Emergentes: Manuel Molina. Acampar en la ciudad

Crédito: Gentileza Móvil
Con su instalación en Móvil, en la que cita a modo de inventario otras obras de arte, el artista cordobés busca reactivar la discusión entre centro y periferia
Diego Erlan
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30 de abril de 2017  

Una metáfora de Theodor Adorno sobre el arte, leída en un apunte perdido en su época de facultad, fue la que llevó a Manuel Molina (Córdoba, 1988) hasta el lugar donde hoy se encuentra. “Las obras de arte no se distinguen de los seres transitorios por su perfección superior, sino porque, al igual que los fuegos artificiales, se actualizan en el brillo de un instante en manifestación expresiva”, escribió Adorno. Molina subrayó y volvió a pensar en esa idea. Esa manera que tenía Adorno para describir la forma en que una obra estalla frente a nuestros ojos en capas de sentido hasta desaparecer.

A partir de esas líneas empezó a leerlo, a estudiarlo sistemáticamente y, de algún modo, ellas fueron el germen para sus “investigaciones adornianas”, el largo proceso artístico (y derrotero existencial) en el que Molina está inmerso. Todas las ideas con las que me he acostado, la instalación que exhibe hasta el 3 de junio en el espacio Móvil de Parque Patricios, es una nueva fase de ese proyecto.

El interior de la carpa realizada por Molina
El interior de la carpa realizada por Molina Crédito: Gentileza Móvil

Piezas traicionadas

Una carpa con parches cosidos donde pueden leerse frases, historias e ideas, ubicada en el centro de un escenario industrial, es el punto de partida de la muestra. “Mi idea era realizar una suerte de copia tergiversada –o transfigurada– de una carpa de Tracey Emin, Todas las personas con las que me he acostado 1963–95, que se quemó en un incendio en 2004”, explica Molina.

La pieza original era un listado de toda la gente con la que la artista británica se había acostado en un período de tiempo. Lo que hizo Molina fue sustituir personas por ideas o conceptos que habitan su cabeza y con las que, cada noche, termina durmiendo. En uno de los parches en el interior de la carpa, esboza una reflexión a partir de la oveja clonada que parece referirse a esta obra: “Los clones devienen originales, únicos, auráticos, reproducibles, fetiches y también testigos y parte de la historia”.

De la idea de la carpa empezaron a desprenderse, como en cascada, las otras situaciones de acampe: ropa colgada de una soga, una heladerita con libros, envases de repelente, una mesa con provisiones.

Una “conservadora” con libros de inspiración marxista
Una “conservadora” con libros de inspiración marxista Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal/AFV

A simple vista pareciera que el espectador se encuentra en una escena de camping habitual. Sin embargo, al analizar las piezas dispuestas de una manera determinada aparecen las ironías, contradicciones y ambigüedades planteadas por el artista. La heladerita, vulgarmente conocida como “conservadora”, tiene en su interior libros de teoría crítica de tradición marxista. De ese modo, el choque que le interesaba producir a Molina era semántico. “En realidad, todas las piezas están un poco traicionadas –confiesa–. Todas tienen una constitución paradójica, un juego.”

Molina estaba en Oberá, Misiones, cuando el curador mexicano Cuauhtémoc Medina propuso convocarlo para producir su primera exposición individual en Buenos Aires. “Me había ido por amor y estuve un año en ese lugar exuberante, radical, inhóspito. Cuando surgió esta propuesta planteé una suerte de acampe al revés. A Oberá, de hecho, le dicen la capital del monte. Y esto era moverme de la capital del monte a la capital del país. Era acampar desde el monte hacia la ciudad”, cuenta Molina sobre una muestra que pretende reactivar la discusión centro y periferia y apunta a citar y criticar al sistema del arte. Por eso los envases de repelente evocan La familia obrera de Oscar Bony y una antigua valija de cuero con tierra colorada hace lo suyo con una pieza de Hans Haacke.

Tijera y cinta

El pastiche, la copia, el montaje son términos que el vocabulario de Molina maneja, absorbiendo las teorías más complejas de la estética moderna. “Quizás sea una casualidad pero es un artista que en vez de lápiz lleva tijera y cinta”, señala Medina.

Con esas herramientas de producción, este investigador del Conicet parece asimilar y producir obra a partir de las agitaciones teóricas que, en otro campo, impulsan figuras como el poeta Kenneth Goldsmith. En ese camino se encuentra desde su primera muestra en el Palacio Ferreyra en 2012, donde presentó 55 pinturas que eran 55 copias del barroco español y holandés, de Rembrandt a Velázquez.

“Cuando empecé, lo hice arbitrariamente por la pintura –dice Molina–. Después, las investigaciones adornianas me llevaron necesariamente a salir de la pintura y hacer videoperformance, fotografía, dibujo. Una vez que exploré, analicé y descompuse esos lenguajes, el proyecto me empuja a volver a moverme pero sin repetirme. Uno de los lenguajes que me faltaba, digamos, era la instalación. Pensar el espacio. Y aquí estoy gracias a la propuesta de Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte, directoras de Móvil. Ahora tengo que volver a moverme. Estoy, como diría Adorno, en la transición hacia la falta de libertad de mi propio proyecto.”

La máquina del arte

Como una manera de observar etapas anteriores del proceso transitado por Molina, Todas las ideas con las que me he acostado incluye una sección dedicada a la deconstrucción de los primeros trabajos de Kandinsky, realizada en acuarela. La cuestión del inventario está presente aquí como también en cada una de las piezas de la exposición: una forma de entender el funcionamiento de esa máquina que es el arte.

“Cuando copio, necesito desarmar la obra, despedazarla en sus partes, así la entiendo y puedo replicarla. Cada tanto aparecen formas de yuxtaponer fragmentos de mi vida cotidiana. Todas estas instalaciones son parte de una sola instalación y a su vez forman parte de las ‘investigaciones adornianas’. Sería una especie de metamímesis del inventario de soportes y procedimientos del arte contemporáneo, copiados del mismo modo que la carpa: por sustitución. Esa misma lógica está en diversos niveles. Creo que el mapa del trabajo que estoy haciendo a largo plazo es un gran inventario, una forma de descomposición gramatical de las unidades del arte.”

Manuel Molina
Manuel Molina Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal/AFV

Biografía

Manuel Molina nació en Córdoba en 1988. Artista, docente e investigador, está realizando un proyecto de doctorado en la Universidad Nacional de Córdoba.

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