Reseña: Hembra, de Carlos Sanzol

María José Rodríguez Murguiondo
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25 de septiembre de 2017  • 15:23

Difícil hacerle sentir a aquel que no la vivió qué representó la década del 90. Efervescencia, ebullición, descontrol y destape: reacciones que era inevitable que surgieran después de una larga y oscura dictadura que hacía poco había terminado. La sensación era de fiesta permanente, sin conciencia de lo efímera y evanescente que sería. Tal vez por eso era pura fiesta.

Retratar el ascenso y caída de Cris Miró es tal vez una filosa pero acertada síntesis de un final de fiesta que coincidió casi con el final de su vida, en 1999. Las penurias de Gerardo Elías Virguez, nacido en 1965, comienzan desde que el niño empieza a sentirse mujer. Madre, padre y un hermano que se niegan a aceptar una realidad que a nadie le pasa inadvertida: su hijo es mujercita, afeminado, le gustan las ropas de señora: es un hijo-hembra. Este ser amanerado pronto se convertiría en una hembra descomunal de 1,85 metros con un cuerpo que era la envidia de toda mujer y el deseo de más de un hombre. Así Gerardo mutó en Cris… y luego en Cris Miró, por el pintor. Este macho-hembra sin talento ni para bailar ni para cantar se fue abriendo camino con la sola majestuosidad de su presencia: reinaba donde irrumpía. Ese garbo y ese glamour la fueron convirtiendo en una estrella que se encandiló con la luz y las exigencias de la fama hasta prácticamente dejarse morir con tal de mantener el brillo. La frase que tal vez mejor la describa sea “Quiero morir como viví”. Y así lo hizo.

En Hembra, Cris Miró: vivir y morir en un país de machos, el periodista Carlos Sanzol (1978, Bragado), con su exhaustiva investigación que realizó a lo largo de seis años, nos revela a un personaje que pagó con su vida el haber tenido que abrir un camino bloqueado por años de censura y discriminación. Cris Miró marcó un antes y un después: tras su existencia muchos fueron los prejuicios que se diluyeron hacia las personas trans. ¿Flor de la V hubiera alcanzado la fama que tiene hasta la fecha si Cris Miró no le hubiera allanado el camino? Tal vez sí... pero seguramente le hubiera costado mucho más.

Además de ahondar en la psicología del personaje y de nutrirse de múltiples testimonios y fuentes de la época para pintar a esta hembra, la exhaustiva biografía que construye Sanzol no se agota en Cris Miró. Es una pintura de toda una época en la que arreciaba la discriminación hacia trans y homosexuales. Una era de machos en la que lo hoy políticamente incorrecto era moneda corriente. Eran los comienzos del sida y la ignorancia condenaba más que el virus. De no haber sido por la vergüenza de ser portador de VIH, tal vez Cris Miró hubiera confesado su enfermedad en vez de negarla para no ser castigada socialmente. Es una posibilidad. Pero, más allá de la enfermedad que terminó con su vida, con justicia se relata lo que ella también aportó a su destrucción: años de descontrol, de sexo descuidado y de consumo de drogas obviamente hicieron mella.

“Antes muerta que sencilla” tal vez sea un merecido epitafio para este personaje controvertido, provocador, pero que al mismo tiempo supo ganarse el respeto de los más machos de los machos. En esta biografía minuciosa y realista, Carlos Sanzol no solo le rinde tributo, sino que además la dignifica revelando la secreta y descarnada lucha que implicó para ella llegar a ser quien fue.

HEMBRA

Carlos Sanzol

Milena Caserola

220 págs., $300

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