
Armando Bo: "Estoy en plena crisis de los 40"
¿Cómo elegiste el universo que rodea a Animal? Es un tema muy denso el trasplante de órganos, ¿cuál fue tu búsqueda ahí?
La peli usa ese tema para crear un mundo y para que Antonio –el personaje que interpreta Guillermo Francella– esté en esa situación límite en la que tiene que jugársela toda por algo. Y me parecía muy interesante el tema de jugar, de hablar un poco del capitalismo y lo que puede ser la compra de un órgano. Un órgano que es tan importante, pero también como una parte del cuerpo, como un animal. Me parecía irónico usar eso como elemento de transacción, pero al mismo tiempo sabiendo lo importante que es y la importancia de este tema.
Pero igual, como guionista, te tuviste que meter un poco en la realidad del sistema, para el verosímil.
Sí, pero no quise hacer la realidad. Animal pone a este personaje en una situación límite: alguien que siempre hizo todo lo que había que hacer, pero el día que está enfermo y que no le llega la solución, ¿qué hacé?, ¿hacia dónde sale?, ¿qué pasa con sus valores?, ¿con el mundo a su alrededor?, ¿con su familia?, ¿con las decisiones que empieza a tomar? Y entonces este personaje empieza un viaje hacia la locura en esa espera y toma decisiones en la desesperación.
Se ve mucho el egoísmo en la relación de la pareja de la peli. Vos, en tu vida, ¿cómo regulás eso?
¡Yo cedo en todo!... No, mentira...
Bueno, pero es muy difícil encontrar el equilibrio ahí...
Sin duda, en las parejas pasa esta cosa de tener que tomar las decisiones en conjunto. Uno toma un montón de pequeñas decisiones que por ahí no las tomaría solo. En algún momento, te sale tu egoísmo y cada uno tira para su lado. Todos tenemos un lado que no queremos mostrar, pero cuando lo tenemos que mostrar lo mostramos.
¿Qué te une a Mar del Plata, por qué la filmaste allá?
Mar del Plata es increíble. Es de esas ciudades que explotan en dos meses y después se desinflan y eso genera un montón de cosas en esas sociedades. Después está el pasado de Mar del Plata, que está lleno de ese glamour y esa cosa de lo que fue: toda la gente pudiente de principios del siglo XX era la que iba a Mar del Plata. Y todas esas construcciones siguen estando, podría ser una película de Hitchcock, en algún punto. Y paralelamente, es el lugar más popular de la Argentina, adonde todos sueñan con ir a conocer el mar. Eso genera una cosa muy poética, muy potente.
Otro tema de la peli es lo salvaje, lo más instintivo. ¿No sentís que estamos domesticados en la vida cotidiana?
Sin duda, estamos totalmente domesticados. Y cada vez más. Por eso las situaciones que uno no controla son las que nos conectan con lo salvaje. Todo fluye normalmente hasta que algo no fluye. Y cuando pasa eso, hay un momento en el que sale esta cosa de instinto que tenemos, se te salta la cadena. O hay gente a la que no le sale nunca.
A vos, ¿qué cosas puntuales te hacen saltar la cadena?
¡Todo! No, mentira... Cuando estoy cansado, cuando me salgo de mi propia zona de control o de confort. Hay cosas que te empujan. Cuando uno tiene hijos, cualquier cosa que les podría pasar a ellos te puede sacar de control muy fácil.

Sabrás del mito del director egocéntrico, que le gusta controlar todo. ¿Qué tan intenso sos en el set?
Es que es inevitable, es parte del laburo. Dirigir significa que todo tenga una mirada, que todo tenga una decisión tomada, un gusto personal..., entonces, uno trata de estar encima de todo. Desde lo egocéntrico, me parece que depende de si se mezcla el laburo con lo personal. En cine, si no sos seguro, o por lo menos lo parecés, la película no sale.
Y si no estás seguro, ¿igual intentás parecer seguro?
Sí, la seguridad es clave para convencer...
¿Y por qué no podrías mostrar tus inseguridades?
Bueno, cuando trabajás con un equipo que ya te conoce mucho, no hace falta parecer que estás seguro, si podés compartir. Ahora, cuando tenés que llevar un grupo adelante, ahí es un poco más importante.
O sea que no dejás espacio para la improvisación.
Sí, sí, lo dejo, pero ¡solo para mí!
¿Estás viviendo acá o en Los Ángeles?
Somos un poco nómades. Un poco los proyectos nos llevan o nos traen. Estuvimos tres años viviendo allá, ahora vinimos para hacer Animal. Pero no tengo ninguna duda de que donde más cómodo me siento es en Argentina.
