El ejemplo de la clase política de 1932

Carlos Erneste Ure
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3 de febrero de 2020  

El denominado "crac" de la Bolsa de Nueva York, en 1929, fue algo así como un "tsunami" económico de efectos devastadores. Es que el desastre de Wall Street afectó no solo a los principales Estados occidentales, sino que extendió incluso sus alcances a los países periféricos de menor o mayor importancia.

El cimbronazo se hizo sentir con fuerza en el Río de la Plata. La crisis mundial produjo en la Argentina la desvalorización de la propiedad, el incremento geométrico de los deudores morosos, el fracaso de los remates por falta de postores. Dos años después, la pendiente parecía no tener fin. Cabe agregar a ello la reducción del crédito, y aun la imposibilidad de tomar empréstitos locales o foráneos.

Se temía la caída de bancos, una gravísima recesión, quiebras. Hubo desocupación (son penosas las fotografías de los obreros haciendo largas filas en la puerta de las fábricas para tratar de conseguir un jornal), los mercados mundiales estaban desorganizados, los precios agrarios habían caído, nuestra producción era difícilmente vendible.

El déficit del fisco, en definitiva, generaba "consecuencias perturbadoras", lo que llevó al gobierno conservador de ese momento a adoptar con la mayor energía medidas de emergencia.

Entre ellas, el artículo 13 de la ley 11.584, de 1932, y esto es ejemplar, estableció una escala progresiva de rebaja de los sueldos de todos los agentes de la administración pública nacional y reparticiones autónomas del Estado (incluidos presidente y vice, ministros, secretarios). Con criterio enteramente equitativo, ese descuento proporcional iba del 4,50% con respecto a las retribuciones más bajas hasta nada menos que el 37,50% con relación a los ingresos más altos, de los jerarcas y altos funcionarios. La porción recortada se distribuyó así: el 3% a la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones Civiles, y el resto a la Tesorería General de la Nación. Con el sacrificio de todos, incluyendo a los de más arriba de la pirámide oficial, se consiguió redondear ese año una cifra extra superior a los $30.000.000 para contribuir a la superación de la crisis.

Los miembros de las dos cámaras del Congreso de la Nación y los del entonces Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, en la misma sintonía, votaron una reducción similar en sus dietas. Agreguemos -porque vale la pena mencionarlo como norma moral-, que el artículo 17 de la ley 11.584 establecía que "ningún funcionario y ningún empleado nacional podrá percibir su emolumento o sueldo, sin que previamente lo haya percibido el inmediato jerárquico inferior".

Con estos modelos de conducta republicana, que incluyeron a toda la denominada "clase política", clase que se sacrificó con una línea de privaciones igual o mayor a la requerida a todo el resto de la población (a la que se aplicó el impuesto a los réditos), la Argentina pudo dejar atrás la crisis y salir adelante.

Zanjadas las dificultades apremiantes y mejorada la situación casi podríamos decir que en mucho menos tiempo que en otras latitudes, el gobierno (Justo-Roca) pudo encarrilar entonces su acción "hacia una política definitiva de amplias proyecciones en el terreno económico y financiero; se organizó la defensa de la producción, se implantaron los precios básicos", según lo señalan Manuel J. Francioni y Emilio Llorens, "y se dio vida a una serie de iniciativas que estimularon fundamentalmente el trabajo nacional". Nadie perdió sus depósitos, los productores no se derrumbaron, y el país pudo reinsertarse de nuevo, con soltura, en el mundo moderno.

Exlegislador de la ciudad de Buenos Aires (demócrata)

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