Escritores y fanáticos de ciencia ficción en una pelea encarnizada por su premio más famoso
Tras quedar vacante los últimos dos años a causa de una campaña de lectores en contra de su "agenda progresista" , el triunfo de las escritoras NK Jemisin y Nnedi Okorafor en los premios Hugo promete acrecentar la polémica
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Anteayer se entregaron los premios Hugo a las mejores obras de ciencia ficción del año en múltiples categorías.
Entre los principales ganadores están The Fifth Season, de la norteamericana N.K. Jemisin, como mejor novela; Binti, de la también estadounidense Nnedi Okorafor, como mejor nouvelle (aquí puede leerse un extracto, en inglés); “Folding Beijing” de Hao Jingfang, fue seleccionado como mejor cuento largo y “Cat Pictures Please”, de Naomi Kritzer, como mejor cuento corto.

En el rubro relato gráfico se impuso uno de los grandes nombres del género como Neil Gaiman, con su regreso a uno de sus universos más conocidas, The Sandman: Overture.
El mejor relato dramático en cine fue el guión de Misión rescate, escrito por Drew Goddard. El mejor relato dramático en televisión fue el episodio "Smile", final de temporada de la serie Jessica Jones, escrito por Scott Reynolds, Melissa Rosenberg y Jamie King.
Aquí terminan las distinciones y comienzan las controversias.
Los Hugo –que no deben confundirse con los lauros con el mismo nombre que se entregan en nuestro país a lo mejor del teatro musical; los literarios homenajean al director de la revista Amazing Stories– se entregan ininterrumpidamente desde 1955 a las mejores obras de ciencia ficción de cada año en distintas categorías. A diferencia de los Nebula, otorgados por la asociación de escritores de fantasía y ciencia ficción, los Hugo son votados por los lectores, específicamente aquellos que participan de una convención en el Medioeste norteamericano llamada WorldCon.
Entre las obras que han ganado tanto el Nebula como el Hugo se encuentran clásicos que han superado las barreras del género como Duna, de Frank Herbert (1966); Encuentro con Rama, de Arthur Clarke (1973); Los desposeídos (1969) y La mano izquierda de la oscuridad (1974), de Ursula K. Le Guin; El juego de Ender, de Orson Scott Card (1985) y American Gods, de Neil Gaiman (2002).

Pero por estos días, los Hugo son noticia en buena parte del mundo anglohablante por la controversia que ha opacado el prestigio de sus selecciones en los últimos tres años. Según registra The Guardian, desde 2013, dos grupos de fanáticos, autodenominados Sad Puppies y Rabid Puppies, horrorizados por lo que afirman es "un sesgo progresista e izquierdista" en los premios comenzaron una campaña para privilegiar historias "con más aventura y entretenimiento y menos mensaje" entre los ganadores. Uno de los líderes de Rabid Puppies, Theodore Beale, fue expulsado de la asociación de escritores del género luego de afirmar que Jemisin, la escritora negra ganadora del Hugo este año, era "una salvaje ignorante".
A quienes no estaban de acuerdo con la selección de autores propuestos por ambas ramas de los Puppies –que lanzaron campañas masivas en Internet en favor de los títulos que deseaban destacar– sólo les quedaba la opción de votar por que se declarara desierta la categoría. En 2015, 51 de las 60 recomendaciones de los Sad Puppies llegaron a la lista final y cinco de los premios principales no fueron entregados (este año se redujeron a dos las ternas sin ganadores). Por estos días, los organizadores de los premios Hugo meditan cambiar el mecanismo con el que seleccionan y se premian las obras para 2017.
Jemisin y Okorafor –que ya había ganado el Nébula por su relato sobre el primer integrante de la etnia himba de Namibia en ser aceptado en una prestigiosa universidad intergaláctica– son las más conocidas del grupo de ganadores del Hugo, que este año son mayoritariamente mujeres, con lo que se espera que, de no mediar cambios, la campaña recrudecerá el año próximo.










