El difícil laberinto de cómo seguir
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Con independencia de los récords de crecimiento y consumo a los que hace referencia el gobierno estos días, se discute hoy si Argentina es un país “partido” que avanza a dos velocidades y cuya trayectoria hacia adelante debe verse como una letra ”K”. O sea, sectores que suben y otros que caen.
Lo que falta decir es que esto no es simétrico, no es mitad una cosa y mitad otra. En un caso, el segmento ganador (extractivas, energía, campo) apenas araña el 20% de la economía (PBI) y hasta con algún tema de baja rentabilidad y distintas velocidades en la mitad de ese segmento. Por otro lado, el segmento perdedor ronda el 50% del PBI (industria, comercio, construcción) con fuerte heterogeneidad negativa en su interior. El resto del PBI es neutro, muy difícil de interpretar en las cuentas nacionales y sus cálculos, y de escasa sensación térmica en la calle.
Por lo tanto, lo de dos velocidades que da idea de simetría, no es cierto. No hay dualidad. Hay fragmentación regresiva.
No da tampoco para un análisis de clase social. De pobres contra ricos. Más allá de la regresividad e islas de riqueza que el “modelo” genera puede haber un trabajador con empleo y buen ingreso en una región, y al mismo tiempo un pequeño o mediano empresario asfixiado a punto de tirar la toalla en otra región y sector. Ello consolida una fractura que no es horizontal ni obvia. Es transversal y totalmente irregular. De momento mayoritaria en términos de la densidad poblacional involucrada.
Nadie dice que los números están mal. Es que son muy desiguales en comportamiento. Esto último, sumado a las densidades a las que hacemos referencia (empleo, regiones), lleva a preguntarse cómo sigue hacia adelante y si “van a hacer algo” y cambiar... algo.
Visto así, las frases, economía dual, distintas velocidades, letra K, etc., pasan a ser definiciones vacías e irrelevantes. El tema central es si esta asimetría se corrige, o si lo que se está viendo llegó para quedarse, dado que este “descalce” sectorial empieza a preocupar económica, política y socialmente al gobierno.
En el mismo sentido, aparece la pregunta de si el Gobierno quiere/puede hacer algo o primará el “morir con las botas puestas”, esto es sostener el modelo y el “programa” tal como está, que prime su supuesto costado virtuoso, aumente la demanda del peso, se profundice la desinflación, el renacimiento del crédito, la demanda de préstamos, etc. Este escenario significa un camino largo y sinuoso aun en caso de éxito. Difícil en términos del nuevo round de paciencia que ha solicitado el propio Presidente a la sociedad. Caso contrario, altamente probable, el tema es cómo seguir, qué hacer y qué esperar a futuro.
Por supuesto a esta altura está faltando en el análisis un condimento vital al que todavía no he hecho referencia que es la credibilidad y confianza en la política, el “programa” y las personas. Certeza que debiera ser superlativa porque a esta administración, o la que le hubiera tocado, carga con la responsabilidad de tener que dar vuelta la desconfianza histórica que arrastra el país. Se trata sin discusión de una administración que, más allá de los progresos macro (siempre en términos comparativos con lo anterior hasta aquí), no ha podido reconstruir confianza. Riesgo país, reconstrucción de reservas y fundamentalmente dolarización de las personas son indicadores, hasta el momento, que muestran esto con claridad. Por lo tanto, mirando al futuro la reconstrucción de la confianza será un elemento clave para quebrar la estanflación.
En el durante, los seguros fiscal y externo son muy importantes a los efectos de evitar una crisis tradicional e histórica. Cierto es que, lamentablemente el espectacular comercio exterior (en parte por pobres importaciones) terminan en el colchón o en Punta Cana. Pero de nuevo, “ventear Vaca Muerta” evita una crisis. Y el superávit del fisco, más allá de todas sus licuaciones y falencias, será un legado de esta administración que deberá imitar cualquier administración que se floree con el progresismo. Pero estos seguros (externo y fiscal) o la administración de flujos, tipo de cambio y la deuda, tareas a las que le presta especial y casi única atención este equipo económico no recomponen con rapidez la confianza ni reaniman el programa.
Por lo tanto, parados aquí ¿es posible un shock de inversión por arriba de lo que se ve, y/o la mejora del poder adquisitivo por un colapso de la inflación, y/o el impulso del crédito de la mano de la remonetización por aumento de la demanda de dinero (en la que este gobierno no cree) sin recuperación de la confianza? Luce difícil para salir del gris bajando además la inflación a estándares internacionales.
Queda el tipo de cambio, otro elemento de alta sensibilidad política y de notable responsabilidad no solo para la convivencia con el peso en una economía bimonetaria sino adicionalmente como bisagra de la transición de modelos. El paso de algo prehistórico, con un peso muy débil de país miserable, a un modelo reconvertido y moderno pero preso de una ideología aperturista infantil, requiere de un tipo de cambio alineado no solo para la competitividad y asignación de recursos sino además para evitar dilapidar el formidable comercio exterior que ha tenido la suerte de usufructuar este gobierno vendiendo dólar barato.
En síntesis, se abre un proceso de meses donde lo que aquí se ha escrito definirá actividad e inflación. ¿Un nuevo mix?. En el mejor de los casos sin crisis, pero gris, pesado y todavía con inflación rebelde. Como se ha dicho, economía de dos velocidades es un concepto erróneo, y de velocidades y participaciones simétricas mucho peor.
El gobierno del presidente Milei “pateó el hormiguero”. Marcó la cancha en lo fiscal, su principal legado para la sociedad y para quien intente enfrentarlo. Pero está claramente en un laberinto respecto a cómo seguir. Deberá redefinir qué quiere en muchas variables que definirán siempre como resultado distintos valores de actividad e inflación.
Temprano para hablar de post-mileismo pero habrá que decir cómo sigue, cómo se corrige y cómo se reconstruye lo que queda pendiente.









