Reseña: Astrofísica para gente apurada, de Neil DeGrasse Tyson

La ciencia y el encanto del cosmos
Ana María Vara
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22 de abril de 2018  

¿Cómo se ve la Tierra desde el cielo? Uno de los más hermosos capítulos de Astrofísica para gente apurada, de Neil DeGrasse Tyson (Nueva York, 1958), es un ejercicio de imaginación: el de mirarnos desde arriba, como alejándonos en una nave espacial. Lo contrario de lo que hacemos en un planetario: es un viaje al espacio, sí, pero con los ojos mirando hacia atrás. Primero dejan de distinguirse los edificios y las autopistas, después las ciudades. Desde la Luna, apenas se recortan grandes frentes de tormenta. Desde Marte, se necesitaría un telescopio para notar los límites de los continentes. Y desde Neptuno, a 3000 millones de kilómetros de distancia, el Sol se vería mil veces más opaco y más pequeño que como lo conocemos, y nuestro planeta sería apenas una manchita azulada.

El ejemplo no solo habla del tema del libro sino también del estilo de su autor y hasta de su mirada filosófica. Astrofísica es la rama de la astronomía que se ocupa de las leyes físicas, que es como decir: desde el Big Bang hasta el comienzo de la vida. O viceversa: desde la Tierra hasta los confines del universo. Y más allá porque, ¿cómo resistirse a especular sobre más de un universo, la idea del multiverso? En fin, como disciplina, no limita solo con la química o la biología, sino también con la teología.

Tyson es la última gran figura de la divulgación anglosajona, en la línea de nombres ilustres como Carl Sagan y Stephen Hawking. Desde 1996 es director del Planetario Hayden en Nueva York –el mismo donde, a los nueve años, se despertó su interés por los astros– y protagonista de dos notables series documentales: Nova y la nueva versión de Cosmos.

Descendiente de puertorriqueños por parte de madre, estudió en Harvard y en Columbia. No habla de cuestiones raciales pero cuando le preguntan sobre la relación entre genética e inteligencia, responde muy tranquilo que ese interrogante solo podrá responderse cuando todos tengan las mismas oportunidades.

Astrofísica para gente apurada actualiza textos publicados en la revista Natural History entre 1998 y 2007. Cada capítulo representa una lección: sobre el Big Bang, las partículas elementales, los distintos tipos de ondas, la materia oscura, el origen de los elementos químicos, los planetas descubiertos más allá del sistema solar (que ya superan los tres mil).

Tyson organiza complejas explicaciones en forma de relatos. Sabe convocar los grandes nombres (Einstein, Newton, Planck) cruzándolos con otros menos conocidos, sin trivializar a ninguno. Como Sagan, cuenta en simultáneo la historia del universo y la historia de cómo llegamos a conocerlo, en un tono a la vez lúdico y excelso.

En "Reflexiones sobre la perspectiva cósmica", Tyson presenta una suerte de credo secular en once puntos, con el que pretende ayudarnos a usar el conocimiento científico para "evaluar nuestro lugar en el universo". Incluye preceptos gnoseológicos ("la perspectiva cósmica abre nuestra mente a ideas extraordinarias, pero no las deja tan abiertas como para que se desparramen nuestros cerebros"), estéticos (porque halla "belleza en las imágenes de planetas, lunas, estrellas y nebulosas), y éticos (porque "nos deja ver más allá de nuestra circunstancia, permitiéndonos trascender la primigenia búsqueda de comida, refugio y pareja").

En la cultura occidental globalizada, circulan varios estereotipos sobre el científico: el simpático distraído, el megalómano peligroso, el benefactor sacrificado, el experto ascético. Tyson parece adoptar aquí el papel del sabio de la tribu, que trata de devolver al cosmos el encanto que perdió cuando lo despojamos de dioses.

Astrofísica para gente apurada

Por Neil DeGrasse Tyson

Paidós. Trad.: C. Román. 213 páginas /$ 349

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