El ensayista participó del nuevo programa de entrevistas de LN+, conducido por Luis Novaresio, en donde hizo un profundo análisis del gobierno de Alberto Fernández y de la figura de la vicepresidenta
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El filósofo y ensayista Santiago Kovadloff participó de +Entrevistas, el flamante programa de LN+ que cada medianoche conduce Luis Novaresio, y analizó la coyuntura política y social en medio de la crisis del oficialismo.
“Estamos desorientados y temerosos. Nuestra identidad ciudadana se desdibuja desde el Gobierno como un derecho, desde la oposición como un reclamo justo, indispensable. Es una encrucijada patológica, desde el punto de vista político. Sí es cierto que tengamos una oposición, pero no así un oficialismo, que está desdibujado”, comenzó el pensador.

Según planteó Kovadloff hay una ausencia de un horizonte razonable de futuro. “No lo hay porque ninguno de nosotros puede asegurar que aún cuando el desarrollo de lo que le resta a este Gobierno de gestión se cumpla como deseamos, no sabemos a dónde vamos. En consecuencia, el Presidente es puro instante. Es extenuante no ser”, planteó.
Tal como argumentó, el argentino no se encuentra bien cívicamente. Y explicó: “Cívicamente hablando no estoy bien. Hasta donde y hasta cuando se puede seguir disociando la identidad entendida como un atributo personal de la identidad cívica”.
En este sentido, opinó que “Alberto ya está destituido” y que solo corresponde que formalmente finalice su mandato. “Hace mucho que sustancialmente terminó su gobierno. Porque el no lo ha ejercido, el asume con un discurso que lo proyecta con un perfil bastante definido y, poco a poco, esa primera persona se fue apagando para convertirse en un eco errático, de contradicciones personales y de sumisión indiscutible a la vicepresidenta”.

También, sostuvo que el Presidente tiene una “imposibilidad de tener palabra”, y describió: “Hoy es él el que está abrumado por su inconsistencia. Él ha sido destituido por el concepto de su palabra, por no tenerla. Una conducta que creyó que no iba a afectarlo en su identidad psíquica, y está afectado psíquicamente, se lo ve. Es el desenlace lógico de una tragedia”.
En cuanto a la vicepresidenta Cristina Kirchner, el filósofo la definió como “una déspota”. “La autocracia, la referencia incesante a que su poder debe ser obedecido o en todo caso deben ser fulminados los que no coincidan con él. Este rol absolutamente autocrático que ella tiene la sitúa en un contexto político muy anterior al afianzamiento de las democracias institucionales. Es una mujer anacrónica, eso no significa que no tenga poder, significa que para ella el país debe volver al pasado”, dijo.
Y continuó: “Creo que lo que ella entraña de riesgoso proviene del echo de que cree en lo que dice. Creo que no concibe sus desmesuras ni sus mentiras ni sus exageraciones como expresión de una conducta demagógica intencional. Ella está tomada por la significación que se atribuye, se considera un ser dotado de discernimiento superior sobre la realidad y el modelo de país que propone es la expresión de su temperamento. No existe la segunda persona del singular ni la primera del plural. No existe el ‘tú’ ni existe el ‘nosotros’. Solo existe el ‘yo’, que para ella quiere decirlo ‘todo’”.
El ensayista entonces sostuvo que la vicepresidenta no tiene autocrítica y la comparó con el expresidente Mauricio Macri, de quién sí reconoció una verdadera reflexión sobre sus errores de gestión.
“Tenemos problemas viejos”, dijo en otro momento, ante la mirada atenta de Novaresio. Y reflexionó: “Una nación evoluciona cuando la calidad de sus problemas se modifican. Nosotros tenemos problemas reiterados porque estamos empantanados en un tiempo sin futuro”.
Y manifestó: “Necesitamos un buen diagnóstico del presente para saber a qué distancia está el futuro. Yo he vivido sumergido en la incertidumbre. Hoy no tengo la seguridad de saber si tengo derecho a ir a visitar a mi familia al exterior o si soy un delincuente”.
Sobre el discurso de Juan Grabois
En otro momento, fue consultado sobre el discurso del dirigente social Juan Grabois, luego de las duras advertencias del dirigente social hacia el Presidente en donde exigió un salario universal y alertó que podría correr “sangre en la calle”. “No entendí todo lo que dijo, por su exaltación. Por otro lado, me parece que es otra expresión de la vejez y de la senilidad discursiva en la que está atrapado el oficialismo”, opinó Kovadloff.
Y continuó: “Este muchacho está también encontrando caminos resolutivos para el país por lo que ya pasamos, ya conocemos la receta de la violencia, de la grieta profundizada en la presunta división de clases. Ya vivimos todo eso y vimos que es estéril. Creo yo que una Nación madura cuando aprende de sus fracasos”.
“Esta gente tiene un proyecto que es maniqueo, parte de la idea de la santidad y legitimidad de los ideales propios sin ver que el concepto que tienen de la pobreza no ha hecho otra cos que profundizarla. No pueden aprender a reconocer responsabilidad propia en la generación del fracaso de la gente que dicen defender. No admiten responsabilidad, culpable es el otro. Es imprescindible demonizar al otro, porque esto permite que la redención esté del lado de la santidad propia, de la justicia propia, del monólogo”, concluyó el pensador.




