Carter: "La Argentina fue uno de los grandes problemas de mi gobierno"

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26 de marzo de 2000  

A BORDO DE UN AVION DE AEROLINEAS ARGENTINAS.- Los años pasan para todos. También para quien supo ser el hombre más poderoso de la tierra. El 39º presidente de los Estados Unidos, James Earl Carter (que prefiere ser llamado Jimmy), está desde ayer en la Argentina. Sólo vino a pescar truchas con un grupo de seis amigos en la estancia que Ted Turner tiene sobre el río Grande, en Tierra del Fuego.

Carter tiene la cara arrugada y ya no impresiona la profunda mirada de sus ojos azules, que muchos comparaban con los de John Kennedy. Pero este hombre de 75 años, nacido en Georgia e hijo de un modesto tendero, conserva la lucidez e impresiona por su capacidad de autocrítica y su trato afable.

"La Argentina fue uno de los grandes problemas de mi gobierno. Yo estuve con Videla (Jorge Rafael) una vez", dijo no bien comenzó la entrevista con La Nación , realizada a bordo de un MD88 de Aerolíneas Argentinas que lo llevó desde Buenos Aires hasta Río Grande con una escala en Ushuaia.

Carter estaba sentado en la primera fila de la clase ejecutiva y hacía descansar su pierna izquierda con una bota texana negra en el tabique frente a él. La primera parte de la charla fue breve y se interrumpió unos minutos cuando una de las azafatas recomendaba abrocharse los cinturones y mostraba con destreza cómo hacerlo.

-Me hablaba de Videla... ¿cómo fue su encuentro?

-Fue una reunión informativa que mantuvimos en la Casa Blanca en 1977. Allí yo le planteé nuestra inquietud por las violaciones a los derechos humanos que ocurrían en la Argentina. Nosotros conocíamos las desapariciones de personas por informes de inteligencia. Lo que queríamos era presionar económica y políticamente a Buenos Aires, y también a Chile, para que las cosas cambiaran. No tuvimos éxito.

Durante su presidencia (1977-1981), este ingeniero experto en submarinos nucleares, marino profesional y productor de maní en Plains, abogó por el respeto de los derechos humanos en el mundo y se ganó el odio del gobierno militar argentino, que llegó a acusarlo de "comunista".

Carter recuerda que cuando visitó el país y se reunió con el entonces presidente Raúl Alfonsín, en 1984, la gente lo trataba como un "héroe". "Cuando mi mujer, Rosalynn, iba de compras, la gente la paraba para saludarla y felicitarla", rememora. Dice que se siente halagado, aunque no termina de entender por qué los argentinos lo tratan tan bien.

Fue el hombre que pudo sentar a árabes y judíos en las históricas negociaciones de Camp Davis, devolvió a los panameños su soberanía sobre el canal y ordenó y asumió la responsabilidad del posterior desastre de la invasión a Irán por una fuerza de los Estados Unidos para intentar la liberación de 52 rehenes norteamericanos secuestrados en la embajada de Teherán.

Carter habla pausado en un inglés que no parece norteamericano y sonríe varias veces durante la charla.

Asegura que siempre le preocupó la Argentina. Dice que no conoce al presidente Fernando de la Rúa, pero que tiene "las mejores referencias", y que Carlos Menem, con quien estuvo dos veces, "me cae muy bien (he likes me very much)".

-¿Qué piensa del arresto de Pinochet?

-Bueno. Básicamente es un violador de los derechos humanos, como Videla y otros generales de la Argentina y de otros tantos gobiernos militares.

Carter tiene una organización de derechos humanos que junto con otras 21 entidades no sólo tratan de corregir violaciones contra los derechos humanos, sino prevenir y anticiparse a situaciones de injusticia.

Critica al gobierno de Alberto Fujimori y niega que Perú viva en democracia. En cambio, rescata la legitimidad de Hugo Chávez en Venezuela.

-Usted tiene una visión global de la política mundial, ¿qué opina de l a evolución de los gobiernos en América latina luego de la guerra fría?

-La evolución de América latina ha sido extraordinaria. Cuando yo era presidente había violaciones a los derechos humanos por todas partes. Había gobiernos militares en Chile, la Argentina, Paraguay, Perú, Brasil, El Salvador, Panamá, y en Nicaragua estaban los sandinistas. Hubo un revolucionario movimiento en favor de los derechos humanos y las democracias. Ahora por lo menos hay elecciones. Y los perdedores las aceptan.

Saludos

James Carter sorprendió ayer al pasaje (124 personas) del vuelo 1648 de Aerolíneas Argentinas. Antes de que el comandante Gustavo Ferreira despegara, encaró el pasillo y saludó, asiento por asiento, a cada uno de los pasajeros. Algunos lo reconocieron y otros no, pero él no tuvo problemas en presentarse. "¡Hola! Soy Jimmy Carter, ex presidente de los Estados Unidos", repitió.

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