Malba, una historia abierta

Rompecabezas, 1968-70. La obra de Jorge de la Vega, de 1968-70, integra la colección del Malba
Rompecabezas, 1968-70. La obra de Jorge de la Vega, de 1968-70, integra la colección del Malba Crédito: Gentileza Malba
A 15 años de su fundación, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires continúa apostando por el cambio permanente para trascender todos los límites
Celina Chatruc
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18 de septiembre de 2016  

“Estas cosas van a traer a la larga grandes consecuencias”, advertía hace 45 años Jorge de la Vega, al señalar que la gente estaba “reconquistando medios de expresión”. Meses antes, en septiembre de 1970, el artista había presentado en la galería Carmen Waugh una “exposición- concert” que incluía monólogos y canciones interpretadas por él mismo delante de sus pinturas.

“Hay que proceder con impaciencia/ y controlar las dosis de prudencia,/ pues puede que un buen día de repente/ cambie todo y tengamos que empezar/ nuevamente”, entonaba con ironía junto a la pieza Rompecabezas. La obra consistía en 24 paneles con imágenes de hombres y mujeres tomados de la mano, concebidos para generar múltiples combinaciones al variar de ubicación.

Esos paneles parecen cobrar nuevos sentidos en estos días como símbolo de una escena local en continua mutación, que promete seguir creciendo gracias a la flamante alianza entre Buenos Aires y Art Basel. El miércoles próximo, la obra de De la Vega será uno de los iconos de la celebración de los 15 años del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, institución que marcó un punto de inflexión en la vida cultural porteña, como parte de una muestra que propone ver el arte latinoamericano de otra manera.

El mapa invertido de Torres García, en Verboamérica
El mapa invertido de Torres García, en Verboamérica Crédito: Gentileza Malba

Siguiendo el paradigma de un museo vivo en constante crecimiento, los límites del Malba continúan en expansión. La iniciativa más reciente es el proyecto de instalar una sede “con fuerte impronta social” a pocas cuadras del edificio sobre la avenida Figueroa Alcorta, detrás de las vías del Ferrocarril Belgrano, que funcionará como “un museo de arte contemporáneo del siglo XXI, con proyectos artísticos de gran escala”.

Esta apuesta llega después de que se consolidara una sólida estrategia de cooperación internacional y de que un programa federal llevara a varias provincias la primera exposición itinerante de la colección. Y mientras se mantiene el sueño de ampliar el edificio de 3500 m2 bajo la plaza República del Perú, la nueva lectura curatorial de la colección nace acompañada por la catalogación de las obras del acervo a cargo de expertos de distintos países, que estará disponible online, y por un glosario abierto a los aportes del público.

“La historia del arte es la historia de las sociedades. Ya no existe ‘la’ historia; hay múltiples y derivadas historias, es una historia abierta”, dice a LA NACION Agustín Pérez Rubio, director artístico del Malba, al explicar por qué impulsó una relectura de la colección permanente del museo. Junto con la investigadora Andrea Giunta, seleccionó 170 obras de las 590 del acervo para montar Verboamérica, exposición que se aleja de la cronología y de las comparaciones con los movimientos europeos para profundizar en los propios contextos.

“Quisimos eliminar la idea de sustantivo por la de verbo –señala Giunta–. En vez de catalogar y clasificar, nos interesa más reflejar cómo fue vivido este continente a través de las imágenes. Así nació Verboamérica: es un término en el cual repercuten otros usos, que nosotros fundimos para crear una palabra. Traemos a la memoria lo que le pasaba a Hernán Cortés cuando le escribía a la reina y decía: ‘No tengo las palabras para describir esto’. América es la vida que se vivió acá. No es un sustantivo, no es una esencia, no es una identidad.”

La punta del Obelisco se exhibió en el Malba gracias a Leandro Erlich
La punta del Obelisco se exhibió en el Malba gracias a Leandro Erlich Fuente: Archivo

Así, por ejemplo, La familia obrera de Oscar Bony estará incluida en uno de los ocho núcleos temáticos de la muestra. Se exhibirá junto a obras de otros artistas –como Antonio Berni, José Clemente Orozco y Ana Gallardo– que invitarán a reflexionar sobre el trabajo, el sindicalismo y las consecuencias del crecimiento demográfico en las ciudades latinoamericanas.

Más allá de los estereotipos

La forma de mirar el continente comenzó a cambiar en 2004 gracias a la exposición Utopías invertidas: arte de vanguardia en América Latina, curada por Mari Carmen Ramírez y Héctor Olea en el Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH). Hasta entonces, la imagen global sobre la región se limitaba a estereotipos representados por Frida Kahlo y el muralismo mexicano.

