Con Cristina no hay justicia
Alberto Fernández solo fue útil en la boleta electoral del año pasado. El sillón de Rivadavia nunca le quedo cómodo porque él sabe muy bien que llego a la Presidencia con votos prestados. El único objetivo de que Alberto Fernández encabezara la lista presidencial era para ocultar a Cristina, y evitar que esta, más allá de ganar en primera vuelta, perdiera en un ballottage como le paso a Menem en 2003.
Cristina nunca perdonó a Alberto Fernández, ni se corrió, ni realizó un renunciamiento, ni privilegio la unidad del oficialismo para sacar al país del cuento de la tierra arrasada, ni le dio paso a una renovación; mucho menos, pensó en la unidad del oficialismo como algo verdaderamente conveniente para el país. Pero Cristina ganó, la estrategia y su estratagema fue fabulosa, un éxito para ella y una calamidad para el país.
Sus planes son contra la gente, las instituciones y contra el Presidente de la Nación. Un plan que procura condicionar el presente y corromper y rendir a sus designios el futuro de la marcha social y política de los argentinos. Así las cosas, señale a poco de iniciarse la pandemia que el Presidente era un peón en el ajedrez de Cristina Kirchner y que este era bueno para hacer los mandados, pero no para liderar. El Presidente era el Juárez Celman de Cristina Kirchner. Ella gobernaba el país y las decisiones políticas se tomaban en el Instituto Patria y en su despacho del Senado y que la Vicepresidente le hacía hacer y decir cualquier cosa al Presidente, que lo iba a humillar primero y luego iba a ir por el dado qué no lo necesitaba más.
Todo esto, se me dijo en aquel momento, era ofensivo hacia la Vicepresidente, por mostrarla como la enemiga del Presidente y también ofensivo hacia la propia investidura presidencial. Las cartas de la Vicepresidente y todo lo ocurrido en el último acto de la ciudad de La Plata demuestran, que no había ofensa alguna, sino una anticipada descripción de la realidad y de las intenciones de la Vicepresidente, en la que estamos inmersos los argentinos.
Le he dicho a Máximo Kirchner, que tanto se ofende con mis palabras, que debería dejar de ver en la verdad una ofensa, porque también es cierto que él tuvo que entrar a la política para no ir preso. Es la Vicepresidente la que denuesta, vapulea, ningunea, desprecia y pone en vilo a la investidura presidencial. Nadie más que ella. Y nosotros queremos defender la institucionalidad.
Alerté, cuando no se hablaba de estas cuestiones, del peligro del golpe por implosión interna y explosión externa de Cristina al Presidente, al recordar que a éste le podía suceder, lo que les paso a los tres gobernadores de la Provincia de Santa Cruz; Sergio Acevedo, Carlos Sancho y Daniel Peralta y a los tres intendentes de la ciudad de Río Gallegos: Héctor Aburto, Juan Carlos Villafañe y Raúl Cantín, todos designados por el Kirchnerismo y depuestos por ellos mismos.
Teniendo como norte la clara idea de que Cristina volvió para lograr su impunidad a cualquier costo, por eso tanto apuro con sancionar la Reforma Judicial, nombrar a un procurador afín a ella y a su cometido y llenar los juzgados con los Oyarbides del momento, para convertirse ella misma en la Justicia. Dé éste modo y con el zurcido de Carlos Zannini, experto en armar trajes a medida para cada elección, con la ingeniería de la manipulación electoral y las reformas electorales y de la Constitución Nacional para hacer del país la provincia de Santa Cruz, ir a una autocracia familiar, hereditaria, consanguínea e impune y terminar con la disputabilidad del poder y la democracia.
Sostuve empezado el año, que el kirchnerismo aprovechó el coronavirus para acelerar el vamos por todo recargado y para ir hacia más autoritarismo. Porque mandaba Cristina. La situación de Alberto Fernández nos está costando muy cara a todos los argentinos. La desconfianza del mundo, la incertidumbre, que las empresas se estén yendo del país y que nadie venga a invertir, no es por el dólar. El problema no es el dólar, el problema son los Fernández.
El Presidente paso de ser un tipo canchero a uno que no sabe explicar unas filminas en cadena nacional y todo lo que propone, cínicamente a los pocos días, horas o minutos lo cambia o se desdice también cínicamente. El Gobierno cumplió un año sin plan y sin otro rumbo que el de Cristina. La única empresa que el Gobierno quiere que funcione es Ciccone.
Cuando Cristina pidió, en una declaración de certeza a la Corte sesionar de modo virtual, cuando nunca restituyo a Eduardo Sosa como procurador en Santa Cruz, desoyendo seis fallos del máximo tribunal que le exigían cumpliera con ello, dejo en evidencia su estrategia de cerrar el Congreso y menguar su funcionamiento y rol. Voté en contra de las sesiones virtuales; como trabajadores esenciales y principal resguardo de la división de poderes entendí que no había que dejar bajo la excusa de la pandemia al país sin su principal respirador y hospital que es el parlamento. Nunca le creí al Gobierno y advertí, que no se puede disociar el análisis de los beneficios y bondades de una herramienta, sin tener en cuenta en que manos están y el uso que se les quiere dar.
