
"Cada pueblo tiene el gobierno que se merece"
Lo dijo Rico, que se enojó por la elección
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LA PLATA.- Llegó a su local partidario con cara de pocos amigos. Más que de costumbre. Tampoco había motivos para festejar. Sobre todo cuando, a esa hora, las 21.30, Aldo Rico ya tenía la certeza sobre la magra cosecha de votos obtenida ayer, que lo ubicaba en el cuarto lugar.
A pesar de la contundencia de los datos, el candidato a gobernador por el Frente Popular Bonaerense (Frepobo) se negaba a aceptar el frustrante resultado, aunque no tuvo más alternativa que reconocer el triunfo de Felipe Solá, a quien le envió "nuestro saludo y felicitación".
"Evidentemente, cada pueblo tiene el gobierno que se merece", dijo durante una breve conferencia de prensa, y destacó: "Esto demuestra que el pueblo de la provincia está contento con la administración Solá".
Señaló, además, que su futuro político será "seguir peleando por la provincia y por la República".
Hasta pasadas las 20, en el búnker del ex militar carapintada, en pleno centro de la ciudad de San Miguel, no más de 30 de sus seguidores reflejaban en sus rostros que, más allá de lo que anticipaban las encuestas, tal vez no esperaban un resultado tan pobre.
Cómo pasó el día
Rico emitió su voto poco antes de las 10 en la mesa 201 del Colegio de Los Santos Padres, en un elegante barrio de la localidad de Bella Vista. Lo hizo con más de una hora de retraso: aseguró que se había quedado dormido.
Tras cumplir con su deber cívico, y quejarse ante los periodistas de no haber figurado "en ningún medio" durante la campaña, el intendente de San Miguel se trasladó a su domicilio, donde compartió el almuerzo con su esposa, Noemí Crocco, y los tres hijos del matrimonio: Alejandra, María del Carmen y Aldo.
Luego de una hora de siesta, el postulante por el Frepobo prefirió la compañía de su familia para ir recibiendo los informes de los coordinadores de su fuerza política desde los distintos puntos de la provincia. Las comunicaciones se fueron incrementando una vez cerrados los comicios y comenzaron a reflejarle las malas noticias.
Mientras tanto, en su búnker, los operadores aseguraban una y otra vez que su llegada al austero local se concretaría "en cuestión de minutos". Mate, agua mineral y galletas dulces matizaban la espera de los periodistas, hasta que, sólo poco antes de las 21, comenzó a registrarse la concentración de partidarios riquistas frente al lugar.



