Reseñas. Rendición, de Ray Loriga
Un drama futurista a la vista de todos
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Tras una guerra durante la que “las comunicaciones” son cortadas, un hombre, su mujer y un chico que estaba herido al venir, lo que ayudó que empezaran a cuidarlo, son trasladados a una ciudad transparente. Antes del éxodo forzoso, sin embargo, se mencionan simulacros de evacuación y disputas por el control del agua, y con un poco más de énfasis se aclara que los gitanos, “que son gente muy ruidosa”, no van a tener lugar en esa extraña ciudad. Los motivos de la guerra, de hecho, nunca terminan de entenderse ni entre los personajes ni para el lector (bastan afirmaciones como que “a los doce justos los mataron por su fe” para liquidar la causa inicial), pero esto no importa demasiado. De lo que se trata es de la textura de la vida en esta ciudad “donde todo se transparentaba a través de cada cosa, y todo se confundía a la vista pero estaba al tiempo limpio y ordenado, y no había, o no se distinguía al menos, ni sombra ni escondrijo ni lugar al que no llegase la luz”.

A partir de ese punto, Rendición, la historia con la que el español Ray Loriga (1967) acaba de ganar el Premio Alfaguara de Novela 2017, desacelera sus posibilidades hasta convertirse en un objeto más centrípeto que narrativo. ¿Qué es la ciudad transparente? ¿Para qué la hicieron? ¿Y por qué la transparencia no tarda en ser una tortura aunque la mujer del protagonista lo pase bien porque “nada olía, tampoco se sudaba ni se lloraba, ni había más líquido en el cuerpo que la orina, que tampoco olía a nada”?
Éstos son las interrogantes que Rendición repite una y otra vez en el marco de una ucronía que, sin embargo, no termina de indagar el sentido de una vida traslúcida que, por supuesto, no es difícil identificar más allá de la literatura. Incubado en Silicon Valley, ese discurso tan contemporáneo como ambiguo sobre los beneficios de “verlo todo” es el que inspira no sólo la arquitectura de muchos espacios de trabajo, sino también la lógica de las redes sociales (“jefe o presidente o rey allí tampoco había, y nadie era más ni menos que nadie”, dice en un momento el personaje de Loriga, como si estuviera anclado en Facebook) y que incluso ocupa el centro del discurso político contra la corrupción y la inseguridad en Occidente.
Tal vez el motivo por el que el narrador no es eficaz para otra cosa que confirmarse a sí mismo sus propias sospechas también sea transparente desde la primera línea: “Nuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar”. Y efectivamente, aunque insiste en que “no sabe qué decir” y la prosa simple de Loriga es consecuente con su pesimismo, el protagonista es el único entre “cientos y miles de personas” capaz de percibir que en esta ciudad uno “pierde su propia naturaleza y con ella lo que da sentido a su pequeña inteligencia”. Es apenas cuando restan unas pocas páginas para el desenlace de la historia que, sin embargo, asoma la única pregunta interesante. Y aunque es tarde para que la novela pueda más que reconocer su límite, al menos la pregunta está ahí: “¿Cómo es que lo soportan los demás?”
Nunca lo sabremos. Pero, en tal caso, vale la pena leer con atención el Acta del Jurado del Premio Alfaguara que cierra el libro, donde se menciona una “historia kafkiana y orwelliana” y una “parábola de nuestras sociedades expuestas al juicio de todos”. Esas afirmaciones son discutibles, pero es sin duda al plantear el drama de la transparencia desde una queja impenetrable que se vuelve muy fácil, también, coincidir con “el juicio de todos”. En otras palabras, Rendición es una novela que afirma desde el principio que una ciudad transparente es una ciudad sospechosa, pero que nunca se permite incomodar la pureza de su propia afirmación al explorar por qué, además, esa transparencia ominosa es al mismo tiempo tan placentera y tranquilizadora para “cientos y miles de personas”.
RENDICIÓN. Ray Loriga, Alfaguara, 209 páginas. $ 269





