La novela del adiós

Sobre Botas de lluvia suecas, de Henning Mankell
Emiliano Sued
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2 de octubre de 2016  

Si alguien sale de su casa calzado con dos botas del pie izquierdo, se podría pensar que está algo dormido, muy apurado o las dos cosas a la vez. Esta última alternativa es la situación en que se encuentra el protagonista de Botas de lluvia suecas en el inicio de la novela. Mientras estaba durmiendo, su casa comenzó a arder. Cuando el humo lo despertó, tenía poco tiempo para salvarse de las llamas. Una vez afuera, sólo le queda ver cómo su hogar empieza a ceder al fuego. Por suerte, nadie ha quedado adentro. Fredrik Welin vive solo y acaba de perder el más importante de sus bienes: la casa que heredó de sus abuelos, construida en la isla donde pasó parte de su infancia y adonde regresó muchos años después, cuando decidió dejar la medicina y alejarse de todo.

Botas de lluvia suecas es el último libro del sueco Henning Mankell (Estocolmo, 1948-2015), escrito cuando ya estaba muy enfermo y publicado poco antes de su muerte. Es la segunda parte de una historia que comenzó en Zapatos italianos (2006). Fredrik es un médico cirujano que abandonó su profesión luego de amputarle por error un brazo a una mujer. Su solitaria penitencia en medio de un archipiélago del mar Báltico es el estado inicial de aquella novela. En esa primera parte, los planes de aislamiento de Fredrik son alterados cuando recibe la visita de una novia de su juventud que está cerca de morir de cáncer. Ella le pide que cumpla con una vieja promesa: llevarla a una laguna ubicada en el norte de Suecia. Pero aquel inesperado pedido incluye otro propósito: presentarle a Louise. Así Fredrik se entera de que es padre hace más de tres décadas.

Ocho años después, cuando las llamas acaban de apagarse y de su hogar no quedan más que ruinas, el médico retirado se enfrenta a este enigma: “Cómo se había iniciado el fuego. No había ninguna explicación. Era como si la casa se hubiera incendiado sola. Como si una casa pudiera suicidarse a causa del cansancio, la edad y el tedio”. Muy poco después se comprobará que detrás del fuego hay un incendiario. Y como hay un seguro por cobrar, Fredrik resulta el principal sospechoso.

La narración en primera persona estrecha la perspectiva y carga de subjetividad el relato de este hombre de setenta años que, al mismo tiempo que niega toda responsabilidad sobre el incendio, siente que también sus vecinos desconfían de él. Su creciente paranoia empieza a socavar su propia certeza de inocencia. Lo asalta la sensación de que tal vez la vejez ha comenzado a afectar su razón. El lector recibe entonces con recelo lo que percibe el narrador, probablemente senil. Fredrik, de todos modos, necesita reorganizar su vida, tomar una decisión: “¿Quería volver a construir la casa? ¿O dejaría que Louise heredara un terreno quemado?”. La inesperada catástrofe que lo obliga a vivir en una casa rodante, lo acercará a su hija, con quien no le resulta fácil comunicarse. Además de ella, otra mujer lo llevará a romper su aislamiento. Lisa Modin es una periodista que pretende contar la historia del hombre que ha perdido todo en unas horas.

En Botas de lluvia… no está el inspector Kurt Wallander –el personaje que hizo de Mankell un escritor popular– y la policía apenas investiga. Ese vacío enciende en Fredrik una curiosidad incontenible que en varias ocasiones lo enfrenta a pequeños misterios. Amo de la intriga, Mankell oculta la identidad del incendiario hasta el final. Pero a diferencia de lo que ocurre en el género policial, la muerte no depende de la mano cruel de un asesino. Es una angustia existencial, una sombra impredecible: “La muerte sopla en nuestras nucas. Pero nadie sabe cuándo llegará el golpe”, afirma Fredrik. No es extraño que este personaje de cierta edad tenga recuerdos que se asemejan a algunos de los que narra Mankell en Arenas movedizas, el libro de memorias que escribió en el primer año de su batalla contra el cáncer. Allí el autor parecía ofrecer un raro consuelo que Fredrik repite como conjuro del matiz trágico de Botas de lluvia: “No podía entender en absoluto por qué había de dejar de relacionarme con viejos amigos sólo porque estuvieran muertos”. La novela, que representa el adiós de Mankell, reafirma los motivos para seguir en contacto con el gran escritor sueco.

BOTAS DE LLUVIA SUECAS

Por Henning Mankell

Tusquets

Trad.: Gemma Pecharromán

400 páginas

$ 389

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