Café, fútbol y promesas de fidelidad prolongada

Lula se mostró muy cálido y receptivo
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9 de mayo de 2003  

BRASILIA (De un enviado especial).- Lula no esperó ni cinco minutos para romper la formalidad que adivinó en los modos de Néstor Kirchner. "A ver, los de River se sientan de este lado, bien lejos", dijo, señalando al lugar opuesto de la mesa a donde él se acomodaba, en el despacho presidencial.

La broma requirió una explicación rápida del traductor. El presidente es fanático de Corinthians, el equipo paulista derrotado la semana pasada en forma agónica por los millonarios en un partido por la Copa Libertadores.

Kirchner aprovechó para soltarse y le respondió que se quedara tranquilo. Le recordó que él es hincha de Racing, cuyo sponsor es Petrobras.

Pasaron rápido a los temas serios, pero el ánimo distendido quedó durante los casi 90 minutos que Lula dedicó a Kirchner y su comitiva.

Siempre de buen humor, el líder del Partido de los Trabajadores matizó cada intervención con chanzas e ironías que deleitaron al candidato, relataron participantes del encuentro.

"¿Cómo va la campaña?", preguntó, serio. Kirchner esquivó el tono triunfalista y prefirió brindar un panorama breve sobre lo que marcan algunas encuestas sobre el resultado del ballottage. La respuesta volvió a sorprenderlo: "Menos mal, porque si gana Menem me van a tener que enyesar a mí", dijo.

A su lado, reía el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, que tiene un yeso en un brazo. Todos habían entendido el sentido: Lula prometió ir a la asunción del próximo presidente, el 25 próximo, pero después del gesto que dio ayer en favor de Kirchner tendría que encontrar alguna excusa para faltar si Carlos Menem logra el triunfo.

También hubo mensajes para Eduardo Duhalde, claros que más cordiales. "A ver cuándo puedo comer un corderito patagónico", tiró Lula casi al final de la charla.

Kirchner, que no llevó regalos, improvisó una salida: "Pero, ¿cómo? Si la otra vez le mandé uno cuando vino Duhalde", dijo. "Se lo habrá comido él, porque yo jamás lo vi", retrucó el presidente.

En otro tramo advirtió que iba a invitar a Duhalde a pescar en su residencia, pero Kirchner lo desestimó. "No es tan bueno como dice", juró él, a quien la pesca lo aburre.

Fortalecer la alianza

Más allá de las bromas, entre café y café, Lula y Kirchner coincidieron casi punto por punto en su posición sobre el papel que debe jugar el Mercosur en el mundo.

"Tenemos que fortalecernos nuestra alianza política para que nuestra voz se escuche fuertemente en el mundo", dijo el candidato y despertó el asentimiento de su anfitrión.

En ese sentido hablaron de la necesidad de coordinar la política exterior, como ocurrió en el caso del voto sobre Cuba en las Naciones Unidas.

El ministro de Economía, Roberto Lavagna, el diputado y jefe de campaña Alberto Fernández, el embajador Juan José Uranga y el vocero del candidato, Miguel Núñez, casi no hablaron. Los ministros brasileños Antonio Palocci (Hacienda), José Dirceu (jefe de Gabinete) y el canciller interino Samuel Pinheiro Guimaraes apenas interrumpieron para ilustrar con números los dichos de su jefe.

El repaso de la agenda bilateral fue amplio. Lula anotaba todo en una libreta negra. Comentaron la intención de avanzar (aunque con prudencia, dijo Lula) hacia una moneda común en la región y contaron sus respectivos planes de obras públicas y de lucha contra el hambre. Kirchner se explayó sobre su idea de reforma impositiva.

"Lula lo va a dejar hablar un buen rato. Quiere conocerlo, ver cómo se explica, descubrir de dónde renguea", explicó un experimentado cronista político brasileño mientras esperaba el final de la reunión.

Tal vez tuvo razón. El presidente dejó que el diálogo se extendiera el doble de lo previsto. "Ojalá vuelva pronto", le dijo al despedirlo. Y volvió a sus actividades después de darle un largo abrazo a cada uno de los visitantes.

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