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Destinos inesperados

Vivir en Neuchâtel: "Al suizo, la forma argentina lo inspira a abrir su corazón"

Carina Durn
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15 de julio de 2020  • 00:00

Neuchâtel amanece radiante. Desde su adorado balcón, Micaela observa la postal que la rodea y sonríe, agradecida. A pesar del tiempo que lleva viviendo en aquel rincón del mundo, no deja de sorprenderle la drástica transformación que experimenta su comunidad en verano: la ciudad cobra vida incluso en el marco surrealista de la pandemia, y esto, la colma de una exquisita sensación de bienestar.

En el pasado, en aquellos días argentinos en los cuales fantaseaba un sinfín de viajes y aventuras por el viejo continente, Suiza nunca aparecía como aquel país que adoptaría como su nuevo hogar. Hoy, sin embargo, cuando le preguntan si extraña su tierra de origen, la seguridad en su respuesta la asombra: "Por supuesto, siempre y, aun así, este lugar en el mundo logró atravesar todas mis fibras y acariciar mi corazón; es mi casa, forma parte de mi ser, de mi identidad".

Vista desde el balcón de Micaela.
Vista desde el balcón de Micaela.

Hacia un nuevo hogar

A Suiza llegó inesperadamente, cuando decidió inscribirse en un curso de francés en la universidad de una ciudad de la que apenas había escuchado hablar. La oportunidad surgió formidable: tres meses de estudio y Europa al alcance de su mano, un sueño que la había acompañado desde la infancia. Con el apoyo pleno de su familia, en Ezeiza la despedida fue alegre y emotiva ante la perspectiva de salir al mundo para conocer otras culturas y vivir realidades alejadas a su universo conocido. En aquel instante, Micaela López Nesci abrazó a su familia con la seguridad de un regreso cercano.

Pero el destino quiso más para una joven dispuesta a tomar riesgos: "Cuando estaba por terminar el curso me ofrecieron un trabajo fijo en una agencia de viajes", rememora Mica, quien cuenta con una licenciatura en turismo. "Volví a la Argentina para irme, con la noticia de que había aceptado la oferta. Se lo tomaron muy bien. Sabían que, entre mis deseos, estaba incluido vivir en Europa algún día, pero jamás hubiese imaginado que mi sueño se daría en Suiza".

Paisajes soñados.
Paisajes soñados.

El lado "b", sin embargo, no se hizo esperar. A los cuatro meses del arribo de Micaela en Neuchâtel, su madre sufrió un cuadro complejo y delicado de salud: la impotencia cobró protagonismo. La argentina, que había partido tras la búsqueda de nuevas experiencias que la enriquecieran, comprendió de inmediato el alto costo de vivir lejos: "En los momentos lindos y en los momentos complicados la lejanía se siente fuerte y se extraña muchísimo. Pero, aun así, nunca me arrepentí ni dejé de estar contenta con el camino que había tomado; lo había elegido yo".

Otros hábitos, nuevas costumbres

Desde el comienzo, Neuchâtel, capital del cantón y del distrito homónimo, emergió bella ante la mirada de una joven poco acostumbrada a vivir rodeada por la naturaleza. Situada a orillas del lago Neuchâtel y sobre el flanco sur del macizo del Jura, en su población halló seres amables, educados en extremo, muy serviciales, aunque cerrados. Esta última impresión, sin embargo, cobraría otros matices con el correr del tiempo.

Deseosa por visitar las comunidades vecinas y cercanas, Mica pronto descubrió que le bastaban recorrer pocos kilómetros para encontrarse en otro cantón, y para su sorpresa, con otro idioma y otras costumbres:

"En Suiza se hablan cuatro lenguas - alemán, francés, italiano y romanche - y al comienzo me chocaban esos cambios, tan bruscos, estando todos tan cerca y en un mismo país. Fue un desafío. En el caso de Neuchâtel, se trata de una de las ciudades más grandes de la parte francesa, aunque su casco histórico es pequeño. Acá se disfruta al máximo en verano, gracias a su hermosísimo lago", cuenta la argentina de 25 años. "En los primeros meses, como les sucede a muchos en otros destinos del mundo, me descolocaron los horarios. ¡Pero me adapté rápido! Llego de trabajar y a las 18:30 ceno. No todos los argentinos se acomodan a esta costumbre, pero en mi caso no me trajo inconvenientes. Asimismo, el hábito de dejar el calzado de calle en la puerta antes de entrar también me resultó llamativo, todos andan descalzos o con algún tipo de pantuflas dentro del hogar. A esta rutina también me acostumbré, tiene sentido no querer esparcir la suciedad de la calle en la casa, de esta manera se mantiene mejor la limpieza", continúa.

