
Vuelven los chinos finoli
Eran sitios medio penumbrosos sin llegar a oscuros, que fueron desapareciendo. En Puerto Madero, abrió un high class fascinante
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Cada tanto tengo un sueño borgiano que involucra a restaurantes. Sueño ser un restaurante chino e ignoro al despertar -como Li Tai Po- si he soñado ser un restaurante chino o soy un restaurante chino que está soñando ser Brascó.
Pero en uno y otro sueño, el restaurante tiene ese aire high class finoli de los orientales de antes, típico encanto kitsch dorado -¿recordáis?- con dragones de ojos de fuego, faroles de papel de seda, música minimalista de xilofones aleatorios y peceras opalescentes con pescaditos que te miraban fijo. Eran sitios medio penumbrosos sin llegar a oscuros, con unas camareras delgadas sin llegar a flacas, todas elusivas sin llegar a escurridizas.
¿Qué fue de estos chinos finoli? Con escasas excepciones -como el Hsiang Ting Tang, de la calle Arribeños, en el barrio de Belgrano- fueron todos desapareciendo. Los dragones se deshilacharon, la penumbra de los farolitos mutó a luz blanca fluorescente, no hubo más pulcros ideogramas mandarines; tampoco viejitos jugando mahjong por la noche en las mesas del fondo. Ya no más más. Los restaurantes chinos de luxe fueron mutando gradualmente a taiwaneses maso y luego a tenedores libres, oprobioso delivery de falsos sushis o expendedores de chop suey, plato chino inventado por los USA en los dinneretes de Nueva York o San Francisco,
Ahora me enteré por Alicia Delgado de que alguna potencia celestial con jurisdicción todavía en Buenos Aires (van quedando pocas) al parecer le bajó línea a un señor Lixin Cai para que, en Puerto Madero, invirtiese un millón verde (se comenta) en la construcción, decoración, amoblamiento y puesta en marcha de Royal China, un high class chino como nunca hubo antes en Buenos Aires. Fui a explorar (Alicia Moreau de Justo 1808, Dique 1) y quedé fascinado.
Su atmósfera general recuerda (y eventualmente supera) a Casacruz de Palermo, con alfombras suaves por doquier, mármoles y cristales impecables; los dragones de papel fueron reemplazados por vigorosos samuráis de hierro. Y la fashion ruido (creciente azote local), aminorada por una acústica de tonos graves que favorece al ritmo amable de las conversaciones. Comodidad y bon goût son los príncipes admirables de este reducto. En el salón principal, y más aún en los glamorosos privés, una y otro coadyuvan a esa recíproca condescendencia que inspira after dinners memorables prolongados.
La cocina cantonesa de perfiles Hong Kong se expresa en ingredientes bien genuinos y en sazones calificables de ortodoxas. Como la famosamente afrodisíaca sopa de nido de golondrinas ($ 100).
La probé y encontré muy austera de cloruros con sus sodios, de una apenas gelatina en la textura, más bien calma de sabor, poco impactante. Yo, atento más que nada, tirando a alerta, sobre los efectos golondrinos que, en general, convocan la mayor expectativa de los comensales. A los ocho minutos no había percibido nada. ¿Diez minutos? Negativo. Epa.
Al día siguiente consulté a mi médico escocés, Dr. Mackintosh, quien se mantuvo tan parejamente inexcrutable como la Que Rou Yan Wo Geng misma.
Fin de la consulta y, no habiendo para más, me acompañó hasta la puerta de su consultorio. "Todo bien", me dijo despidiéndome, con palmadita en ambos hombros. "Para el tema acerca del cual me formuló su consulta, lo peor que alguien puede hacer es fantasear impaciente con las expectativas."
1. Carta de vinos
Inteligente, muy equilibrada. Selección del sommelier Aldo Graziani, con algunas sugerencias impactantes, como un 2004 Château Petrus de Pomerol y un 2004 Château Cheval Blanc (a $ 15.650 y 6533, respectivamente, la botella). Acompañamiento más versátil: champagne Chandon Extra Brut ($ 130) o Luigi Bosca Brut Nature ($ 170).
2. Delikatessen exótica
El Hao Huang Yuan Zhi Bao Yu, en español, abulón u oreja de mar; en inglés, abalone. Es un molusco muy apreciado en China, Japón, Taiwán, y también en Chile, donde se llama loco. Se lo come crudo, hervido, salteado, grillado o en milanesa. Las opciones Royal China ($ 300) alcanzan para tres comensales. Acompañar con copa Gran Lurton Corte Friulano ($ 22).
3. Para paladares jóvenes
El Hu Po Niu Ro, carne salteada agridulce con peras y nueces. Acompañar con copa Reserva Pinot Noir de Bodega Fin del Mundo. Los camareros describen cada plato de manera pedagógica, muy clarito. Pero no pueden, obviamente, explicar la Teoría de la Relatividad completa en cuatro minutos.
Entre copas
Cocina y teatro Del amor o el banquete se titula la propuesta teatral que transcurre 2400 años atrás, cuando Sócrates es sentenciado. Este debe recordar los pormenores de su último banquete. La obra puede verse los domingos, a las 20, en Trastevere, Costa Rica y Fitz Roy. Entrada: $ 60 (incluye bebida y comida). Reservas: 4770-9452.






