"Mi hermana siempre me decía que cada día tenía que preguntarme tres cosas: si estaba con quien quería estar, si estaba donde quería estar y si estaba haciendo lo que quería hacer. Y que debía darlo todo y pelear por lograr que la respuesta a estos interrogantes sea ", revela Juan Peralta, un joven publicista enérgico, que supo atender las necesidades de su alma y tomar estas palabras como fuente de sabiduría para acercarse a su idea de felicidad y vida sincera.

Se encontraba de viaje por Croacia y Grecia junto a su pareja, cuando llegó la revelación: necesitaban de todo aquello, del aire puro y soleado, de la vida en la naturaleza y el mar. Y al volver a la Argentina, la certeza se transformó en acción y en menos de seis meses vendieron todo, renunciaron a sus trabajos, hicieron dos carry on, le pusieron el chip a su perro, y se fueron a vivir a Mallorca casi sin pensarlo. "La mayoría de los amigos y familiares se lo tomó bien", recuerdan, "Algunos más que otros, que pensaban que sería por un año o una aventura. A esta altura ya se dieron cuenta de que íbamos en serio".

Mauricio, Juan y su fiel compañero de ruta.
Mauricio, Juan y su fiel compañero de ruta.

Juan había estado en Mallorca con anterioridad y en aquella travesía había experimentado la sensación de haber encontrado su lugar en el mundo. Había sentido una atracción singular por su gente y su cultura, y no tenía la menor duda de que la isla les resultaría un hogar ideal para un nuevo comienzo. Para Mauricio, en cambio, era un destino inesperado, un rincón del planeta que desconocía y del cual no sabía qué esperar. "Para él fue distinto", explica Juan, "No estaba seguro si le iba a gustar, ni si su profesión iba a funcionar aquí. Fue todo un desafío. Emociones encontradas, yo estaba más nervioso por él, sentía una especial responsabilidad por haberlo metido en esto, que con el tiempo se fue disipando. Hoy ya nos sentimos como en casa".

Primeros impactos de un nuevo destino

Impulsados por la alegría de un cambio tan anhelado, la llegada fluyó de manera sorprendentemente sencilla. No fue complejo volver a empezar en una isla rodeada por cientos de playas compuestas por pequeñas calas, así como largas costas de arena. Con sus 859 289 habitantes, y a pesar de ser la más extensa de España, arribaron a una tierra conocida por su ambiente reposado, y que muchos años antes le había valido el nombre de "la isla de la calma", aunque con el tiempo se fuera convirtiendo en un importante destino turístico a nivel internacional.

Mallorca, visto desde un drone - Fuente: YouTube Stefan Zimmermann

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A los quince días ya tenían su vivienda y Juan había conseguido trabajo en una agencia de publicidad. Mauricio, por su lado, luego de tomarse un tiempo libre realizó un máster en diseño de espacios hoteleros, lo que le permitió adentrarse en la historia y la forma de vida de la isla. "Si bien esto es España, es un mundo aparte. Acá viven casi tantos extranjeros como locales. En la calle se escucha español, inglés, alemán, sueco y más".

Playa Arabella.
Playa Arabella.

La pareja no tardó en descubrir hasta qué punto los estilos de vida se presentaban desiguales en un espacio compartido por "los de aquí" y "los de allá". Se sorprendieron al observar que los extranjeros anglosajones solían cenar a las 18, y que para los locales todo quedaba lejos, aun a pesar de habitar en una isla que se puede cruzar en una hora.

"`Bajar´ o `subir´ a Palma (la capital) son términos que se utilizan para descifrar en qué sentido te mueves por la isla; si vas o si vienes a la ciudad", agrega Juan, "El mallorquín, por otro lado, es algo que también nos maravilló. Es un dialecto derivado del catalán, y es tan encantador como incomprensible, aunque su dificultad varía según el pueblo de la isla".

Pero a pesar de estar rodeados por aquel entorno heterogéneo, la costumbre que más los afectó desde el primer día fue la gran cantidad de tiempo que se suelen tomar todos los residentes para encarar cualquier tipo de actividad. "Luego nos acostumbramos", aseguran, "Estamos en medio de una isla en el Mediterráneo y eso se nota. Todo es lento, pero de calidad, como dicen aquí".

