Reseñas. Silencio, de Shusaku Endo
En el corazón de un país sin corazón
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La excusa para editar esta novela publicada por primera vez en 1966 es el estreno de una versión de Silencio dirigida por Martin Scorsese –un singular monumento a la fe de 161 minutos, mejor sintonizado con La última tentación de Cristo que con La misión–, aunque ésa no es la única razón para prestar atención a una historia que no se desluce con el tiempo.

¿Qué es lo que tiene todavía para decir el libro más conocido del escritor japonés (y católico) Shusaku Endo (1923-1996) y de qué manera resuena su representación del catolicismo medio siglo después? La sola imagen de un dúo de misioneros jesuitas sometidos por su propia voluntad a la odisea de navegar desde Portugal hasta el remoto Japón del siglo XVII, por entonces una isla exótica habitada por señores feudales, samuráis y campesinos paupérrimos, cobra a la distancia un brillo singular que instala en sordina una pregunta. Si aquellos no eran los años más vigorosos para las instituciones de la fe católica en el Lejano Oriente, ¿acaso sí lo son éstos ahora en Occidente, aun bajo el papado de un jesuita?
“Estos hombres han experimentado por primera vez en su vida el calor del corazón humano”, escribe al comienzo de su viaje el padre Sebastián Rodrigo, entusiasmado por la oportunidad que había tenido la doctrina cristiana para expandirse en una sociedad habituada a la más sumisa obediencia. ¿Y si el mensaje de Jesucristo pudiera fundar precisamente en un lugar como ése, donde “los hombres trabajan como animales y van muriendo como animales”, un nuevo lazo social capaz de contemplar las virtudes de la piedad y la solidaridad hasta convertirse en el corazón de un país sin corazón?
La alarma, sin embargo, no tarda en oscurecer su esperanza: el padre Cristóbal Ferreira, enviado treinta años antes por la Compañía de Jesús para liderar la misión en Japón, acaba de apostatar después de las torturas del cruel Inoue, encargado de “depurar” el territorio de cristianos. Cuando sus discípulos llegan entonces para intentar rescatarlo, el destino de Ferreira, la interrupción de sus cartas, su obra pastoral e incluso la subsistencia de los fieles que bautizó flotan en el misterio. Ése es el primero de los silencios.
A partir de ahí, entre las cartas del padre Sebastián Rodrigo, a quien acompaña el padre Francisco Garpe, y el diario de un comerciante holandés con base en Nagasaki (además de las notas finales de un burócrata), Endo narra con elegancia y suspenso “la prueba de amor más dolorosa que nadie haya dado jamás” –renunciar a la fe para proteger las vidas de los últimos cristianos japoneses– y enfatiza ese drama teológico sin perder de vista una tierra donde la evangelización, el sincretismo y la abominación se confunden de tal manera que sólo Kichijiro, un cobarde que ayuda a los padres durante su primer desembarco, transparenta con una mezcla ambigua entre las figuras bíblicas de Lázaro y Judas la sospecha terrible de que la fe “no echa raíces en este país”.
Como en una versión bautismal del señor Kurtz en El corazón de las tinieblas, es la reaparición de Ferreira –doblegado por las autoridades, para quienes traduce ahora libros de astronomía y medicina bajo una nueva identidad oriental– la que adquiere el perfume de las peores tentaciones para escapar de la apostasía que se le impone ahora a Sebastián Rodrigo: orgullo, blasfemia, sacrilegio; lo único necesario para colocar la vida propia sobre la fe.
Hasta qué punto las palabras de Ferreira son una lección sabia para enfrentar los tiempos más hostiles para los creyentes o los aullidos de un traidor cobarde es otra gran pregunta hundida en el silencio. Pero ¿es tarea de los mártires romper incógnitas con palabras? En tal caso, es en la acción final de sus jesuitas donde Shusaku Endo guarda para los lectores una reflexión tan melancólica como inteligente sobre el sentido de consagrarse a la fe.
SILENCIO. Shusaku Endo, Edhasa Trad.: J. Fernández y J. M. Vara. 252 páginas, $ 325