¿Qué te copa de la vida de Los Ángeles?
Para el mundo superficial, Instagram o lo que la gente ve, todo es genial allá: todo es lindo, el clima es espectacular, la onda de la gente..., todo es espectacular. El tema es que cuando estás allá empezás a valorar cosas. Sos local acá. Tus amigos son de acá, la familia y donde se educan tus hijos, los primos de tus hijos..., hay un montón de cosas. Y el argentino es muy especial, somos otro tipo de sociedad.
Hay algo de tu propio marketing que se dio a partir de ganar el Oscar... ¿Eso te puso la vara demasiado alta?
El Oscar es una realidad y, sin duda, te pone la vara muy alta. Mi vara, la que yo me pongo, mi autopresión, es más fuerte que la presión externa. Y me sirve como un motor. Soy un sufridor nato, no soy un disfrutador compulsivo...
Sos un artista torturado.
Sí, sí. Mi proceso es de sacrificio, sufrimiento, dedicación y obsesión. Dejo todo lo que puedo dejar.
¿Qué disfrutás hacer con tus hijos, Amador y Torino?
De todo. Creo que si hay algo que tienen los hijos, es que te llevan a la realidad a cachetazos. Por más que uno esté siempre pensando en lo que uno hace, si no está en esa pequeña realidad de las cosas más simples, no se conecta.
Y te la perdiste, aparte.
Sí, trato de no tirarles encima lo que soy yo, que uno sin querer puede exigirles de más, para que no sean como yo, sino que sean ellos lo que puedan ser. Es estar atento, siempre tratando de estar presente, y aprovechando la conciencia de lo que es la paternidad, la maternidad, la educación. Es muy diferente de como nos educaron a nosotros (o a mí, por lo menos). No había una conciencia de que todo estaba fogueando a alguien, a una personalidad o a una persona.
Tenés 39, ¿no? Se te viene...
¡Ya estoy en la crisis de los 40! La ansiedad me la adelantó.
¿Hacés una especie de balance?
Creo que me trae conciencia, en tratar de vivir el momento, que es un cliché decirlo hoy, aprender a disfrutar más y a vivir más. Por suerte, profesionalmente me fue muy bien, pero tengo en claro que la felicidad no viene de la mano del éxito. Mi trabajo de esta crisis de los 40 es aprender a disfrutar más las cosas, los momentos con mis hijos, con mi mujer, con mis viejos, con mis amigos. Las cosas que son más reales. Eso es lo que tengo que aprender a hacer.
¿A quiénes admirás?
A Messi. Es mi ídolo. Perdón que sea tan básico. Hay pocos genios de verdad. Hoy está todo inventado y creo que la sociedad lleva a tratar de mostrarnos que hay un montón de genios, y no los hay. No hay tantos.
¿Sos más terrenal o sos de conectarte con lo espiritual?
Tristemente, soy muy, muy terrenal. Muy práctico. Es parte de esta crisis de los 40, algo debería inventar para ser un poco más espiritual. Veré si encuentro algo. Estoy en eso.
¿Qué es lo que más te gusta de contar historias?
Me gusta contarlas desde mi propio punto de vista. Lo que pasa cuando uno ve una película en el cine... no es lo mismo que verla en la tele o en el teléfono. Las pantallas se van achicando y la experiencia es totalmente diferente. Las cosas en un cine se escuchan, se sienten de otra manera y es una experiencia que espero que no se pierda.
¿Es verdad que tenías un proyecto de hacer una peli porno en el estadio de River? ¿En qué quedó?
No fue una fantasía, filmé un comercial con Rocco Siffredi, el actor porno italiano. Y Rocco me trajo su colección: ¡500 películas! De repente, tenía en mi casa una colección de películas porno de Siffredi y me pareció interesante proponerle la idea, y estuvo bueno que me cuidó, me dijo: "Está bueno que no entres en esto", así que estoy agradecido.
O sea, podrías haber sido un gran director de porno.
Puedo decir que Rocco Siffredi me salvó la vida. Sería una ironía... ¡No me pongas ese titular, eh!
¿En qué te sorprendió nuestro entrevistado? Contanos. También fijate: Instadaddies: cuatro hombres que comparten sus experiencias como padres en las redesyDietland, la serie que cuestiona los estereotipos de belleza
Maquilló Josefina Mercau. Agradecemos a Anasagasti Bar y a Nicolás Garófalo su colaboración en esta nota.
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