
Carlos Ayres Britto: "Un juez necesita coraje para asumir su independencia"
Ex presidente del Superior Tribunal de Brasil, fue nombrado por Lula da Silva y condujo el juicio del mensalao contra funcionarios del gobierno; defiende la división de poderes y el rol de la Justicia como última instancia
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Carlos Ayres Britto habla con la pausada tranquilidad que le dio el haberse jubilado como presidente del Superior Tribunal Federal de Brasil, al que llegó postulado por Lula da Silva y la claridad que le dio el haber presidido el mayor juicio de corrupción, que terminó llevando a la cárcel a dos de los más cercanos colaboradores del ex presidente brasileño. Su voto definió las condenas en una ajustada votación. Y la decisión fortaleció sus opiniones sobre la independencia judicial.
"Un juez necesita coraje para asumir su independencia", reflexiona Ayres Britto, en abstracto, pero no hace falta imaginación para ponerle letra local o brasileña a la melodía que tararea. Y sentencia: "No se paga a ningún gobernante con la propia toga del magistrado".
En Buenos Aires, este jurista brasileño que cumplirá el lunes 71 años pasa casi inadvertido. Café de por medio, el ex magistrado habló con LA NACION durante un break en las Jornadas por el 150° Aniversario de la Corte Suprema que organizaron la ONG Fores, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, La Ley, la fundación Konrad Adenauer y la Universidad Católica Argentina (UCA).
-Considerando que fue nombrado por Lula y que condenó a dos de sus colaboradores, ¿hay límites para la independencia judicial?
-[Se ríe.] Uno de los requisitos para el desempeño de la función judicial es la independencia. Esto significa decidir los casos sometidos a su juzgamiento a partir de sus propios criterios de entendimiento del caso y del derecho aplicable. En países con una cultura favorecedora del Poder Ejecutivo, el magistrado necesita coraje para asumir su independencia, para romper sus condicionamientos mentales de culto de la personalidad de las jefaturas, del culto de la personalidad del Poder Ejecutivo.
-¿Éste es el contexto de nuestros países?
-En ese contexto es natural tener una imagen de un Poder Ejecutivo fuerte, pero un magistrado precisa coraje para asumir su independencia como juzgador, y esa independencia se revela como un requisito indispensable.
-¿Cuál cree que es el rol político de la Corte?
-En las culturas occidentales los tribunales son compuestos con la participación del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo para constituir las cortes superiores. Pero hay un elemento conceptual en la participación de los tres poderes que es la armonía. Si los poderes son independientes, también son armónicos. La armonía se manifiesta en la producción de un acto complejo, que se concreta por la manifestación de la voluntad de más de un poder. Pero esa coparticipación cesa con la nominación. Desde la nominación, un juez sigue el camino de su conciencia, que le dice cómo entender y aplicar el derecho a los casos concretos y le dicta las razones de control de constitucionalidad de las leyes.
-¿Hasta dónde la Corte es un poder del Estado que acompaña al gobierno y cuándo es un órgano de control que lo limita?
-Tomemos como referencia las cortes supremas de países como Brasil, la Argentina o Estados Unidos. Consumada la nominación de un ministro judicial (juez supremo), lo que le cabe es aplicar la Constitución del país y las leyes. La función del juez es la fidelidad a la Constitución y por ende al derecho en general. Cuanto más independientes es un juez, más legítimo es funcionalmente y más honrado es.
-Tras la sentencia del mensalao (el escándalo por la compra de votos en el Congreso brasileño), ¿lo acusaron de traicionar su nominación?
-[Se ríe.] Informalmente tuve noticias de que hubo desagrado por mi desempeño, pero las personas del mundo político que se pusieron de acuerdo para mi nominación todavía, en ningún momento, ninguno de esos políticos, desde el presidente Lula, ninguno siquiera rozó el tema de mi supuesta infidelidad a quienes me nominaron. Por otro lado, todo ministro judicial, nombrado con intervención del Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, sabe la diferencia entre gratitud en el plano personal y gratitud en el desempeño del cargo, son cosas que, como el aceite y el agua, no se mezclan. No se paga a ningún gobernante con la propia toga del magistrado.
-¿Por qué dice que hay un nexo entre libertad de expresión e independencia judicial?
-La Constitución brasileña erige la democracia como el más importante de sus principios. Y entre los pilares de esa democracia colocó a la prensa y al Poder Judicial. En el sentido de que no se puede impedir que la prensa hable primero sobre las cosas, sin censura previa, ni a un juez que hable al final, con su fallo independiente. La prensa tiene que tener la posibilidad de hablar sin censura y el Poder Judicial tiene que tener la posibilidad de tener la última palabra.
-¿Cómo impactó en la opinión de la gente sobre la justicia el juicio que presidió?
-Nosotros no decidimos con un ojo en la misa y otro en el cura, con un ojo en el proceso y otro en la opinión pública, pero no puedo negar que la población entendió la decisión de los jueces supremos como un claro mensaje de que ninguno está fuera del alcance de la ley, que la ley republicana es aplicable para todos.




