El peronismo, de Vandor a Cristina
El 30 de junio de 1969, una "formación especial" del peronismo mató de cinco tiros a Augusto Vandor en su despacho de la Unión Obrera Metalúrgica. El Lobo se preparaba para celebrar el decreto de Juan Carlos Onganía, que establecía la obligatoriedad de los aportes a las obras sociales sindicales, que en los hechos significó la creación de la poderosa caja del gremialismo.

Vandor había tomado tanta distancia de Juan Domingo Perón que su relación con él se había quebrado. Sin declararlo, era el líder del "peronismo sin Perón".
Sin la sangre de esos años, ni la tragedia que se sucedería en la década siguiente, el peronismo hoy afronta un problema que remite a aquel dilema. ¿Hay peronismo sin Cristina Kirchner? El pancristinismo tiene hoy como cara visible a Felipe Solá, que rompió con Sergio Massa para cruzar el límite y aceptar a la expresidenta como interlocutora válida. El exgobernador de Buenos Aires desea que Cristina le traslade sus votos como quien endosa un cheque. Este paso necesita la comprensión de la senadora de Unidad Ciudadana de que su respaldo es tan importante como casi imposible perforar el techo que la aleja de competir por el poder por sí misma.
Cristina no está sola. Convive con decenas de exministros presos e investigados, y ella es objeto de varias causas que la comprometen gravemente con la corrupción del ciclo que encabezó con Néstor Kirchner. Es por eso que le cayó tan mal a Cristina que Juan Grabois dijera que el kirchnerismo debía reconstruirse sin corruptos.
Las prevenciones éticas nunca fueron un problema para la construcción de poder en el peronismo. El 17 de octubre, Graciela Camaño (Frente Renovador) descalificó a los "prolijitos" de Cambiemos. La flamante responsable de decidir la suerte de los jueces sospechados fijaba así una posición en favor de la tolerancia hacia los "desprolijitos". Es el famoso y tan celebrado espíritu transgresor del peronismo, un signo tan argentino que se multiplica por millones y tiene raíces profundas mucho más allá de un determinado sector político.
Hasta ahora todo es ganancia para Cristina. Una buena parte del PJ está dispuesta a ignorar y a sofocar las investigaciones en su contra. Ese renovado compañerismo es hijo de las necesidades de juntarse para ganarle a Mauricio Macri.
Cristina viene respondiendo sin comprometerse. El lunes, en el Foro de Pensamiento Crítico, dijo que en su sector hay pañuelos verdes y pañuelos celestes, en un renovado aporte al viejo discurso movimientista de Perón, que solo requería a sus adherentes que le hicieran caso.
¿Aceptará Cristina un kirchnerismo sin ella? Perón consideró un pecado mortal el ensayo de Vandor. Las causas judiciales son a la viuda de Kirchner un escollo menor que el exilio al Perón de los años sesenta. Ya consiguió que el peronismo la absolviera de los cargos que le hacen jueces y fiscales. ¿Es tan difícil adivinar cómo actuará la Justicia si los deseos del PJ comienzan a parecerse cada día más a un regreso? De eso se trata al fin el desafío de Cristina: otro operativo retorno. Aunque, cuidado, las palabras suelen cambiar de significado con el tiempo.