Santanyí.
Santanyí. Crédito: @vulcano

Los vínculos, el trabajo y el buen vivir

Lento y de calidad, al igual que el desarrollo de las relaciones humanas. Formar nuevos vínculos se presentó como un desafío que debieron encarar sin prisa, ni ansiedades. "Los locales suelen ser muy cerrados al principio, cuesta mucho entrar en la escena mallorquina. Generar amistades es duro pero, una vez logrado, el lazo es fuerte y sincero. Te tratan como familia y eres uno más, `mallorquín no es quien nace, sino quien se hace´, eso nos lo han dicho varias veces y es así, es una especie de sentimiento".

En relación a lo laboral, aquellos primeros miedos que habían experimentado al inicio de la travesía se disiparon completamente cuando la pareja tomó coraje y decidió proyectar su propio estudio de diseño de mobiliario e iluminación. Su negocio resultó ser una de las mejores apuestas posibles a desarrollar en una pequeña ciudad, donde personas de diversas partes del mundo desean tener sus casas o barcos en perfecta armonía para disfrutar de la belleza en todos los sentidos posibles.

"Los que vienen de vacaciones decoran sus hogares aquí", comenta Juan, "Así mismo, grandes grupos hoteleros como Melia, Iberostar, Barcelo, RIU han nacido en estas tierras, son familias mallorquinas que han creado estos imperios hoteleros. Las sedes centrales están acá y los diseños de los hoteles salen de la isla, por lo que tener un estudio de iluminación y mobiliario en Palma es un acierto".

Mauricio, Juan y la iluminación.
Mauricio, Juan y la iluminación.

Como resultado de un esfuerzo incansable y luego de tres años de convivencia isleña, los jóvenes diseñadores supieron conquistar una excelente calidad de vida. Lograron el sueño de desplegar sus alas en un trabajo productivo que dibuja sonrisas en los rostros de locales y extranjeros en un rincón del planeta donde prácticamente cada día brilla el sol.

"La vida acá no puede ser mejor. 320 días de sol promedio, casi ocho meses de mar, la comida mediterránea es excelente, es una ciudad pueblo, pero muy global, y la isla tiene desde playas, hasta sierras, planicie y campos. Para nosotros es un paraíso y la gente está de muy buen humor. Es que claro: o están de vacaciones o están atendiendo al turista, lo que genera que se respire un buen estado de ánimo casi continuo", asegura Juan con una amplia sonrisa.

Valldemossa.
Valldemossa. Crédito: @veronika-galkina

Regresos y aprendizajes

En los últimos años, solo Mauricio ha regresado a su tierra natal. "Y vuelve un poco agobiado", reflexiona Juan, "Si bien esto no es Suiza, es bastante ordenado y organizado. Cuando viaja a Buenos Aires, Mauricio nota mucho la diferencia. Mis padres vienen para acá, así como los amigos. ¡Tenemos visitas todos los meses y eso ayuda mucho! Personalmente, prefiero que vengan, creo que los disfruto mucho más en este entorno".

Juan siente que este tiempo extraordinario de su vida le ha permitido comprender hasta qué punto es importante animarse a cumplir los sueños mientras haya vida, aun a pesar de las dificultades que inevitablemente surgen en el camino. "Cuando te vas en pareja no es sencillo crear amigos y entornos por separado, como los teníamos en Buenos Aires", asegura pensativo, "Al principio, todo lo hicimos juntos, luego creamos nuestra empresa, Contain, y fue difícil que cada uno encontrara su propio espacio, su gente, su lugar, algo que consideramos importante y sano, más allá de lo que se comparte en pareja. Pero aprendimos a ser más pacientes en este aspecto y en todos. Con el tiempo te acostumbrás y se agradece. Nuestro sueño era este: crear un proyecto en conjunto en un entorno natural y no teníamos ni idea de qué nos esperaba. Con mucho energía, esfuerzo y ganas, las cosas se fueron acomodando solas".

Vivir en Mallorca: "Acá todo es lento, pero de calidad"
Vivir en Mallorca: "Acá todo es lento, pero de calidad"

Hoy, desde una isla del Mediterráneo, en un rincón del planeta tan ajeno a la provincia de Buenos Aires que los vio crecer, Juan recuerda las tres preguntas de su hermana y sonríe desde el alma: él está con quien quiere estar, vive donde quiere hacerlo, y trabaja de lo que le apasiona.

"Y creo que de eso se trata", manifiesta con calma, "Son tres pilares que, si más o menos los encaminás, te llevan a cumplir tus sueños. Nuestro aprendizaje es que hay que animarse por completo a dejar lo conocido, lo fácil y lo cómodo. Es un cliché, pero es mejor arrepentirse de haberlo intentado a quedarse con la duda", concluye.

*

Destinos inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com.

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