Vuelo sin retorno

La vida y los recuerdos de Roberto Schamun, ex comisario de a bordo, parte de una historia grande de Aerolíneas Argentinas. Vivió los mejores momentos y ahora también sufre los peores
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17 de junio de 2001  

Roberto Schamun, hoy de 76 años y con 24.000 horas de vuelo acumuladas, fue despachante de vuelo de Panagra y Pan American, comisario de a bordo de la Flota Aérea Mercante Argentina (FAMA), y hasta su jubilación, comisario de a bordo de Aerolíneas Argentinas. Su esposa, Kathleen Duane, fue auxiliar de Aerolíneas. Maureen Duana, hermana de Kathleen, fue auxiliar de a bordo y jefa de Panagra. Otro hermano de Kathleen, Oliver Duane, fue jefe de cabina de Aerolíneas. La esposa de Oliver Duane, Marta De Rosa, fue auxiliar de a bordo. Bernardo Duane, hijo de Marta y de Oliver, fue jefe de cabina de Aerolíneas. El suegro de Jorge, otro de los hijos de Roberto Schamun, fue jefe de instrucción de pilotos de Austral, y su hijo es piloto de la misma compañía. Alfredo Otamendi Duane, sobrino de Roberto, fue ingeniero de vuelo en Aerolíneas.

Don Roberto, iniciador de una dinastía de empleados de Aerolíneas Argentinas, y de empresas aéreas anteriores a la creación de nuestra línea de bandera, vivió en el aire y del aire durante casi medio siglo. Afianzó su noviazgo con Kathleen entre turbulencias y cielos limpios, recordando los tiempos en que el bueno de Oliver, un hermano de Kathleen que trabajaba en Panagra con Roberto, se la presentó. Transcurrió sus primeros cuatro años de casado más cerca de las nubes que del suelo; pudo consolidar su familia y su futuro entre escala y escala, y vio crecer a sus siete hijos desde unas alturas que no todos los padres alcanzan. En todos los sentidos.

Roberto Schamun empezó a volar cuatro años antes de que Aerolíneas Argentinas fuera justamente eso, una línea aérea nacional. Ingresó en la FAMA en 1946.

-En aquellos tiempos, mi esposa, que es de origen irlandés, y mis cuñados, trabajaban en Panagra, que fue una gran escuela para muchos pilotos de Aerolíneas. A Kathleen, que era enfermera del Hospital Británico, la conocí cuando empezó a trabajar en la FAMA; la conocí prácticamente arriba de un avión. Ahí empezó el romance. Y fue un noviazgo difícil porque, entre sus vuelos y los míos, nos veíamos cada muerte de obispo, como quien dice, ¿vio?

Cuando se le pregunta por los viejos tiempos vividos y por los tristes días de hoy, el hombre dice: -Aerolíneas y mi familia son los dos grandes amores de mi vida.

Testigo directo de la gloria y caída del cóndor, don Roberto dice: -Para mí, la creación de Aerolíneas fue un error garrafal de Perón. Se mezclaron intereses, se armó un batifondo bárbaro cuando se fusionaron las cuatro empresas mixtas para crear Aerolíneas; el periodismo de aquella época combatió mucho esa idea porque se decía que el país iba a perder mucha plata, que no tenía sentido, que los aviones se iban a caer... Pero, así y todo, con todas sus fallas, la compañía siguió y creció. Aerolíneas Argentinas hizo todo por el país, y no recibió nada a cambio. Ahora, cuando la gente ve que Aerolíneas está desapareciendo, aparece el reconocimiento popular. Aerolíneas estuvo entre las diez mejores empresas del mundo. Aerolíneas es todo. Por eso digo que un país sin línea de bandera es una república bananera. Salvo la ex Unión Soviética y China, a Roberto Schamun no le ha quedado lugar en el mundo sin conocer. Su primer vuelo internacional lo hizo a bordo de un hidroavión, con destino a Londres. Pero, claro, había que cruzar el Atlántico.

-Tardábamos once horas para hacer el cruce, y había un punto de no retorno en esa travesía: al alcanzar determinada posición en el Atlántico, ya no había vuelta atrás: o seguíamos o acuatizábamos en caso de emergencia. A mí nunca me ocurrió, pero a otros compañeros míos, sí. Eran viajes complicados porque se volaba con el combustible justo. Como decíamos antes: llegábamos a Londres con la nafta justa para recargar un encendedor. Y pensar que ahora un Jumbo cruza el Atlántico en tres horas y pico. Los hidroaviones salían de un planchón en el puerto, donde están las areneras.

-Muchos de esos hidro, cuando se dejaron de utilizar, se los vendieron a los gitanos, que aprovechaban las chapas de aluminio para hacer cacerolas. Me acuerdo que de Buenos Aires a Londres el viaje duraba once días, porque, claro, el hidro volaba solamente de día, nunca de noche, porque de noche no se ven las olas. Por eso, había que hacer un montón de escalas y pernoctar en todos lados.

Roberto Schamun voló todo lo que podía mantenerse en el aire: hidroavión, aviones de hélice y jets. Se quedó con las ganas del 747 Jumbo. Hoy, en la tranquilidad de su casa, sobre una calle sombreada de San Antonio de Padua, ofrece café mientras recuerda su vida, que es parte de la historia de Aerolíneas Argentinas. A veces se emociona, a veces sonríe, a veces se lamenta. Y, también, alguna vez escribió: "Imagino un viaje monótono, sobre un mar helado, la inmensidad sin fin, otra existencia llena de seres que vivieron y ambulaban por esos cielos sin ruidos, lejos de toda vida, de la amada tierra latente. En las alturas me sentiré parte del espacio y en los escalones de los espíritus lograré, en el último vuelo, lo inalcanzable para el ser humano: los horizontes perdidos."

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