Cinco libros para pensar el arte

Cinco libros para pensar el arte
Cinco libros para pensar el arte
Una selección de los títulos ensayísticos y teóricos publicados este año en el país
Daniel Gigena
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22 de diciembre de 2016  • 17:26

Además de la creciente publicación de libros de artistas y de catálogos, bellamente editados por sellos locales, galerías o de manera independiente, la oferta de libros con materiales filosóficos, ensayísticos o teóricos no deja de aumentar. Al placer (cognitivo) de contemplar obras en museos, galerías, pantallas o estudios se suma el deseo de reflexionar sobre la práctica artística y, en los últimos tiempos, sobre el llamado "consumo de arte". No hay placer sin saber, y varios libros publicados en el país en el año que termina apuntan a unir ambas dimensiones. A continuación, seleccionamos cinco de ellos.

Conversaciones con Cézanne. Edición crítica presentada por P. M. Doran (Cactus). Traducción de Pablo Ires.

El volumen reúne los principales textos que ilustran los últimos días de la vida de Paul Cézanne, fechados a partir de 1894, y ofrecen una aproximación a la paradójica personalidad del artista francés.

En “Documentos”, varias cartas y reseñas perfilan la vida del misterioso pintor que, en soledad, se consagró a la tarea de devolver a la pintura un aspecto místico, en tensión entre la idea y la sensación. En una carta de 1904 dirigida a Émile Bernard, Cézanne escribe: “El literato se expresa con abstracciones, mientras que el pintor concreta por medio del dibujo y del color sus sensaciones, sus percepciones. Uno no es ni demasiado escrupuloso, ni demasiado sincero, ni está demasiado sometido a la naturaleza; pero es más o menos dueño de su modelo, y sobre todo de sus medios de expresión. Penetrar lo que uno tiene delante y perseverar en expresarse en el modo más lógico posible”. Se sabe que Cézanne trató de crear un sistema pictórico autónomo con el fin de elevar el pensamiento y huir de lo que él llamaba “la tranquila mediocridad”.

En la sección “Interpretaciones”, tres textos reconstruyen conversaciones con el artista, reales o imaginarias (estas últimas mediante el uso de cartas, recuerdos y reseñas). En un caso, se enumeran aforismos del pintor que tienen una extraordinaria vigencia: “El artista objetiva su sensibilidad, su distinción natural” y “Para el artista, ver es concebir y concebir es componer”. Además de los textos firmados por Cézanne, el libro está integrado por otros que críticos, arqueólogos, poetas y pintores (como Maurice Denis y Joachim Gasquet) escribieron sobre el padre de la pintura moderna.

Arte y anarquía. Edgar Wind (El Cuenco de Plata). Traducción de Teresa Arijón.

“Wind tenía la erudición del especialista y la visión del filósofo, sin ser ninguna de las dos cosas”, escribió John Bayley en los años 60, cuando se publicó en Inglaterra Arte y anarquía. Wind nació en Berlín en 1900 y murió en 1971 en Londres, adonde se había exiliado durante la Segunda Guerra Mundial. Perteneció a la Escuela de Historia del Arte vinculada con el instituto creado por Aby Warburg. Estudioso de la iconografía pagana de la Edad Media, elaboró además una aproximación al arte moderno atenta a la historia, los aportes filosóficos (desde Platón hasta Hegel) y la experiencia de la contemplación artística.

Wind no es nunca un defensor obstinado del orden ni del pasado; sin embargo, señala el lugar marginal que el arte moderno, luego de haber alcanzado un espacio autónomo, ocupa en la sociedad. Arte y anarquía está compuesto por seis ensayos que abordan problemas y aspectos sutiles de la relación entre arte e historia.

En su escritura, Wind siempre le hace lugar a la experiencia personal. Sobre una visita a una muestra de pinturas del expresionismo alemán, recuerda: “Se me ocurrió que si hubiera experimentado todos esos cuadros tan intensos, uno después del otro, con la intensidad que exigían, debería estar fuera de quicio… y evidentemente no lo estaba”.

Roberto Calasso, en el prólogo a la edición italiana de Arte y anarquía, escribió: “En la República de Platón, el arte y los artistas se consideran un peligro, una amenaza para el orden, y eran sometidos a censura. Edgar Wind –ilustre estudioso del arte y sutil descifrador de la historia del pensamiento occidental– nos da a entender, con ironía y discreción, que quizás Platón sabía mejor que nosotros qué es el arte, y justamente le temía porque el poder de la imaginación es lo más cercano, en el hombre, a un fuego transformador y destructivo”.

Gusto. Giorgio Agamben (Adriana Hidalgo). Traducción de Rodrigo Molina-Zavalía.

