Almudena Grandes. Nuevos episodios de un conflicto interminable

Ilustración: Sebastián Dufour
Ilustración: Sebastián Dufour
Las heridas de la Guerra Civil, marca de la literatura española, siguen siendo exploradas, entre otros escritores, por la autora de Las edades de Lulú, que acaba de dar a conocer la quinta entrega de una imperdible serie histórica
José María Brindisi
(0)
21 de marzo de 2020  

No cabe duda de que la Guerra Civil Española es el episodio neurálgico no solo de la vida social y política de España desde hace más de ocho décadas sino también, con toda lógica, de su literatura. Desde luego, esa omnipresencia hace pie en un contexto muchísimo más extenso que el que abarcó la contienda: los treinta y seis años de franquismo posteriores, que pretendieron uniformar conciencias y construir brutalmente una nueva y guionada realidad ultranacionalista y ultracatólica, conservadora a ultranza.

De entre los escritores que decidieron enfocarse en el conflicto, que en términos estrictos abarcó casi tres años -desde julio de 1936 hasta abril de 1939-, uno de los casos más interesantes es el de Max Aub (1903-1972), que ya en 1961 eligió, con La calle de Valverde , una perspectiva singular y se sitúa en los años previos a la guerra, o más precisamente en las postrimerías de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, cuando nadie imaginaba lo que vendría y se engendraba calladamente el huevo de la serpiente.

La catalana Ana María Matute (1925-2014), por su parte, dedicó la mayoría de sus obras a contar la guerra y la posguerra, marcada a fuego por las vivencias de su niñez y juventud.

Similar es el caso del Premio Nobel de 1989, Camilo José Cela (1916-2002), que en particular concentró su mirada -como en su novela más célebre, La colmena - en los años 40, la década del miedo generalizado y, por tanto, de la sumisión, de la mezquindad y de la traición.

Otros autores, como Juan Marsé en Si te dicen que caí o Luis Martín Santos en la mítica y extraordinaria Tiempo de silencio , eligieron en su momento desplazarse en apariencia del tema para narrarlo, sin embargo, desde sus infinitas y devastadoras resonancias.

En rigor, la literatura española de las décadas posteriores a la Guerra Civil no hace otra cosa -teniéndoselas que ingeniar siempre para evadir la censura franquista- que demostrar la presencia inextinguible del enfrentamiento, las dolorosas huellas de la lucha entre hermanos. ¿Cómo podría ser de otro modo? ¿Cómo es posible pensar, por ejemplo, cualquier historia de la literatura japonesa de posguerra, aun la más intimista, sin el murmullo exterminador de la bomba?

En el siglo XXI, Javier Cercas es quizás el escritor que más haya retornado una y otra vez a aquellos tiempos, no solo a la guerra sino a los episodios clave de dicha secuencia histórica. En Soldados de Salamina (2001), un libro de verdad imperdible, se centra en un caso real: la historia del fallido fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas, el líder falangista, y cómo un soldado que lo encuentra después de huir le perdona literalmente la vida.

El otro nombre insoslayable en la actualidad, es el de Almudena Grandes (Madrid, 1960), quien lejos de aquel comienzo en las huestes del erotismo -con la exitosa Las edades de Lulú -, y pese a que lo político se había entreverado ya con insistencia en buena parte de su obra, se ha consagrado durante los últimos diez años a una saga monumental que a su manera se inspira en las series noveladas de Benito Pérez Galdós. Esta saga, que no casualmente lleva como título-marco el de Episodios de una guerra interminable, se inicia en 2010 con la publicación de Inés y la alegría. La flamante La madre de Frankenstein corresponde a la quinta de las seis entregas pautadas.

Tusquets
Tusquets

La última novela de Almudena Grandes, que bastaría por sí misma para considerarla una narradora de excepción, está ambientada a mediados de la década de l950, y aunque su núcleo se sitúa en un manicomio de mujeres, en las afueras de Madrid, se trata sin duda de la parte por el todo: ese todo en el que la sombra de Franco no solo se imponía sobre los hechos sino -todavía más terrible-, en su puritanismo naturalizado e hipócrita, también sobre los deseos y los sentimientos.

La historia de La madre de Frankenstein se centra en tres personajes: Germán Velázquez, psiquiatra e hijo a su vez de una eminencia a quien el gobierno ha empujado al suicidio, quien regresa a España de su autoexilio en Suiza para colaborar en la implementación de un novedoso tratamiento capaz de curar la esquizofrenia; María Castejón, una mujer criada por sus abuelos, que ha pasado la mayor parte de su vida en el manicomio y cuya edad -es poco más que una adolescente- de ningún modo refleja la amarga intensidad de su experiencia; y Aurora Rodríguez Carballeira (un personaje tomado de la realidad, al que Grandes ni siquiera le cambió el nombre), la pieza clave de la novela: asesina de su propia hija -"ejemplar malogrado" de un delirante sueño eugenésico-, paranoica suprema, lleva veinte años internada y olvidada, aunque en condiciones relativamente cómodas, allí en Ciempozuelos, tocando el piano por las mañanas.

Aurora, que pese a su enfermedad le enseñó a María en su infancia casi todo lo que esta sabe, y que produce en Germán una inmediata fascinación cuyo origen remite a un antiguo episodio entre ambos, es el nexo, el subterráneo lazo entre el psiquiatra y la auxiliar de enfermería, que no hacen más que buscarse pero, hijos de las circunstancias sociales o más bien morales, parecen condenados al desencuentro, y posiblemente a la infelicidad.

Pero lo sentimental es, en cierto sentido, el río por el que discurren los otros ejes de la novela. Una de las virtudes esenciales de Almudena Grandes -habría que decir que de su obra entera- es su pulso para manejar las oscilaciones de la trama; es decir, cómo hace para que algunos pequeños triunfos no sean capaces de ocultar derrotas mayores o terminar llevando a ellas.

Como su contemporáneo Cercas, como en su momento el inquieto alemán Hans Magnus Enzensberger -en la insoslayable El corto verano de la anarquía -, Grandes se apropia de la máxima faulkneriana que prohíbe aislar el pasado, consciente de que en la historia de cada pueblo un eslabón siempre resuena en los otros. La madre de Frankenstein lleva a esperar con ganas el final de la saga.

LA MADRE DE FRANKENSTEIN

Por Almudena Grandes. Tusquets. 558 págs./ $ 950

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.