Marcia Schvartz, humor e ironía en una mirada contemporánea

Mesa de entrada. Técnica mixta sobre cartón 2012
Mesa de entrada. Técnica mixta sobre cartón 2012 Crédito: Gentileza Colección Fortabat
Los trabajos recientes de la artista se exhibirán desde el 19 de octubre en Colección Fortabat
Marina Oybin
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2 de octubre de 2016  

Cargada de ironía y humor ácido, la visión singular de Marcia Schvartz se desplegará en Colección Fortabat desde el 19 de octubre cuando inaugure Ojo, la muestra que presentará su producción reciente junto a varios trabajos realizados en las últimas décadas. Más de un centenar de piezas –pinturas, dibujos, acuarelas, cerámicas, lanas y ensamblajes– fueron reunidas por el historiador Roberto Amigo y el artista Gustavo Marrone. El retrato de este último que hizo Schvartz en su atelier, en 1988, integra la colección del Museo Nacional de Bellas Artes.

Los retratos son un sello en la obra de Schvartz, ganadora del Gran Premio de Honor Salón Nacional de Artes Visuales 2013 con la pintura Toma de la Belgrano. Desde sus inicios se interesó por personajes y sitios que la tradición pictórica no había abordado, y cuestionó los pilares del supuesto buen gusto en el arte. En sus obras no hay una mirada condescendiente: prima el grotesco.

En sus pinturas registró a los protagonistas del underground porteño y de los sectores suburbanos. Desde amigos travestis, en los años ochenta, hasta vecinas del barrio, amas de casa en sus ámbitos cotidianos, comensales en pizzerías, militantes de unidades básicas y asistentes a bailantas. “Siempre me interesaron los humildes y los desposeídos –dijo a LA NACION–. Vivo cerca de Constitución; pinto a la gente que tengo cerca.”

El grito sagrado. Técnica mixta, 2014
El grito sagrado. Técnica mixta, 2014 Crédito: Gentileza Colección Fortabat

De la intimidad al museo

Además de indagar el mundo marginal, retrató a su hijo, a sus alumnos, a un joven anarquista, al ayudante del plomero lleno de piercings, a la DJ Anita y a Mariana, una fotógrafa jujeña. “No pinto a cualquiera: tiene que tener algo que me capture”, explica.

Los pinta o dibuja en su casa, y cada uno puede llevar aquello que lo identifica. “Su mundo”, dirá la artista. Así lo hizo Batato Barea con su ropa, sus collares, anillos, un payaso, un bonete y un revólver de juguete. Batato, óleo de 1989, pertenece a la colección del Malba y fue incluido en la flamante muestra Verboamérica. “No me interesa trabajar con modelos profesionales porque para ellos no es un acontecimiento especial –agrega Schvartz–. En cambio, para otras personas es un momento único, cargado de intensidad.”

Según ella, nada supera los retratos realizados en dibujo. Se trata de obras más intimistas, donde condensa lo esencial en pocos trazos. “Tienen un valor especial porque no es posible modificarlos, como con el óleo; hay que captar a la persona en el momento”, explica.

Schvartz no trabaja con poses planificadas. A algunos modelos los conoce bien y con todos crea un lazo, un contexto de comodidad durante las sesiones en que los pinta. Esa empatía entre la artista y el modelo se evidencia en la frescura del retrato: logra exponer la subjetividad del personaje en primer plano.

Su gran capacidad fisonomista trasciende la habilidad de reproducir un rostro y un cuerpo. Capta con tanta precisión el retrato psicológico que el espectador tiene la impresión de conocer el carácter y la forma de ser de la figura que está en la tela.

“Ella logró una simbiosis entre sujeto social y retrato que muy pocos lograron en el arte argentino –opina Amigo–. No pinta tipos sociales, no hace juanitos lagunas sino que pinta sujetos, lo cual es mucho más interesante. Es posible comprender qué lugar ocupan en la sociedad, pero siguen siendo sujetos. Juanito Laguna no es un sujeto, es una construcción narrativa. En Marcia, en cambio, hay una revalorización del sujeto. Es una diferencia muy sutil, pero clave para entender sus retratos.”

Humor siniestro

La serie El tren fantasma está integrada por ensamblajes que la artista denomina “3D truchos”. Son objetos montados en cajas, que funcionan como aparatos escenográficos. Se trata de obras radicales en su producción artística, ya que en ellas vincula pinturas y objetos de todo tipo para hacer una relectura de nuestra historia reciente: el público descubrirá algunos platos fuertes con “humor siniestro”, como lo define la artista.

También se exhibirán sus obras realizadas con lana, de textura esponjosa y coloreada, en las que incluye piezas de cerámica de distintos tamaños. Estas últimas evocan extraños paisajes y formas orgánicas.

“Marcia logra algo que muy pocos artistas consiguen –agrega Amigo–. Tiene la ductilidad, el ojo y el oficio para trabajar con diversos materiales y crear con ellos su propia estética, una obra identificable. Su ojo recupera la tradición argentina vinculada con el realismo y el expresionismo, pero con una revitalización contemporánea.”

Schvartz crea escenas en las que pone en evidencia lo trágico de ciertos desencuentros amorosos; otras veces, se detiene en las relaciones cotidianas. Con una figuración expresiva y una producción avasalladora, ilumina aspectos de la condición humana y disecciona la sociedad en la que vivimos.

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