Mientras Alberto Fernández paseaba por todo el país y nosotros como legisladores no podíamos entrar al Congreso, la Vicepresidente pulía su plan de demolición y desguace institucional. Denuncie al Presidente de la Nación por prohibir las reuniones familiares y afectivas independientemente de su número. Un Estado de Sitio en los hechos inaceptable, que violaba flagrantemente la Constitución Nacional. El Gobierno mientras tanto soltaba presos, comunes y de la corrupción, y encerraba a la gente, que no podía hacer la cuarentena de los Báez, que vivieron años sin trabajar sin bajar su nivel de vida, porque tenían dólares enterrados. El Gobierno se la paso hostigando al campo, a la clase media y a todos los que no lo votaron. Como si fuese poco, apareció asesinado Fabián Gutiérrez, y sostuve como quedo absolutamente claro, su crimen tenía que ver con las valijas de Cristina y la plata robada de la corrupción.
Con las sesiones virtuales en proceso de inmortalización tuvimos que oponernos sin éxito a que Cristóbal López pudiera hacer legalmente como hizo la mafia en Estados Unidos con el impuesto a los combustibles. El país seguía sufriendo a un gobierno sin rumbo, con ataques a silobolsas, tomas de tierras y desaparecidos en democracia como Astudillo Castro, estado de sitio sin dictarse y muertes por abusos en la cuarentena. En ese contexto, un reclamo policial desmedido e inconveniente en las formas sirvió para que el gobierno se victimizara y diera el único golpe real que hubo allí, que fue el zarpazo ilegal a la coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires.
Cuando el dólar se fue por las nubes y el gobierno hacia agua más de la cuenta, Cristina llamaba a un diálogo para ganar tiempo, el cual lo rechazamos porque Cristina no reconoce pares y nunca dialoga sino que impone. Esa acción caractericé como el escorpión pidiendo ayuda para cruzar el río. Teníamos razón otro intento de trampa. Nuevamente sin dialogar y de modo intempestivo, inconsulto, y arbitrario el Gobierno, avanzó con la idea de suspender las PASO, para complicar a la oposición y hacer trampa usando a su antojo las reglas del juego.
Cristina fiel a su estilo, seguía con su diplomacia encapuchada, haciendo negocios con el Malandro de Miraflores, sin condenar las violaciones a los derechos humanos en Venezuela y ratificando que no es ideología lo que la une al régimen venezolano. Con Maduro en el poder no hay garantías de elecciones libres en Venezuela, pero si impunidad para Cristina que no puede tampoco ser investigada en Caracas, por los vínculos delictivos con el régimen.
¿Qué deja evidente este año?. Primeramente, que lo importante para discutir es cómo frenamos el vamos por todo. Cristina está acorralada y por eso toma de rehén al Congreso y la Justicia. Juntos por el Cambio debe crecer, debatir, ampliarse, pero no podemos sumar los arrepentidos de Cristina, a los que querían ser funcionarios de este gobierno, pero no pudieron porque Cristina les puso bolilla negra. El peronismo nos quiere llevar a otro 2001. No hay que entrar en el juego sucio de Cristina.
La política, el sistema y las instituciones democráticas no pueden contener a Cristina y sus planes de demolición institucional. Si Cristina no sale rápido va presa. Por eso, insisto, "o hay Cristina o hay Justicia".
En la ciudad de La Plata, Cristina expreso, lo que viene viendo. Se ha dado cuenta de que el Presidente Fernández, más allá de ejecutar sus órdenes, sin esforzarse todo lo que ella exige en la ejecución de su plan, no puede hacer todo lo que ella desea y pide, aun queriendo, porque no tiene espalda y poder político para perpetrar sus barbarismos. Porque Alberto Fernández, al año de asumir, es pato rengo. El peligro institucional lo trae la desesperación de Cristina que vive el año que acaba de comenzar como la última oportunidad para no ir presa o al exilio. Ya no se puede esconder detrás del Presidente, porque este no tiene el control y todo el país ha tomado nota de ello. Sabe que debe apurarse porque en 2023 no gana y necesita que Máximo Kirchner salga a la cancha y es probable que aprovechando el verano y los cambios de gabinete que piensa imponer, le dé más poder.
El Presidente es como el cuento de Oscar Wilde "La esfinge sin secreto", la historia de quién intenta hacer creer a otros que tiene un plan maestro, que, hasta sus silencios, movimientos y actuar intrigante son parte de un gran plan maestro, pero no tiene nada, no sabe qué hacer, no hace nada y cuando uno corre la cortina lo encuentra en calzoncillos y en cuero, sin saber qué hacer, solo leyendo.
Diputado Nacional UCR - Juntos por el Cambio