Este pequeño libro de Agamben fue, en verdad, una nota enciclopédica que el filósofo italiano preparó para la editorial Einaudi. Como suele ocurrir, los textos de Agamben son cajas de sorpresas para comprender en profundidad el tema elegido por el autor de Profanaciones. En este caso, es el concepto de “gusto”. “La idea de una forma de conocimiento distinta, que se opone tanto a la sensación como a la ciencia, y es al mismo tiempo saber y placer, es el rasgo dominante de las primeras definiciones del gusto como juicio sobre lo bello”, describe Agamben.

A partir de unas inocentes premisas etimológicas (que indican la relación entre saber y sabor), el texto ahonda en las interferencias entre placer y saber, que pondrían el gusto en el lugar de un goce que no sabe y a la teoría sobre lo bello, en el lugar de un saber que no goza. Agamben no está solo en su aventura filosófica: Kant, Descartes, Hegel y, en especial, Diderot lo acompañan. En sus conclusiones, Gusto adquiere dimensiones exquisitas: “Saber de amor, filosofía, significa: la belleza debe salvar a la verdad y la verdad debe salvar a la belleza. En esta doble salvación se realiza el conocimiento”.

El punto ciego. Antología de la poesía visual argentina de 7000 a. C. al Tercer Milenio. Jorge Santiago Perednik, Fabio Doctorovich y Carlos Estévez. (SDSU Press)

Luis Pazos, el gran artista de La Plata, comentó luego de recibir en su casa El punto ciego: “Es un libro que no puede faltar en ninguna biblioteca. Y no sólo de poetas visuales. Es un documento excepcional sobre el arte argentino menos conocido. Ésta será una noche que no dormiré. Lo que los autores han hecho es convertir en memoria lo que estaba destinado a ser olvidado. El punto ciego es el futuro a pesar de que nos habla del pasado”.

"El punto ciego recoge las búsquedas relacionadas con la escritura gráfica (poesía visual), pero también aborda los textos electrónicos (poesía digital) y la performance poética, mostrando y analizando las múltiples formas de expresión abordadas en distintos períodos de nuestra historia. “El ‘punto ciego’ –señala Doctorovich, uno de los autores/compiladores- es la zona de la retina de donde surge el nervio óptico, la cual carece de células sensibles a la luz, perdiendo así toda percepción visual. Normalmente no percibimos su existencia debido a que el punto ciego de un ojo es suplido por la información óptica que nos proporciona el otro. Desde un punto de vista literario, el punto ciego es una metáfora que alienta el principal objetivo del libro: puntualizar la importancia de aquello que hasta ahora se mantuvo en ese ángulo exacto en el cual la mayoría del público no ha podido verlo, demostrando que la escritura gráfica, la poesía visual, nos ha acompañado desde siempre.”

Los tres autores crearon un corpus con obras de más de 70 artistas y registraron las corrientes principales de esta tendencia del arte y de la poesía a través de los tiempos. Entre los nombres incluidos cabe mencionar los de Mirta Dermisache, Juan Carlos Romero, León Ferrari, Xul Solar, Edgardo Antonio Vigo, Horacio Zabala, Pazos, entre muchos otros. En cuanto a los movimientos, figuran Diagonal Cero, El Grupo de los Trece, Vórtice y el grupo Paralengua.

El libro se consigue en pocas librerías porteñas pero se puede comprar por Amazon: la edición limitada cuesta 70 dólares y la común, 35. De más está decir que es un libro único, de los que se publican muy de vez en cuando aquí y en un cualquier lugar del mundo.

Estéticas del audiovisual. Pierre Sorlin. (La Marca Editora). Traducción de Belén Dezzi

Pierre Sorlin es profesor en el Instituto de Estudios e Investigaciones Cinematográficas y Audiovisuales en la Universidad de París III. Sus estudios sobre arte suelen combinar enfoques sociológicos con la semiótica, la fenomenología y la estética de la recepción. En esta suerte de tratado sobre el relieve artístico de las producciones audiovisuales, Sorlin traza un recorrido que incluye a Leonardo Da Vinci, los pintores impresionistas, Jean Luc Godard, Ingmar Bergman y Pier Paolo Pasolini. También intenta, de manera didáctica, responder una pregunta antigua que retorna en el presente: ¿qué es lo bello?

“Diferente del simple consumo, que tiene sus virtudes, la participación estética se despliega en actividad creadora –escribe Sorlin-; requiere, como la creación en la que se inspira, medios de expresión y éstos, en la mayoría de los casos, son palabras o conceptos.” Estéticas del audiovisual acerca esos conceptos para describir una obra artística, polemizar con ella y pensar en los trabajos audiovisuales del presente, donde la figura del creador se vuelve cada vez más imperceptible.

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