Un espejo donde ver a los refugiados

Es diciembre, y en un año tomado por multitudes con barbijo esta foto emerge como discreto recordatorio. El retorno de los que nunca se habían ido, mal que le pesara a su ausencia en las grandes coberturas mediáticas, en la discusión global, en los foros que intentan adivinar el futuro. Los olvidados de siempre, los ignorados de ahora mismo. Refugiados intentando sobrevivir en un mundo hecho de zonas vedadas. La mujer cuya silueta se adivina en el espejo se llama Salam Gberedanos, escapó de Etiopía y ahora se ampara en un efímero refugio de Sudán. La magia de esta foto es su cualidad de marco dentro del marco; la distancia pudorosa con que nos obliga a mirarla. Es diciembre, además, y por entre los festejos del ciclo que pronto termina se cuela la imagen que para unos puede ser religiosa y para otros signo de la humanidad doliente: una madre, un bebé y el áspero sendero de los expulsados.
1El Mercosur resucita de la mano del acuerdo con la UE y en un contexto de convulsión geopolítica
2Cartas de lectores: Ejecución en Tucumán, sin controles, patentes adulteradas
3Cartas de lectores: La frontera, sin diálogo, enemigos de Dios
- 4
¿Por qué no ha surgido en América Latina una ola antiestadounidense?







