Una figura clave para afianzar la Revolución de Mayo

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22 de mayo de 2020  

El 5 de marzo se cumplieron dos siglos del fallecimiento en Montevideo del brigadier general D. Francisco Xavier de Viana y Alzáybar, figura que merece ser mejor conocida por los rioplatenses, sobre todo por los argentinos. Nació en Montevideo el 2 de diciembre de 1764, hijo del mariscal de campo D. Joseph Joachim de Viana y Sáenz de Villaverde, primer gobernador español de Montevideo tras una meritoria trayectoria militar en el norte de Italia. Francisco estudió en la Escuela Naval de Cádiz y pronto tuvo la experiencia de la guerra en la increíble y dantesca batalla del Gran Sitio de Gibraltar, el 13 de septiembre de 1782, y la recuperación de Menorca. Después dio su primera vuelta al mundo en la fragata Astrea y fue un oficial destacado en la expedición Malaspina: durante un lustro cruzó la línea ecuatorial once veces y el Cabo de Hornos, tres. No hubo en su tiempo en el Plata otro marino con iguales calificaciones, ya que no solo dominaba las ciencias de la navegación, sino que agregaba una extensa formación cultural. En la década de 1810 era el único dirigente autor de un libro: Diario de viaje.

Retornó a Montevideo y, ya capitán de fragata, fue gobernador de las islas Malvinas en dos períodos: 1798 y 1800. Pidió su transferencia al ejército y como sargento mayor de Montevideo estableció la autoridad española sobre la frontera con el Brasil portugués, donde a los cuarenta años debe soportar las campañas en los inhóspitos bosques. Recorrió centenas de kilómetros a caballo en la frontera norte del Uruguay, secundado por quien había sido su condiscípulo: José de Artigas. Cuando la segunda invasión inglesa, secundó al brigadier Lecocq en la defensa de Montevideo en la batalla del Cristo, la mayor librada en el Río de la Plata. La ciudadela de Montevideo, bajo su comando, fue el último baluarte en rendirse, y fue herido.

Tras adoptar el bando de la Revolución de Mayo, a mediados de noviembre de 1811 el Primer Triunvirato lo designó jefe del Estado Mayor del Ejército. Para confiarle el más alto cargo castrense de las Provincias Unidas debieron tenerle gran confianza y respeto por sus cualidades personales y morales, y fundamentalmente por sus capacidades y conocimientos en materia militar. Entre noviembre de 1811 y abril de 1815, Viana supervisó todas las acciones militares de los gobiernos patrios salvo el período de 1813, cuando fue gobernador de Córdoba del Tucumán. Otra designación que confirmaba la valoración de su persona, no ya solo como militar, sino también como dirigente. Culminó su actuación pública como secretario de Estado en el Departamento de Guerra y Marina cuando la Asamblea del año XIII nombró a Gervasio de Posadas director supremo y continuó con Carlos de Alvear hasta su caída. Posadas dijo de Viana: "En su clase, sobresaliente; en el trabajo, incansable; a la amistad, deferente, y hombre de guardar fe". Vicente Fidel López coloca a Viana entre los hombres de gobierno con acción efectiva y propia en la dirección de los negocios del Estado.

Muy reconocido por sus contemporáneos: las figuras icónicas de la Revolución de Mayo le confiaron la responsabilidad mayor de esos gobiernos en tales años, cual era la defensa del exvirreinato, amenazado por todas sus fronteras cuando todavía los realistas ocupaban las provincias Oriental y la del Alto Perú. San Martín, Alvear, Vera, Arellano, Holmberg y Zapiola fueron incorporados a los ejércitos patriotas al llegar a Buenos Aires por gestión de Viana. Este hombre estuvo tras la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, así como de la organización de los ejércitos, de su logística en general, de la gestión del personal: nombramientos, ascensos, traslados, remuneraciones, bajas, y premios. Fue responsable de la provisión del armamento menor y mayor, artillería, munición; de la instalación y funcionamiento de las fábricas militares tanto de armas como de pólvora; del transporte y desplazamiento de tropas y caballada, de su alimentación; de la provisión de uniformes y monturas. Fue Viana quien presupuestó, obtuvo los recursos y los distribuyó en todas las operaciones militares. La victoria del Cerrito se logró estando él en el mando in situ. Cuando Viana se desempeñó como secretario de Guerra y Marina, diseñó la estrategia para lograr el desplazamiento final de los españoles del gobierno de Montevideo. Con los recursos obtenidos se inició la tercera campaña al Alto Perú. La formación de la primera armada patriota ocurrió bajo la responsabilidad de Viana, y cuando él fue ministro la flota obtuvo las victorias de Martín García y de Montevideo, lo que le permitió a Alvear rendir esta ciudad. Viana fue el autor de un plan para defender el Río de la Plata cuando sobrevino la amenaza de un poderoso ejército español. Fue el defensor insospechado de la unidad de las Provincias.

Todos los militares actuantes entre 1812 y 1815 honrados con nombres de calles argentinas, monumentos y aun ciudades estuvieron bajo el mando de Viana. Fue así el jefe de San Martín, Alvear, Belgrano, Artigas, Soler, Dorrego, Rondeau, Viamonte, Guido, Álvarez Thomas, Brown. Las instituciones militares argentinas le deben mucho a Viana. Fue fundamental para afianzar la Revolución de Mayo y preparar las bases para la independencia y la liberación total de España. Expuso una enorme capacidad de trabajo, que se trasunta en las centenas de documentos, cartas, instrucciones, directivas que se conservan en los Archivos Nacionales de la Argentina y de Uruguay con su firma. Era para sus contemporáneos, jefes y subordinados, el militar rioplatense más completo de su tiempo, el más respetado por su larga trayectoria, su experiencia en mar y tierra, su seriedad, su cultura, sus conocimientos científicos y su capacidad de mando.

Gracias a la incansable labor de Viana, el ejército, que a fines de 1813 contaba con 12.642 soldados mal armados, poca instrucción y sin recursos, en diciembre de 1814 había aumentado el número de efectivos a 21.742 hombres, prolijamente reclutados entre los vecindarios, aptos y sanos, uniformados y organizados en cuerpos, con sus unidades tácticas casi perfectas y con armas flamantes y eficaces. Se habían fabricado en los talleres del Estado 24.322 piezas de guerra (fusiles, cañones, sables, correajes, carros de transporte, etc.).

Tal vez demasiado argentino para los uruguayos y demasiado uruguayo para los argentinos, Francisco Xavier de Viana fue un notable hombre de Estado, cuya impronta fue fundamental para el devenir de la emancipación rioplatense, de gran influencia en aquel primer y muy difícil lustro. Su protagonismo fue de la máxima importancia para la libertad sudamericana.

Ingeniero civil, empresario y genealogista

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