Al año siguiente, el MFAH se asociaba con el Malba para impulsar proyectos conjuntos. En el extremo sur del continente, el museo porteño custodiaba un tesoro. Muchas de las 223 obras que habían sido donadas por Eduardo Costantini al fundar la institución, la única del continente dedicada en forma exclusiva al arte latinoamericano desde 1900 hasta hoy, ya no tenían equivalentes disponibles en el mercado.

Nacía así un círculo virtuoso de cooperación mutua, que en 2012 abrió al Malba las puertas de Estados Unidos. Su consagración definitiva como referente regional llegó cuando presentó en Houston lo más valioso de su colección: las obras del período moderno, creadas durante la primera mitad del siglo XX. Entre ellas, Autorretrato con chango y loro (1942), de Kahlo, y Abaporu (1928), de Tarsila do Amaral, muy codiciada en Brasil y cedida en préstamo en dos oportunidades al país vecino.

“Esta muestra es parte de una estrategia”, adelantaba entonces Costantini ante decenas de coleccionistas, periodistas y sponsors. Al año siguiente aterrizarían en la capital del petróleo Juanito y Ramona, los humildes personajes de Antonio Berni que protagonizarían al regresar a Buenos Aires la tercera muestra más visitada del Malba. Un escalón más abajo en esa lista (ver recuadro) se ubica la exposición dedicada a Carlos Cruz-Diez, que el MFAH trajo en 2011 a Buenos Aires.

Al mismo tiempo que desembarcaba en Estados Unidos, el Malba comenzaba a exportar a otros países muestras Made in Argentina, como las dedicadas a Víctor Grippo (2004) y Xul Solar (2005). Se realizaron alianzas con prestigiosas instituciones del continente que incluyeron a la Pinacoteca de San Pablo y a los principales museos de México. El año próximo, Perspectiva de Jorge Macchi se presentará en el CA2M de Madrid y Dream Come True, de Yoko Ono, seguirá viaje a Chile.

Las fronteras, según el Malba, sirven para cruzarlas. A la designación del español Pérez Rubio como director artístico, en 2014, siguió la consolidación de un equipo asesor que incluye a otros expertos extranjeros como Julieta González, Adriano Pedrosa y Octavio Zaya. Todos ellos fueron invitados al seminario internacional realizado ayer como parte de los festejos, que incluyó la participación de Tanya Barson, curadora de la Tate Modern de Londres, y Catherine David, directora adjunta del Museo Nacional de Arte Moderno de París. “Nuestra idea es que dentro de dos o tres años haya una nueva mirada curatorial –adelanta Pérez Rubio–. Puede ser con un curador de afuera. Para entender esta idea de que es una colección viva.”

Costantini inició su colección en los años 80, asesorado por el empresario Ricardo Esteves. En los años 90 decidió abrirla al público, compró un terreno y superó la oposición de los vecinos para construir un edificio que le costaría más de 20 millones de dólares. Finalmente logró abrir las puertas del Malba el 21 de septiembre de 2001, diez días después de que cayeran las Torres Gemelas y mientras la Argentina avanzaba hacia una de las peores crisis de su historia.

Una historia compartida con toda la región, que no es ajena a la colección del museo. Según Giunta, Verboamérica refleja “el otro lado de ese discurso del progreso, del desarrollo, de la modernización, que iba quedando latente, encriptado y engarzado dentro de la realidad, dispuesto a estallar en distintos momentos”.

Jeff Koons y su Ballerina en Malba
Jeff Koons y su Ballerina en Malba Fuente: Archivo

“Nos adaptamos a cualquier cosa/ mientras no sea muy espantosa,/ nos adaptamos sin preguntarnos/ para qué cornos adaptarnos”, cantaba De la Vega. En el caso del Malba, la capacidad de adaptación rindió sus frutos. Gracias a la labor de Marcelo Pacheco, su curador en jefe durante una década, el museo logró duplicar en forma coherente su colección y convertirse en un destino obligado para cualquier visitante extranjero.

Hoy, la Argentina comienza a ocupar un lugar privilegiado en la escena global. En un año de números redondos, en el que también se celebran los aniversarios de otras instituciones clave para que esto fuera posible –los 60 del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, los 25 de arteBA y los 20 de Fundación Proa– el país recibió una invitación especial para participar de ARCO, la feria madrileña que le abrirá en 2017 las puertas del mercado europeo. Y Art Basel, la feria más importante del mundo, eligió Buenos Aires para desembarcar en América Latina con su programa Art Basel Cities. “Puede que un buen día de repente/ cambie todo”, advertía De la Vega.

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Yayoi Kusama, la muestra más visitada Fuente: Archivo

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