Borgen: ¿Podría Birgitte Nyborg ser política en argentina?

Daniel Santa Cruz
Daniel Santa Cruz PARA LA NACION
La serie danesa Borgen
La serie danesa Borgen
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1 de octubre de 2020  • 21:24

La pregunta se instaló de singular manera en el debate político de cabotaje por la trascendencia que tomó la serie de ficción Borgen. ¿Podría Birgitte Nyborg, la carismática primera ministra de la ficción danesa, ser líder política en argentina?

En principio, imaginar a Birgitte haciendo política en nuestro país es un ejercicio interesante. Porque hacerlo, nos permite desnudar las falencias no solo de nuestro sistema y de nuestros políticos, sino también de nosotros mismos como electores.

Un palacio Borgen argentino, donde sucede todo.

Sobre el sistema político, que muy bien describió el miércoles Pablo Mendelevich, hay escasos puntos análogos. Dinamarca, donde la jefatura de estado está a cargo de la Reina Margarita II, se diferencia del resto del mundo, incluso de otras democracias parlamentarias, por ser el único país en albergar en un mismo recinto a los tres poderes del estado en el palacio de Christiansborg, el llamado "Borgen". Hasta el segundo piso del palacio está reservado para actividades de la corona.

En Borgen, parte del relato de cada guion está a cargo de un independiente canal de televisión estatal, el Canal1, que marca el paso de cada una de las historias, muy presente en las actividades del palacio.

Imaginemos lo que hubiese sido esta semana de convivencia edilicia entre todos los tres poderes de nuestra república.

En la Planta Baja, la Corte Suprema de Justicia, aceptando un per saltum presentado por jueces que quieren ser corridos por el oficialismo porque tienen competencia en causas de corrupción que incomodan a la vicepresidenta, que tendría su despacho a solo un piso, en el primero, donde se ubica el Poder Legislativo. Ahí mismo, ubiquemos a la Cámara de Diputados, la misma que quiere seguir funcionando con sesiones a distancia, quizás para batir otro hito en la política mundial, donde más de 100 diputados sentados en sus bancas vuelvan a figurar ausentes, por más que se los pueda ver y escuchar. Esto, sin hacer hincapié en alguna escena sexual que se filtre durante el debate.

En el piso más alto, un Poder Ejecutivo revolucionado con ministros que se señalan unos a otros, para ver quien zafa de una gestión que deja al descubierto cada vez más la falta de rumbo demostrada en la estrepitosa caída de imagen positiva de su presidente.

Un "Palacio Borgen" así en Argentina, sería digno de ver y visitar. Sus pasillos serían el lugar soñado por cualquier periodista. La situación se hace más interesante si la crónica diaria de sus actividades es relatada por la Televisión Pública, la misma que anunció este martes en exclusiva que la Corte Suprema no "alcanzó un acuerdo", cuando minutos después al alto tribunal informaba que había unanimidad en su fallo, algo poco frecuente en el cuerpo.

Corrupción: los "graves" delitos de los protagonistas

En Borgen, un primer ministro se ve envuelto en un escándalo por pagar los gastos de su esposa, con problemas emocionales notorios, con la tarjeta de su cartera para gastos de representación, la única que tenía consigo. Devuelve el dinero, pero ese error le cuesta el cargo.

Otro ministro, el de Medio Ambiente, renuncia ante el escándalo que generó que la prensa sensacionalista revele que tiene un auto antiguo con el que viajó 200 kilómetros y consumió 50 litros de nafta con plomo. Sí, eso fue un escándalo. También el ministro de Defensa tiene que dar explicaciones porque luego de la compra de 1200 millones de euros en armamento, recibe una escopeta de caza de regalo de parte de los proveedores y se ve obligado a devolverla. Sí, una escopeta de regalo en un negocio de 1200 millones de euros.

Más de un exfuncionario, con prisión domiciliaria, se estará riendo de estos infractores de la ley.