Paseo por Berna.
Paseo por Berna.

Para Mica, una de las preocupaciones iniciales tuvo que ver con la alimentación. Al comer sin gluten, temía no contar con opciones y verse limitada. Nunca olvidará su primera visita al supermercado, quedó impactada, en las góndolas halló una abundancia insospechada capaz de satisfacer todas las necesidades y estilos de vida; ante su mirada fascinada desfilaron productos orgánicos, veganos, vegetarianos, sin lactosa y, por supuesto, sin gluten.

"La diferencia de precio no es tanta", agrega sonriente. "Eso sí, los restaurantes acá no están tan desarrollados en ese sentido como los de Argentina. Pero, a pesar de todo, me adapté muy bien, me hice fanática del queso y la fondue. ¡La variedad de quesos es tanta que al principio me sentí abrumada! Después mis amigos me explicaron las diferencias y comencé a experimentar los diversos sabores".

Casco histórico.
Casco histórico.

Instalada de forma definitiva y adaptada a su rutina laboral, otros aspectos de la sociedad que había elegido sobresalieron; hábitos un tanto extraños para una joven familiarizada con otras formas alejadas de aquella realidad, que por momentos parecían provenir de épocas que creía pasadas: "Acá, por ejemplo, es considerado muy importante que todo llegue por carta. Cuando vi que siguen yendo al correo y que utilizan sobres clásicos con estampillas que había visto alguna vez de pequeña, no lo podía creer. En mi trabajo tengo que enviar todo por correo ¡Realmente pensaba que era algo que había dejado de usarse en los noventa!", ríe. "Con el tiempo también me di cuenta de la cantidad de reglas que hay en esta sociedad. El simple hecho de pensar en romperlas ya es una mala idea, acá nadie se las cuestiona, se siguen y punto".

Calidad de vida, calidad humana

Con la llegada del primer invierno un nuevo impacto alteró las emociones de la joven. Una metamorfosis inevitable arrebató el espíritu veraniego de una ciudad que, de pronto, pareció quedar dormida. El verano, saturado de eventos culturales, festivales coloridos, y sonrisas plenas junto al lago, alejó la diversión de un día para el otro dándole la bienvenida al silencio, al trabajo duro, el estudio y la introspección.

Lago Neuchâtel.
Lago Neuchâtel.

Por fortuna, y gracias a su curso previo de francés, Micaela había estrechado lazos de confianza con su jefa y varias de sus compañeras de trabajo en aquellos días previos a su mudanza definitiva. En un comienzo vivió en la casa de una de ellas, antes de conseguir su lugar propio: "Me ayudaron a tramitar la residencia, la obra social y otros papeles, por lo que me sentí muy bienvenida. A pesar de que en verano la gente se vuelve más sociable y se la ve feliz, de a poco descubrí que los suizos pueden ser más abiertos de lo que parecen en todo momento", asegura la argentina.

"Es cierto que no hay espontaneidad, pero por mi parte me hice muchos amigos suizos y por ello me comencé a sentir como en casa", continúa. "Sucede que las personas acá son también cerradas entre sí, no es que no quieran abrirse, simplemente no están acostumbrados en su entorno. Pueden pasar años hasta que te cuenten algo que les está pasando a nivel personal, pero una vez que lo logran son muy fieles y van a estar para vos para lo que sea. Mis compañeras, que se transformaron en grandes amigas, me dicen: nosotros nos abrimos con vos, porque vos te abriste con nosotras. Me aseguran que es muy común que entre ellos no se cuenten intimidades y pormenores de su vida privada, pero que buscan a un sudamericano para hacerlo. Es nuestra forma argentina lo que los inspira a abrir su corazón".

"Es cierto que no hay espontaneidad, pero por mi parte me hice muchos amigos suizos y por ello me comencé a sentir como en casa"

Una postal suiza.
Una postal suiza.

