A 50 años del golpe: “Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”, pidió la Iglesia
El Episcopado difundió un extenso documento en el que revaloriza el compromiso con la democracia y señala los principales desafíos de la hora actual; llamó a tener “una memoria íntegra y a una autocrítica”
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Con citas del papa Francisco y fuertes llamados a una autocrítica y a “una memoria íntegra y luminosa”, la Iglesia recordó en un documento los 50 años del golpe militar de 1976 y revalorizó el compromiso con la democracia. Planteó, frente a los desafíos actuales, la necesidad de enfrentar los problemas dela inclusión social y el deterioro del trabajo digno, la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas.
“Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”, proclamó la comisión permanente del Episcopado, que preside el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, en un mensaje dirigido a los “hermanas y hermanos de nuestra querida Nación argentina”. Los obispos toman como referencia la histórica frase “Nunca más” con que el fiscal Julio César Strassera cerró su alegato final en el Juicio a las Juntas.
El documento episcopal fue aprobado por la veintena de obispos que integran la comisión permanente de la Conferencia Episcopal Argentina. No escapa al análisis el escenario internacional y se advierte sobre la creciente tendencia al autoritarismo y los populismos de distinto signo. Frente a ello, la Iglesia llama a “volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles”.

Sin hacer nombres, los obispos cuestionan el estilo agresivo que domina desde hace un tiempo el escenario político en el país. “¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor! Se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada. Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”, afirman, en una descripción que aluda a la dirigencia política, incluido el presidente Javier Milei.
Recurren al papa León XIV, al invitar a “desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias”.
Memoria y autocrítica
“Reconocemos la gravedad de lo acontecido en esos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella, que ayude a redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos”, señalaron los obispos.
En otro párrafo, el Episcopado recuerda que “en estos días se cumplirán los 50 años de aquel 24 de marzo de 1976 que marcó, en un ambiente general de violencia, el inicio de esa oscura noche en nuestra historia: la tragedia del terrorismo de Estado que se prolongó por siete largos años hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando finalmente recuperamos la democracia”.

Los obispos rescatan el legado de Francisco y expresan la necesidad de preservar la memoria, como enseñó el papa argentino en la encíclica Fratelli tuti.
“Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”, es una de las frases de Jorge Brgoglio.
Y piden mantener viva “la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió”, que despierta y preserva el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”, en sintonía con el pensamiento de Francisco.
El Episcopado advierte que “mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores”. Y entiende que “hacer memoria nos permite comprometernos con los desafíos del presente y orientarnos hacia un futuro mejor. Así, anima a intentar que “esta memoria sea íntegra y luminosa en cuanto sea posible”.
En esa tarea, los obispos invitan a no olvidar “el dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o pariente, sabiendo que ese dolor se multiplica si se trata de un desaparecido, al no poder tocar su cuerpo, ni llorar ante él”. Y recuerdan que “la libertad para una Nación nunca se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos de otros hermanos y hermanas”.
Expresan, en ese sentido, que “la memoria del terrorismo de Estado ha de conducirnos hacia una vida democrática más justa”.
También citan a Francisco cuando expresan que “construir la amistad social no solo exige el acercamiento entre grupos que tomaron posiciones diferentes en algún período histórico difícil, sino también un renovado encuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables de la sociedad”.
Los obispos señalan que “el desarrollo humano integral es, hoy, el nuevo nombre de los derechos humanos”. Y se preguntan “cómo podemos ser felices mientras una parte importante de nuestro pueblo sufre la miseria”.

Desafíos de la democracia
En referencia a los desafíos sociales de hoy, la Iglesia sostiene que “la democracia se envilece cuando deja a alguien afuera, cuando no protege a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas”. Sintetiza que “una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”.
En el pronunciamiento, el Episcopado advierte que “más vida democrática significa asumir el valor del trabajo como uno de los ejes centrales de la cuestión social, pues este no solo aporta dignidad, sino que permite que cada ciudadano ponga el hombro en la construcción de una patria de hermanas y hermanos”.
Concluyen los obispos que cuando las instituciones democráticas favorecen la creación de trabajo digno y aseguran una educación de calidad para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, llevan adelante “la mejor política de seguridad”.
“Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena. Un tiempo en que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles”, se advierte en otro tramo del documento.
Llaman a rehabilitar una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana, que promueva la paz y que cuide nuestra casa común, empezando por preservar el aire puro y las fuentes de agua dulce y potable.
Y señalan que “la democracia prohíbe rotundamente la eliminación del adversario, no admite el derramamiento de sangre y sustituye la lucha cuerpo a cuerpo por el debate cívico”.
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