Eduardo Basualdo: un portal a otra dimensión
Antes de cumplir 40 años, después de haber participado en la Bienal de Venecia, expone sus instalaciones en cinco países mientras es representado en arteBA por una galería alemana
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"Esto es un portal", dice Eduardo Basualdo mientras atraviesa el aro de cobre. De inmediato se detiene y piensa en la posibilidad de añadirle fuego, ya que sus obras siempre están mutando. "Me gusta la posibilidad del desastre, de que todo se puede desbordar –explica mientras recorre Éter, su muestra actual en la galería Ruth Benzacar–. Para mí el factor de riesgo genera atención; la obra tiene que desnudar al espectador. Por eso trabajo con instalaciones: esto está sucediendo acá. Esta se llama El salto del león y tiene que ver con un proyecto que voy a presentar en París, que también se relaciona con puertas que se pueden abrir en otros lados. Cuando se cierra un espacio nos concentramos sólo en lo que se cierra, pero a la vez se abren otras posibilidades."
Vaya si se le abrieron puertas a Basualdo. Antes de cumplir 40 años, este artista porteño nacido en 1977 ya exhibió sus instalaciones en las principales ferias y bienales del mundo, incluida la de Venecia, y es representado por galerías del país y del exterior. Participó de la prestigiosa Beca Kuitca (2010/11) e integra el grupo multidisciplinario Provisorio Permanente. En estos días tiene doble exhibición en Buenos Aires: la exposición en Ruth Benzacar y su participación hasta hoy en arteBA, representado por la galería alemana PSM. Mientras tanto, en la sede berlinesa de PSM exhibe Incisivo hasta fin de mes y prepara otras tres muestras en Washington, París y San Pablo, que inaugurará en las próximas semanas.

Argentina
"Trabajo mucho con el concepto de semilla –dice Basualdo–. La semilla es potencia pura. La mínima expresión de una promesa. Lo que tiene es que hay que activarla; puede permanecer latente miles de años y si la activás, no para. Si para, muere."
Basualdo habla ahora en el interior de la instalación que divide la galería Ruth Benzacar, un enorme galpón reciclado de Villa Crespo. Indivisible es como un útero al que se puede entrar y salir renacido. Un espacio virtual y luminoso que cambia de tamaño según la cantidad de gente que entre en él.
"La idea era sacarle a la pared una feta para poder experimentar de qué está hecha la convención del cubo blanco en el arte, de qué está hecho el vacío en el arte –agrega–. Es como sacarle la piel a la pared y ver qué pasa ahí. Evoca otra fantasía mucho más amplia que se repite en toda mi obra, que es el hecho de estar a medias. Estar sin ser visto, estar escondido, como si fuera un recogimiento. En este caso no es voyeurismo, porque no podés ver hacia aufera. Pero podés escuchar."
Para llegar hasta aquí adentro hay que romper un papel, leer un texto sobre el sentido del tacto y atravesar Puente levadizo, instalación que representa una pared partida al medio, suspendida por una costura metálica. "He trabajado bastante con los límites y cómo expandirlos, y esto es una línea que se transforma en espacio –continúa–. Pasamos de dos dimensiones a tres. Como un portal que se abre hacia otra dirección. El pasaje no es hacia adelante, sino hacia arriba."
El título de la muestra, Éter, evoca una hipótesis obsoleta sobre una materia invisible que no es reconocible –no es aire, ni agua, ni fuego, ni tierra– y que está en todos lados. "Acá, la idea es estar en ese espacio", dice Basualdo.
En ese pasaje hacia arriba, lo que se encuentra es un agujero en el techo. Un agujero con forma de huevo en el vidrio, como si hubiera sido atravesado por una piedra. "Lo hice yo, para esta muestra –explica el artista–. Tenía ganas de incluir el cielo como un color. Yo no uso colores, porque uso materias; el color para mí todavía es como un revestimiento de una materia. Pero el color del cielo es un concepto, un color que tendría profundidad. Para mí, es como la salida de la muestra."
Estados Unidos
Días después de haber inaugurado Éter, Basualdo viajó a Washington para montar en el Museo Hirshhorn la obra El fin del desenlace, exhibida por primera vez en la galería alemana PSM, que ahora pasará a integrar la colección del museo. Es una pieza que representa una piedra gigante y ocupa todo el espacio de la sala; al público le queda sólo un pequeño corredor para moverse.
"La idea era quitarle el desenlace a la historia –dice Basualdo–. Esa instalación, que puso en pie de igualdad el espacio de exhibición y lo que se está exhibiendo, para mí es la bisagra entre ese momento más gótico, más misterioso y oscuro, y este momento, en el que que aplico los mismos recursos al cubo blanco. A partir de esa obra empecé a trabajar con las coordenadas con las que nos movemos en el punto cero de exposición, que son las paredes y el piso."
Alemania
Las paredes de la sede de la galería PSM, en Berlín, están cubiertas en estos días con papel de seda. Sobre el papel, huellas de lápiz evocan rejas. Semanas atrás, cuando inauguró la muestra Incisivo, se alcanzaba a distinguir un dedo fantasmal que presionaba contra el papel, como si intentara contactar al público desde otra dimensión.
"Estoy trabajando mucho con la idea de estar confinado a tu cuerpo, el cuerpo como una cárcel permeable –dice Basualdo–. La acción que realicé en PSM tiene que ver con relacionarse con ese interior a partir de la palabra o del tacto. Todas las obras que estoy haciendo en este momento tienen que ver con el tacto como el nuevo sentido que te permite discriminar qué es real. Porque la vista engaña, pero el tacto no."
Francia
Cárcel se titulaba la intalación de Basualdo vendida a un coleccionista argentino por la misma galería en la sección U-Turn de arteBA, en 2013. Era una jaula que permitía entrar y salir por las paredes pero no por la puerta. En otra muestra individual que inaugurará el viernes próximo en la sede parisina de la galería VNH, el artista presentará entre otras obras un portón que abre un espacio cada vez que intenta clausurar otro.
"Me interesa establecer que los límites físicos, muchas veces, son una pantomima. La ficción del control. La estructura no es física sino política, de contratos humanos. Es cuestión de tiempo para darse cuenta de que todo es una unidad, de que no se puede dividir el espacio."
Brasil
El contraste entre estructuras también está presente en Primera nieve, una de las obras que integran Éter. Un trozo de papel flota pegado a una viga de hierro que atraviesa la pared y simboliza la sangre. "La sangre como verdadera identidad que termina en el yo, la última capa de una viga infinita. Este papel no va a durar mucho. Es el mismo concepto del nombre de mi grupo, Provisorio Permanente".
Basualdo se refiere al colectivo que integra con Victoriano Alonso, Hernán Soriano, Manuel Heredia, Pedro Wainer, y Artur Lescher. Próximamente debutarán en San Pablo, en la galería Nara Roesler, con la muestra Lux, que incluirá su producción de los últimos años.









