Cuando el relato kirchnerista hace agua

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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30 de diciembre de 2014  • 03:55

"Hay sistema de salud pública cuando los presidentes se atienden en los hospitales públicos. Lo demás es puro cuento". Esta frase se remonta al 21 de agosto de 2012 y, aunque parezca increíble, la expresó la propia Cristina Fernández de Kirchner . Lo hizo durante un acto en el hotel Sheraton de Retiro, en el que anunció, por tercera vez en cuatro años, el proyecto de las represas hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic sobre el río Santa Cruz.

Aquella frase muestra con elocuencia las deficiencias de los hospitales públicos o al menos la desconfianza presidencial en ellos, habida cuenta de que en todas las ocasiones en que sufrió algún problema de salud o algún accidente, la Presidenta recurrió a centros asistenciales privados. Recientemente, como consecuencia de su resbalón y caída en El Calafate, que le provocó la fractura de un tobillo, la jefa del Estado debió viajar a Buenos Aires para internarse en el Sanatorio Otamendi.

Los últimos días dan cuenta de otras contradicciones entre el relato kirchnerista y la realidad en otros órdenes de la economía

En octubre de 2013, para someterse a una cirugía por un hematoma craneal, fue llevada a la Fundación Favaloro. Dos meses antes, se realizó un chequeo programado en el Sanatorio Otamendi, en tanto que en enero de 2012 fue operada de tiroidectomía por un supuesto cáncer, luego descartado, en el Hospital Austral.

Del mismo modo, cada vez que los familiares más directos de la Presidenta requirieron asistencia médica, fueron internados en establecimientos también privados. Los casos más recordados son los de Máximo Kirchner , derivado desde Santa Cruz al Hospital Austral de Pilar por una infección en una rodilla, en junio de 2012; de Ofelia Wilhelm, la madre de la Presidenta, quien este año fue intervenida por una fractura de cadera en el Sanatorio Otamendi, y de Florencia Kirchner , internada a principios de diciembre en la Fundación Favaloro por "un problema ginecológico menor", según la información oficial.

Los últimos días dan cuenta de otras contradicciones entre el relato kirchnerista y la realidad en otros órdenes de la economía. Vale recordar que, cuando debió justificar ante congresistas la necesidad de que YPF volviera a ser controlada por el Estado, el ministro Axel Kicillof cuestionó la política de precios de la nafta de las compañías petroleras y sugirió que los precios de los combustibles al público serían más accesibles con YPF en manos del sector público.

Cada vez que los familiares más directos de la Presidenta requirieron asistencia médica, fueron internados en establecimientos también privados

Pero lo cierto es que nunca el precio de las naftas al público creció tanto como desde que el Estado nacional se hizo de la mayoría de las acciones de YPF, expropiadas a la española Repsol . Sólo este año, el precio de la nafta súper experimentó un alza cercana al 45 por ciento.Y recientemente, en momentos en que el precio internacional del crudo acumula un descenso superior al 40 por ciento en lo que va del año, apenas se anunció una rebaja de los precios de las naftas del 5 por ciento desde los primeros minutos de 2015.

Las distorsiones de la economía argentina encuentran muchos más ejemplos. Más de una vez, el relato kirchnerista señaló que las retenciones a las exportaciones agrícolas ayudarían a "cuidar la mesa de los argentinos". El impuesto a las ventas al exterior del trigo argentino, se dijo, permitiría evitar aumentos en el precio del pan que consumen los argentinos. Sin embargo, mientras en los últimos diez años el precio internacional del trigo ha descendido levemente, en el mismo período los argentinos han visto crecer el precio del kilo de pan desde $ 2 hasta alrededor de $ 24 en la actualidad.

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