#LectoresEnRed. Quién es Nicolás Arispe, el creador de un bello y oscuro libro con relatos de Laiseca y Chimal
Con una gráfica en blanco y negro, el ilustrador argentino le pone imágenes a La madre y la muerte/La partida, un libro de dos caras en el que confluyen relatos del argentino Alberto Laisea y el mexicano Alberto Chimal
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Una noche en un bar de Once, Alberto Laiseca (1941) narró La muerte y la madre, un antiguo relato oral que Hans Christian Andersen bautizó como Historia de una madre. Tal fue el impacto en Nicolás que apenas llegó a su casa comenzó a bocetar la historia, a imaginar a esa madre dispuesta a hacer lo imposible por recuperar a su hijo de las manos de esa “flaca, apergaminada y huesuda. Una muerte clásica, digamos.”
“Me impactó la historia, pero aún más la forma en cómo la contó Alberto. No me quedó otra que tener la necesidad de dibujarla –confiesa a #LectoresEnRed Arispe–. Me conmocionó el desprejuicio y la virtud con que narraba un tema dificilísimo.”
Para ilustrarla, necesitaba escucharla de nuevo y así recrearla. “Tiempo después encontré en internet un video con un audio malísimo que me ayudó a hacer el planteo original del libro.”
La dificultad de encarar el tema de la muerte de un hijo y la posibilidad de ilustrar un relato de Laiseca, un autor al que admira, significó para el argentino Nicolás (1978) un verdadero reto.

“Como ninguna madre deja que le arrebaten a su hijo así nomás, la muerte tuvo que pasar sus dedos huesudos por el rostro de la madre para envolverla en un sueño mágico, en un hechizo. Después le quitó el niño y se fue… “, narra Laiseca en su versión del relato europeo.
Tras ver el trabajo de Nicolás, Laiseca se convenció y juntos acercaron la propuesta al Fondo de Cultura Económica (FCE). La editoria,l entusiasmada, sugirió subir la apuesta y sumar el cuento La partida, del mexicano Alberto Chimal (1970), que también explora el peor de los dolores: la muerte de un hijo. El resultado: un libro de dos caras, un objeto de colección, de tapa y contratapa de cartón grueso impresas con tinta metálica y lomo de tela negra. Dos relatos trazados en una gráfica en blanco y negro por un estilógrafo Rotring 0,2, herramienta heredada del colegio industrial.

“El mayor desafío era ilustrar dos historias acerca del mismo tema sin caer en reiteraciones ni obviedades –explica Arispe–. Para llegar a buen puerto conté con el ejemplo de ambos autores. Cada uno trabaja y enfoca de un modo muy distinto el tema. Laiseca es más despojado, Chimal más cadencioso, tiene un ritmo más modulado que el de Laiseca, quien toma una historia del siglo XIX y la trae al presente. Chimal, al revés, juega con un tipo de clima que recuerda a cierta literatura de inicios del siglo XX. Lo conecto con Saki, con Jacobs, incluso con Fredric Brown. Esa distancia entre ambos textos, pero la temática en común, me daba espacio para crear mundos diferentes para cada una. Esa fue mi guía. Buscar dos tonos diferentes pero que pudieran convivir. “
Dejar una estética morbosa que se regodee en la desgracia de los protagonistas fue otro de los retos que se propuso Arispe. “Quise mantener cierta sobriedad en el tono y aportar el exceso en el simbolismo que rodea a los personajes.”
Ambos cuentos se encuentran en el medio del libro y a manera de cierre Arispe ofrece un juego de espejo entre las dos imágenes. “Fue difícil pensar la ilustración central en donde las historias se conectan. Esta fue una idea de la editora y a mí me gustó mucho pero claro, había que resolverla... Creo que salimos bien del paso.”
En el cuento de Alberto Chimal, La partida –originalmente publicado en El país de los hablistas (FCE 2010)– una madre implora a los dioses que le devuelvan a su hijo, que ha muerto en un terremoto (hace referencia al ocurrido en México en 1985).
“Los dioses, compadecidos, no dejaron que el alma del pequeño entrase en el Otro Mundo y la devolvieron a su cuerpo. Pero ya se saben cómo son los dioses: el cuerpo no dejó de estar muerto, no se aliviaron de las múltiples heridas.”
–Aún hoy, encarar el tema de la muerte resulta complejo. Existe cierto prejuicio y la mirada hacia ella resulta terrible y perturbadora.
–En algunas culturas de Occidente, sobre todo urbanas como la nuestra, nos cuesta lidiar con la muerte a puntos preocupantes. La muerte es horrible, la propia espanta y ni hablar si pensamos en nuestros seres queridos. Pero el antídoto de negarla es peor, es un alimento más potente para ese miedo. Podría justificarla desde el punto de vista natural, de los ciclos, etc. Pero la verdad es que pensar en la muerte angustia. Y creo que el único modo de aliviar toda angustia es poder ponerla en palabras, en imágenes, hacer música, cine, no sé, lo que sea que permita un canal para elaborar el problema. No podemos derrotarla, podemos hacer arte para pensarla, para reírnos de ella o de nuestro miedo o para reconocernos en ese terror.
–Se dice que el arte puede ayudar a entender lo inentendible. ¿Crees que es así? El propio Laiseca aseguró que los chicos deben saber que este mundo es espantoso.
–No sé si ayuda a entender. Eso depende de lo que haga cada uno. No le podemos atribuir semejante poder al arte. Ni creo que tiene el poder de explicar, ni emancipar, ni curar, ni nada de eso. Es una herramienta. Ayudar a entender lo inentendible nos ayuda a recordar que hay inentendibles que no podrán ser descifrados pero que sí pueden ser tocados. Lo que dice Laiseca, lo dice sin medias tintas. Los cuentos de miedo para chicos, por ejemplo, son fantasías que encriptan problemas de la vida y que los chicos saben leer bien. Por eso es necesario que haya literatura y arte para chicos de calidad que se ocupe de estos temas. No es cruel hablarles del miedo, lo cruel es no hablarles de eso. Y es hipócrita fingir preocupación por que se acerquen a esos temas cuando están sometidos a una matriz de consumo horrorosa que los ataca sin piedad y nadie hace nada.
–Hablar de la muerte ya resulta perturbador. Encarar la muerte de un hijo lo es aún más. Para hacer frente a esta temática elegiste explorar el lado metafórico. En tus imágenes no existen personajes humanos
–La metáfora ayuda a introducir el tema sin ser groseros o literales. En el cuento de Laiseca me interesaba mostrar a la madre con cabeza de zorra porque le da un tono de fábula. En el relato de Chimal opté por las calaveras para aportar algo de clima del arte mexicano, como el de. José Guadalupe Posada (célebre grabador, ilustrador y caricaturista mexicano). Los textos son breves y ambos tienen las palabras justas, evitan todo exceso, que es lo que me propuse darle a las ilustraciones: algo más bien barroco, de muchos recorridos y simbología.

En la actualidad, Nicolás está trabajando en las ilustraciones para un libro de una editorial francesa. “Se trata de una reinterpretación, bastante libre, de algunos capítulos del Antiguo Testamento –anticipa–. También está la posibilidad, aún me queda mucho por definir, de encarar un texto de ficción, una historia de fantasía que transcurre durante una guerra.”
El mundo de Nicolás Arispe:
http://nicolasarispe.blogspot.com.ar/









