Viaje a una isla de relatos

Sobre Crónica de un caminante, de Antonio Dal Masetto
Emiliano Sued
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21 de febrero de 2016  

Es quizá esperable, pero también significativo que Crónica de un caminante, la última novela de Antonio Dal Masetto (Intra, Italia, 1938; Buenos Aires, 2015), empiece con un hombre que camina por una plaza. En buena parte de la obra del escritor argentino nacido en Italia, los personajes tienen, padecen, la necesidad de estar en movimiento. Dal Masetto explicaba esta recurrencia a partir de su desarraigo, del viaje que lo llevó de Intra a Salto, en la provincia de Buenos Aires, a los 12 años. Esa salida de Italia en la posguerra marcó su modo de entenderse con la existencia.

El protagonista de Crónica de un caminante se siente vacío y endeudado, experimenta una angustia para la cual sus asiduas caminatas ya no alcanzan. Lo afecta la imposibilidad de reunirse con lo que busca. Necesita "tomar distancia, partir […] a un sitio donde nunca haya estado, donde no conozca a nadie, sobre todo bien lejos de esta ciudad", que es Buenos Aires, en la zona del Bajo, escenario de otras tantas páginas de Dal Masetto. Decidido a ayudarlo, un amigo le ofrece un departamento en una isla del Mediterráneo.

Dal Masetto decía que todo lugar al que uno se muda es un territorio por conquistar, y que una forma de apropiarse de ese nuevo espacio es recorrerlo. Ésa es precisamente la respuesta inicial del caminante de su última novela: registrar todo lo posible, hasta agotar el cuerpo y así poder descansar. Sin embargo, la isla le ofrecerá una aventura diferente, la de los relatos. En un bar, por la noche, se encuentra con la sorpresa que lentamente lo sacará de la indiferencia. Una mujer que se sienta a su lado dice conocerlo muy bien, afirma que han tenido varios años atrás una relación amorosa de la que él debería acordarse. La probabilidad de un completo olvido instala una premisa que podría haber dado comienzo a un thriller. El protagonista parece desdoblarse para aceptar su papel en el relato que noche tras noche despliega esa misteriosa mujer. La crónica retiene al caminante, movido ya por una ansiedad diferente.

La crisis económica, los desalojos, el desempleo y el drama humano que conllevan revisten la novela de actualidad. Esta cuota de realidad se filtra en los diálogos con el Pequeño, el más singular de los interlocutores del caminante, quien mayormente es un oyente y se vuelve único emisor al sentarse a hablar con un gato. Estos encuentros se convierten en un velado homenaje a Osvaldo Soriano, amante de los gatos y amigo de Dal Masetto. El recuerdo del marplatense reúne a los dos escritores para siempre, "en las madrugadas de los bares, en las caminatas por la ciudad, en las prolongadas conversaciones telefónicas después de medianoche. Charlas que se convertían en una aventura".

CRÓNICA DE UN CAMINANTE

Por Antonio Dal Masetto

Sudamericana

208 páginas

$ 199

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