Reseña. Un hombre con suerte, de Jamel Brinkley

Un presente frágil y lleno de máscaras
Verónica Boix
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8 de febrero de 2020  

En los cuentos de Un hombre con suerte, el auspicioso debut del estadounidense Jamel Brinkley (Virginia, 1978), los personajes se mueven entre los viejos parámetros de la masculinidad y un presente frágil. Los hombres, a excepción de un cuento, son los protagonistas exclusivos de los nueve relatos, que en su conjunto enlazan los distintos planos de una obra integral. Padres, hermanos, amigos, hijos y amantes habitan un territorio que parece maldito: nacieron negros y pobres en medio de una sociedad que los excluye. Todos ellos exponen en sus vidas los planteos de género de nuestros días, sin conmover la frontera de la corrección política. El título, claro, es solo una ironía: ninguno de los personajes tiene la suerte de su lado.

Desde el primer cuento "No más que una burbuja", la noche de conquista de dos amigos plantea los rasgos esenciales que, de una u otra manera, van a conformar la endeble educación sentimental de los hombres de todas las historias: el peso del legado paterno, la imposibilidad de abordar las emociones, la cosificación de las mujeres y un sistema de comunicación basado en el silencio que tiende a dejarlos solos.

Esos elementos encuentran su lugar más luminoso en la relación de los dos hermanos de "Todo lo que la boca come". En un ida y vuelta entre pasado y presente, el hermano mayor narra el viaje que vuelve a reunirlos después de años de distancia y, a la vez, recuerda fragmentos de la infancia traumática en común.

Con la precisión de la mejor tradición del cuento norteamericano, la vida ardua de los protagonistas de Brinkley corre paralela a la austeridad de la prosa, que explora con impecable sincronía el modo en que los varones se escudan en papeles heredados para buscar un lugar propio.

En ese desconcierto, el deseo tiene dirección de caída libre. El cuerpo de las mujeres los atrae con la contundencia del placer y el misterio, pero pocas veces deja de ser un objeto. En ese sentido es curioso que los cuestionamientos a la educación sentimental, que aparecen en todos los cuentos, nunca se aventuren más allá de la heterosexualidad.

Brinkley, más allá de eso, captura con imaginación el peso que cargan los varones en sus máscaras de hombría. En los cuentos de Un hombre con suerte los hombres avanzan a ciegas, con una esperanza mínima, pero suficiente para persistir.

UN HOMBRE CON SUERTE

Jamel Brinkley

Chai Editora

Trad.: T. Downey

256 páginas, $ 690

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