En el trabajo, Micaela también tuvo que acomodarse a otras formas. Rápidamente se encontró inmersa en una comunidad con un nivel de exigencia superlativo. Descubrió que el suizo prefiere ir más despacio, lejos de las ansiedades, para evitar los errores, casi prohibidos. A pesar del impacto que le supuso desempeñarse siempre aspirando a la perfección, pronto comprendió hasta qué punto se estaba enriqueciendo y las consecuencias evidentes de semejante exigencia en el sistema social:

"Está todo tan bien armado, que el suizo puede sostener una calidad de vida muy alta. Claro que es un país caro, pero lo es ante todo para el turista. Internamente, con cualquier trabajo los residentes pueden vivir bien, ahorrar y salir de vacaciones", afirma. "La tranquilidad también te hace cambiar la calidad de vida, hay mucho verde, el entorno te incita a hacer cosas distintas. En mi ciudad siempre se ve mucha gente haciendo algún deporte en la naturaleza. Por otro lado, la seguridad es increíble: perder el hábito de mirar hacia atrás cuando uno vuelve a la una de la mañana es una sensación única y supone un salto en la calidad de vida de otro nivel".

De pandemia, regresos y aprendizajes

Para Micaela, su tan preciado balcón se transformó en uno de sus lugares predilectos en estos tiempos de pandemia. Allí lleva su computadora, el mate, respira profundo y contempla en paz el gran lago hasta colmarse el alma. Piensa en sus seres queridos, lejos, y le pide al cielo por la salud y bienestar de su país amado. Se percibe afortunada. Luego de atravesar las semanas más estresantes de su vida laboral, hoy puede trabajar relajada e invertir el tiempo restante en actividades antes delegadas.

Un rincón mágico.
Un rincón mágico.

"Mi agencia se dedica a vender cruceros o paquetes que incluyen cruceros y, sinceramente, el comienzo de la pandemia fue un caos. Pocas veces viví tanto estrés. Llamados y más llamados, cancelaciones y ninguna respuesta", revela pensativa. "Nos pusieron a trabajar medio tiempo desde casa, algo que resultó complejo al comienzo, porque en Suiza no hay tanta digitalización, todo se organiza todavía en carpetas, en papel. Pero ya estamos acomodados y por suerte acá nunca hubo confinamiento obligatorio. Aun así, la gente se quedó en sus casas y todo permaneció cerrado, pero desde el principio pudimos salir, caminar, hacer deporte y juntarnos hasta cinco amigos, algo que ayudó a la salud mental. Ahora, en nuestro cantón, las cosas se han normalizado bastante, es obligatorio el uso de tapaboca en los transportes públicos, únicamente. Algunos rebrotes son esperados".

"En estas situaciones uno piensa más que nunca en su país de origen y en cuándo nos volveremos a ver", se conmueve Micaela. "Los reencuentros con mi familia son muy emocionales. Cuando vuelvo de visita me doy cuenta de todo lo que los extraño. Soy una persona muy familiera y tengo muchos amigos en Argentina, que son una parte muy importante de mi vida. La frase `cómo me gustaría estar o que estén para tal o cual momento´ se repite seguido. Uno anhela compartir y me hacen falta, pero lo que vivo hoy es una elección de vida. Cuando uno elige un determinado camino, hay renuncia; siempre hay un lado `b´".

Micaela.
Micaela.

"Acá aprendí sobre aceptación. La manera de ser y trabajar de un suizo es muy distinta a la nuestra. En esta parte del mundo son muy exigentes consigo mismos porque están acostumbrados a que todo funcione y creo que eso, a veces, los limita un poco. Un argentino, con los pocos problemas que hay acá, puede ser muy feliz y disfrutar de una buena calidad de vida en estas tierras. Pero conozco mucha gente que no lo soportó, justamente porque en esta región no son tan permeables y hay que poner mucho de uno para encontrar amistades locales. Suiza no te deja las cosas servidas, uno tiene que salir, tiene que arriesgarse, tiene que pasar por las barreras inevitables de la incomodidad, y aceptar que viven de otra manera. Depende de la personalidad de cada uno, de las ganas de adaptarse y de las circunstancias en las que uno llega. En mi caso, el lugar me permite disfrutar mucho. Cada día me siento más feliz, más inserta en la sociedad. Ya siento que este también es mi país, mi nueva cultura, mi nueva casa. Estoy aceptando que forma parte de mi identidad".

*

Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

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