Donde los molinos siguen girando
Uno de los mejores lugares para acercarse a estos íconos del paisaje holandés más tradicional
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"Para conocer la típica campiña holandesa tenés que ir a Zaanse Schans, el pueblo de los molinos", me dijeron en el hotel donde me hospedaba en Amsterdam. La recomendación de conocer este pequeño pueblo me llegó en el momento indicado después de haber pasado por lo más turístico de La Haya, Delft, Rotterdam y la propia Amsterdam. Tomé el tren en la estación Amsterdam Central y a medida que me alejaba de la ciudad, el paisaje verde ganaba la ventanilla y allí se mantuvo, constante, hasta llegar a destino.
Ni bien uno baja del tren en Zaandam, siente que arribó a una pequeña localidad de Holanda que nada tiene que ver con los zuecos, los molinos y los quesos, íconos típicos de los Países Bajos. Las calles y la arquitectura de las casas no tienen ninguna particularidad. Sin embargo, con sólo caminar un par de cuadras, las aspas de un molino empiezan a asomar sobre los techos e invitan a un viaje al pasado de una auténtica comarca holandesa.
Los gigantes que atrapan el viento están allí, en el barrio de Zaanse Schans, y sus brazos no paran de girar. Hacia el siglo XVII había cientos de molinos en funcionamiento. Hoy sólo seis se pueden visitar por dentro.
Las callecitas de la zona, rodeada de casas de madera pintadas de verde y construidas durante los siglos XVII y XVIII, los pintorescos puentes sobre los canales... Todo nos hace sentir que deambulamos por una maqueta de antaño de la comarca al lado del río Zaan.
Viejos gigantes
Este paseo por el tiempo se puede experimentar viajando sólo quince kilómetros desde Amsterdam. Y no es necesario abandonar la gran ciudad durante todo el día, porque con apenas un par de horas se recorre el lugar, antes de volver a la gran ciudad sin necesidad de pernoctar en su bucólico interior.
En Zaanse Schans, además de las tradicionales casas de madera y los molinos, hay un astillero histórico, un museo, una quesería, tiendas de suvenires y restaurantes. Hace más de doscientos años, esta zona tenía cerca de seiscientos molinos de viento que conformaban el primer centro industrial del mundo, donde se realizaban diferentes actividades. Los seis quijotescos molinos a los que se puede acceder para conocer cómo era la vida en esa comarca del Zaan cuatro siglos atrás, algunos producen aceite y mostaza, mientras que dos funcionan como aserraderos.
Durante la caminata por el curioso pueblo se puede parar a almorzar en alguno de los restaurantes o simplemente a tomar un café. También hay pequeñas cafeterías para llevar y así seguir disfrutando el paisaje con un rico café en mano.
Además de visitar los molinos, en el Zaanse Schans es imprescindible agudizar los sentidos para observar cómo se practican varios de los oficios de la tradición holandesa. Podemos asombrarnos, por ejemplo, al ver a un tallerista artesanal fabricando los famosos zuecos holandeses, o espiar a un artesano moldear y pintar la cerámica de Delft, o saborear con los ojos cómo se produce el queso en sus diferentes variedades, gustos, colores y tamaños.
Si bien Zaanse Schans no es el único pueblo de molinos de Holanda con recorrido turístico, es el más cercano a las ciudades principales y el menos concurrido. El más reconocido es Kinderdijk, pero queda a dos horas en tren de Amsterdam y desde que en 1997 fue reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad es muy difícil tomar una foto sin que un extraño aparezca en el medio. Puede que en Kinderdijk los molinos sean celebridades, pero la campiña es patrimonio de Zaanse Schans.
Datos útiles
Cómo llegar
- En tren. Desde la estación Amsterdam Central son cuatro paradas para llegar a la estación Koog Zaandijk. Desde esa estación se tarda aproximadamente entre 8 y 10 minutos caminando para llegar al pueblo.
- En bus. Desde la estación Central de Amsterdam hay una conexión directa al Zaanse Schans. Es el bus 391 que sale cada media hora.
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