Cristina y Birgitte

Para los que comparan a Birgitte Nyborg con Cristina, hay que decir que ambas son mujeres de carácter fuerte y con poder de liderazgo en un mundo político aún manejado mayoritariamente por hombres. Ese dato no pasa inadvertido, pero también hay ejemplos que alejan a la líder peronista del personaje de la ficción danesa.

En la serie, como estratega, Birgitte busca consensos, prefiere modificar proyectos de ley propios que se aprobarían por uno o dos votos concediendo modificaciones a la oposición para convertirlos en políticas de estado, resignando posibles en triunfos personales.

A la misma Cristina no le gustaría esa comparación, ella se reconoce con otras características de liderazgo. "Cristina es una lideresa carismática, su legitimidad para el mando reside en ser diferente, especial. Birgitte es una lideresa situacional, su legitimidad para el mando reside en ser una más, normal", dice el politólogo Andrés Malamud.

La corrupción también las distancia. Un ejemplo, en la serie, el esposo de la ministra danesa no puede tomar un puesto en una empresa porque es una firma subcontratada por otra que ganó una licitación con el estado. Conflicto de interés grave, para la política danesa. Otro dato, la buena de Birgitte, no incrementó su fortuna sideralmente, no tiene hoteles, ni secretarios millonarios que compran mansiones y no tiene problemas con la justicia.

Como la mayoría de los políticos, Nyborg vive con extrema austeridad, lidia con los problemas familiares, no tiene personal doméstico en su casa y muestra un nivel de simplicidad desconocido para nuestros líderes. Utiliza el servicio de salud público y ella misma sirve café al empresario más poderoso de Dinamarca en cada reunión, no le sobran asesores y su mano derecha comparte oficina con su única secretaria.

Birgitte es líder del duodécimo país más rico del mundo que cuenta con una administración pública frugal. Justamente lo opuesto a la argentina, que construyó un estado que gasta más de lo que puede y debe, con funcionarios que viven bien, y que hasta dictan normas para que los que pagan impuestos para sostener ese estado, del que viven, no puedan ahorrar en moneda extranjera cuando, paradójicamente, es algo que ellos sí podían hacer hasta que el enojo social lo impidió.

Conclusión: está claro, la diferencia entre sistemas y políticos de Dinamarca y Argentina es más grande que los 12.059 kilómetros que separan a Buenos Aires de Copenhague.

¿Son los políticos o es la sociedad?

Está claro que en Borgen también hay convicciones endebles, pactos, acuerdos, traiciones y mentiras. Pero existen dogmas que se respiran en cada capítulo y que la propia primera ministra deja traslucir en todos sus actos, públicos y privados: honestidad y austeridad.

Solo por eso, los políticos daneses representados en Borgen, tienen escasos puntos de comparación con los nuestros. Pero ¿es la política responsable? ¿O es que tenemos una sociedad mayoritariamente tolerante a la corrupción y al descontrol de las finanzas públicas?

"No es la política sino la sociedad", dice Malamud. Y explica: "Dinamarca es un país pequeño con 5 millones de personas e igualitario con un coeficiente Gini de 25, en el que la mayoría de la gente es austera: viven en casas pequeñas y se mueven en bicicleta. Mientras que Argentina tiene 45 millones de habitantes, lo que induce mayor heterogeneidad social, y un Gini de 41. Dinamarca es más parecida a Uruguay".

"El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones".

Este proverbio acompaña el inicio de uno de los capítulos de Borgen (todos incluyen frases que van de Maquiavelo a Churchill) y de algún modo, responde la pregunta sobre si una Birgitte nacida en estas pampas podría ser una dirigente política. Porque nuestro gran problema no está solo en los disvalores que caracterizan a gran parte de nuestra dirigencia, sino en saber identificar por qué una mayoría de nosotros no los reprueba y permite que los sigan adquiriendo, mientras se pasan la posta una y otra vez, cada vez que corren hacia el poder.

En Argentina, las buenas intenciones de Birgitte, sin respaldo social, quedarían solo en eso.

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