En LN+, el periodista repasó las declaraciones que hizo la vicepresidenta tras el ataque que sufrió en Recoleta
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Ya lo había dicho Adrián Suar, en el pico de su carrera como productor, en noviembre de 2011, en una entrevista que le hicieron para TN, en el programa Palabras más, palabras menos: “Cristina sería una gran actriz de telenovela”.
El Chueco usó buenos argumentos.
Dijo:
· Es muy bonita, muy histriónica y sabe como llegar a la gente.
· Sabe manejar los tiempos televisivos, tiene una fibra dramática muy fuerte.
Ahora, después del atentado fallido, la vice se activó en Modo “Santa Cristina”. Y a sus cualidades histriónicas le agregó el toque místico. Ese touch milagrero y sobrenatural que tanto seduce a los peronistas que consumen circo a falta de pan.
Oportunista y utilitaria, en un escenario cuidado, vestida de blanco, el color de la pureza, Cristina fue un poco más allá y usó la figura del Santo Padre en dos oportunidades. Una para decir, que Francisco la llamó. Y la otra, para tomar una frase que siempre el Papa repite: “Recen por mi”.
Ya había utilizado antes el blanco y el tono de la víctima cuando reapareció, después de 12 días de silencio, luego del atentado contra el fiscal Alberto Nisman.
Fue exactamente el 27 de enero de 2015.
La escenografía fue tan cuidada como la de ayer.
Más todavía: Se mostró en silla de ruedas, con una bota en la pierna izquierda. A su derecha se podía ver un retrato junto a Néstor Kirchner. Ese día, reivindicó el memorándum de entendimiento con Irán. También aprovechó para cambiarle el nombre a la SIDE. Su discurso fue por cadena y duró más de una hora. Vale la pena compartir unos segundos. En especial en el momento en que deja de leer, y responsabiliza a Diego Lagomarsino de lo que entonces entendió como un asesinato. Y lo más grave es que menciona, como parte del complot, a un hermano de Lagomarsino, al que le endilga haber sido jefe de informática de un estudio jurídico vinculado al Grupo Clarín.
Hay que reconocerle que, cuando se trata de una escena dramática, ella no deja nada librado al azar.
Hay que admitir que entiende, como nadie, el valor que sus votantes le adjudican a la necrofilia: no por nada se montó un super espectáculo alrededor de los funerales de Néstor Kirchner.

No por nada se acercó al cajón de Diego Armando Maradona para dejarle una cruz, y un rosario que hacía tiempo le tenían preparado.
¿Pero se pueden tomar en serio las lágrimas que derramó ayer Santa Cristina?
¿Se puede decir que no es puro cálculo electoral, como cuando, después de la muerte de su esposo, dejó de llamarlo por su nombre para nombrarlo “El”?
Para nosotros, la verdadera Cristina es la que ella no quiere mostrar.
La de las escuchas legales.
La que insulta, sin guardarse ninguna mala palabra, a Macri, a Massa, a Margarita Stolbizer. O a cualquiera que no piense como ella y anda por ahí.
La que manda a apretar jueces.
La que ataca a la justicia con una agresividad intolerable y bajo la convicción de que ella está por encima de todo.
Para nosotros, la verdadera Cristina, que ahora llama al diálogo, es la misma que desconoció que se negó a entregarle los atributos de mando a Macri.
La que alentó la consigna Macri/ basura/ vos sos la dictadura.
La que le dijo borracha a Patricia Bullrich hace cinco minutos.
La que explicó, en la presentación de su libro, en La Habana, porqué puso cara de tujes, al tener que estrechar la mano de Macri, el día de la asunción, en el Congreso de la Nación.
El problema es que el truco que le venía funcionando hasta ahora, parece no resultarle más.
Ya se avivó todo el mundo.
Se puede ver su mano de uñas largas, manipulando el hilo de las marionetas.
Y la realidad no la acompaña.
Y la radiografía de la banda de los copitos tampoco.
Porque son tan lúmpenes que dan miedo.
No dan para una conspiración interplanetaria.
No les sirve para ocultar que ella, junto a Alberto Fernández y Sergio Massa, son los grandes responsables del peor gobierno de la historia reciente.
No sirve para dar vuelta la posición tomada de la mayoría de los argentinos, quienes la consideran culpable de los delitos de corrupción.
Presta atención a esta serie de respuestas sobre el atentado, de la consultora Giacobbe y Asociados,
· El 65.1 cree que fue un montaje del kirchnerismo para victimizarse.
· El 17.5 por ciento que fue organizado por la oposición.
· Y el 15.9 que es obra de un loco suelto.
En contraposición, la imagen de Diego Luciani, el fiscal que la acusó, tiene una altísima credibilidad.
· Con 61.1 de imagen positiva.
· Y solo 19.1 por ciento, la negativa.
Es más: cuando Giaccobe pide que definan en un solo término al fiscal Luciani, en la nube de palabras, las más mencionadas son tres:
Valiente, honesto y héroe
Y cuando pregunta por el juicio de Vialidad, obtiene las siguientes respuestas:
· El 70.3 por ciento considera a la vice culpable
· Y solo el 19.7 por ciento la presume inocente.
Pero el otro dato esencial es el de su pésima imagen, y las respuestas cualitativas de por qué la rechazan.
Segú Giacobbe, la imagen negativa de Cristina trepa al 72.4 por ciento y la positiva apenas supera al 20 por ciento.
Solo superada, para mal, por la negativa del presidente, que alcanza el 74.5 por ciento, con apenas un 15 por ciento de positiva.
Si estos guarismos son ciertos, no debería sorprendernos el resultado de la nube de palabras para definir a Cristina.
Porque aparecen, muy, pero muy grandes, dos términos muy definidos.
Pero además de chorra y de corrupta, la consideran una megalómana.
Alguien que no apareció, cuando las papas quemaban de verdad, en el medio de la pandemia y el COVID.
Corresponsable de haber generado la inflación acumulada más alta después de la hiper, con el 221 por ciento, desde diciembre de 2019 hasta ahora mismo.
Una persona prepotente, caprichosa y además ineficiente.
Que no deja, por ejemplo, a su custodia, cuidarla como corresponde, y toma riesgos innecesarios, de pura omnipotente que es.
La gran representante de la casta, que cobra dos jubilaciones de privilegio millonarias, de mas de 4 millones de pesos, mientras se opone a bajar los gastos del Estado, bajar los impuestos y desacalerar la inflación.
La que no deja de pensar y hablar todo el tiempo de ella misma y de sus problemas judiciales, como si los 47 millones de argentinos que vivimos aquí no existiéramos. Por eso, la mayoría no le cree, ni cuando dice buen día. Ni cuando cuenta que habló con el Papa. Parece que se dio cuenta recién ayer que la inflación anual está volando al 100 por ciento. Quizá por eso sus asesores le habrán pedido que usara sus dotes de actriz, para que no aparecer tan lejana. Tan divorciada de lo que pasa de veras.







