Corea del Norte, la dinastía más autoritaria del mundo, en el centro de la escena internacional

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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7 de mayo de 2020  • 00:29

Muchos llaman descriptivamente a Corea del Norte, el "país ermitaño". Porque vive en su propio mundo, prácticamente aislado del resto de las naciones, aunque con la gran excepción de su vecina China, país con el que, en cambio, comercia privilegiadamente y con el cual -desde la Guerra de Corea que, por no haber concluido con un armisticio, técnicamente puede decirse que aún continúa- se ha relacionado muy intensamente.

Corea del Norte ha estado y sigue estando gobernada por una cruel dinastía autoritaria y militarista, de la que el actual presidente ciertamente forma parte integral. Además, posee armas atómicas, lo que hace imposible no tenerlo de alguna manera siempre en cuenta y seguir bien de cerca su derrotero.

Durante las últimas semanas, su actual líder, el joven y robusto Kim Jong-un, de pronto desapareció misteriosamente de las noticias de su propio país. Nadie sabía con certeza donde estaba. Ni si había tenido algún problema de salud.

Ello, como era de suponer, dio lugar a inmediatas especulaciones de quienes siguen cuidadosamente sus pasos (hasta por satélite) que sugerían que estaba efectivamente mal de salud, gravemente enfermo y hasta, en algún caso, fallecido.

Sospechas que, sin embargo, nunca fueron endosadas por las autoridades, ni por los eficientes servicios de inteligencia de los Estados Unidos, ni por los de Corea del Sur, que -ante ellas- permanecieron absolutamente inmutables.

Cuando esas alarmistas apreciaciones de pronto se intensificaron, la agencia estatal de noticias de Corea del Norte (KCNA) difundió, con fotografías, una de sus recientes apariciones públicas. Concretamente, en la puesta en marcha de una nueva y moderna fábrica de fertilizantes norcoreana, que presumiblemente será muy útil para un país que está desgraciadamente acostumbrado a sufrir duras hambrunas, con alguna periodicidad.

Esa información, no obstante, no ha podido ser aún debidamente verificada en Occidente, razón por la cual aún queda flotando alguna cuota de desconfianza. Pero se cree que lo hizo, una vez más, en compañía de su hermana, Kim Yo Jong, algún día probablemente su sucesora en lo más alto del poder norcoreano, así como de Parl Yae Ryong, el actual primer ministro de su país.

La mencionada hermana del líder norcoreano es, cabe señalar, políticamente muy poderosa y suele aparecer junto a su hermano en los principales acontecimientos políticos de su país.

Bonita, de sonrisa fácil, pero mirada muy dura, Kim Yo Jong está casada con el también muy influyente Secretario General del Partido Comunista local, Choe Ryong-hae, quien es nada menos que el segundo líder del régimen comunista norcoreano.

Desde hace rato ya, ella maneja nada menos que la propaganda del régimen y cuida constantemente la imagen pública -interna y externa- de su hermano, de quien parecería ser muy cercana.

Es, asimismo, miembro del poderoso Politburó. Ella, que se cree es cuatro años menor que su hermano, es entonces -al menos en apariencia- una pieza realmente clave en el esquema central, de alta concentración de poder, norcoreano.

El líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, apareció ahora, y fue fotografiado muy suelto de cuerpo y vestido de riguroso "traje Mao", muy sonriente, por cierto. Sin dar explicación alguna de su prolongada ausencia pública. Como si no fuera su deber.

Ocurre que Kim no asistió, por primera vez desde que -en el 2011, a la muerte de su padre- pasó a encabezar el gobierno norcoreano, a la celebración, en Pyongyang, del aniversario de la muerte de su abuelo, considerado como el "Padre de Corea del Norte", el pasado 15 de abril. Quizás para comenzar a construir una fuerte imagen pública propia, que luzca separada de las de sus antecesores, lo que alimentó los rumores acerca de su posible mal estado de salud.

En rigor, seguramente afligido por la pandemia de "coronavirus", Kim y su familia inmediata, así como algunos de sus más altos colaboradores, estaban recluidos en la pequeña ciudad-fortaleza que sirve de fenomenalmente lujosa residencia del presidente de Corea del Norte, que preside un país que ha abrazado el comunismo, pero vive lujosamente, como un verdadero monarca.

Corea del Norte ha edificado un verdadero y muy llamativo "culto a la personalidad" (y la consiguiente liturgia paternalista) en torno a la persona de Kim, que lo disfruta muy visiblemente.

No es ésta, sin embargo, la primera vez que Kim "desaparece" del escenario público por un buen rato. Lo había hecho ya en el 2014, cuando se alejó del escenario público por espacio de 41 días, sin dar, ni antes, ni después, mayores explicaciones. Y en enero pasado, por tres semanas, también sin dar razones de su temporaria ausencia.

Cosas del poder absoluto, sus actores centrales no sienten siquiera la necesidad de que se sepa siempre donde están. Increíble, pero parece ser así. Algunos mandan y todos los demás para estos "detalles", simplemente no cuentan.

El autor es exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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