Cinco vías para fugarse del soporte tradicional del arte
Doce artistas locales interrogan en la galería Vasari las múltiples funciones del marco en las obras
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Obras de doce artistas, seleccionadas por Mercedes Claus y Juan José Cambre, interrogan en la galería Vasari las múltiples funciones del marco en el arte. Barrera o puente entre el espacio de la representación y el exterior, borde de la imagen, elemento autónomo de una pieza de arte, mediador entre el espectador y la obra, el marco desempeña diversos roles. Incluso, como en la obra de César Paternosto (1931), puede ser parte de la obra. Son conocidas las pinturas de este artista de La Plata en las que el color avanza desde el borde hacia el interior de las telas.
"En Margen, el escape del soporte tradicional es el leitmotiv de la muestra -dice Juan José Cambre, artista y curador-. La salida de algunos artistas es por medio de una herramienta; en otros, esa fuga es accidental o irónica, como en la obra de Alejandro Kuropatwa." Hay humor, elegancia y trabajo en Margen.

“La idea de la muestra nació de unos bocetos para pinturas concretas de Raúl Lozza (1911-2008), que experimentó con el marco recortado, y una obra de Oscar Bony (1941-2002)”, dice Claus.
Los bocetos de Lozza, realizados con lápiz sobre papel durante los años cincuenta, refieren a las circunstancias de producción de una obra central para el arte argentino. Lozza, antes de convertirse en un artista reconocido, fue empapelador y usaba su material de trabajo para plasmar ideas. Algunos bocetos están pintados y en otros las figuras dibujadas por el artista prenuncian sus obras de arte concreto.

En la gran pieza de Bony se combinan un objeto con la fotografía en color de una mano que sostiene una fotografía en blanco y negro. La pala que se ve en el fondo de la fotografía en color reaparece en la sala de la galería. Así, se altera el espacio expositivo y el de la obra: los límites del marco se transgreden de manera doble.
La obra de Bony desencadena una serie de reflexiones sobre la memoria, el pasado en el presente y los cambios que el tiempo provoca. No es casual que el elemento central de esa pieza sea una herramienta que se utiliza tanto para cultivar como para cavar fosas. La obra de Bony es un memento mori.

A continuación, se detallan cinco maneras de fugarse del soporte tradicional del arte que se desprenden de la muestra en Vasari:
1) Las piezas de Marcela Sinclair, Karina Peisajovich y Diana Aisenberg comparten el modo de ocupar el espacio de la sala con objetos, muebles y molduras. El trabajo de Sinclair, que fue exhibido en 2015, se asemeja a las esculturas de Emilio Renart. El borde una mesa de madera parece brotar de la pared de la galería y el mueble, aunque ya no posee ninguna funcionalidad, todavía conserva el carácter que lo define.
Con un recurso ontológico sutil, la obra de Sinclair establece afinidades con la moldura de luz de Peisajovich, artista de la galería. Un marco de madera encierra una luz rosada en un ángulo de la sala, como si fuera pintura. A su lado, un “combo” de Aisenberg conformado por la pintura de una tetera y una pequeña instalación con tarima y un juego de tazas de té completa el truco óptico sugerido por la artista.
2) Los bocetos de Lozza que prefiguran los marcos recortados encuentran un eco sorprendente en la fotografía guillotinada de Cecilia Skalkowicz. La artista nacida en Buenos Aires en 1972 directamente parte la obra por la mitad. Queda para el espectador la imagen de tres personas vestidas de fiesta y seccionadas, de la cintura para abajo, como en un acto de magia que hubiera quedado truncado.

3) Otra fotografía de fotografías, como la de Bony, es la de Alejandro Kuropatwa. Se exhibe en la vidriera de Vasari. A un enorme autorretrato en blanco y negro realizado en Nueva York, el artista le añadió fotos en color de cortes de carne vacuna: un bife rosado en el lugar de la mano, achuras en el rostro y riñones de color rojizo en la espalda. El cuerpo de Kuropatwa opera como escenario y como marco de la representación. De carne somos.
4) Liliana Porter aporta una de sus obras hechas, como suele suceder en su trayectoria artística, con un esfuerzo mínimo y gran intención conceptual. Se trata de la fotografía de un grabado de René Magritte (cuyas ideas sobrevuelan la muestra curada por Claus y Cambre de manera evidente), titulado La gran guerra, que aparece en un libro. Porter ofrece a la mirada la copia de una copia. Juan Tessi despliega en su trabajo pliegues de lienzos pintados, retazos de tela abandonadas o en proceso, vestigios de óleos y acuarelas que manchan el soporte y lo transforman en un campo de fuerzas. El margen se descentra y desaparece en una tela hecha de superposiciones, motivos y sentidos diversos.

5) Alfredo Prior y Bruno Dubner experimentan con soportes atípicos. Prior exhibe 31 cajas de cigarrillos Marlboro Light pintadas con birome y acrílico, y retocadas con cinta adhesiva azul. Dispuestas de frente, las caritas pintarrajeadas por Prior se asemejan a fantasmas, a máscaras mortuorias, a calaveras. Con un tinte cómico, el fumador empedernido que es Prior trabaja sobre el frente de las cajas de cartón como si fueran exvotos al dios del tabaco y reflexiona con gracia sobre los riesgos del placer de fumar.
Dubner presenta una serie de tres fotografías singulares. Las suyas son fotos sin representaciones. Al manipular los negativos en distintos lugares, expuestos a la luz, el resultado que obtuvo fue un conjunto de imágenes similares a auras de espacios.
Cierra el 21 de octubre










