Clara García Lanza, otra forma de seducir a los malvinenses
Viajó al archipiélago la novia argentina del futbolista isleño Martyn Clarke
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La política de seducción a los malvinenses tiene desde anteayer una nueva representante argentina. Se llama Clara García Lanza, tiene 26 años y muchos más argumentos que el ex canciller Guido Di Tella para convencer a los isleños acerca de las bondades de la Argentina.
Es la novia argentina de Martyn Clarke -el futbolista isleño que probó suerte en Boca- y llegó el sábado último a Puerto Argentino, donde pasará dos meses de vacaciones con la familia de él.
"Estoy intrigada, quiero saber qué va a pasar", dijo Clara a La Nación horas antes de tomar el vuelo que la llevó a las Malvinas.
Su novio le comentó algunas cosas, no demasiadas, acerca del lugar donde vive. Le dijo que es una ciudad chica y que la gente suele estar atenta a los movimientos de sus vecinos. No le adelantó, sin embargo, que su figura causará cierta sensación en el pueblo de casas bajas y calles bordeadas de mar y repletas de viento. Los habitantes de Puerto Argentino son pocos, menos de 2000, y las mujeres jóvenes no abundan.
El tema es que Clara, que estudia diseño gráfico y trabaja en una galería de arte, además de mujer y joven, es argentina y ésa es una condición que no tiene demasiados adeptos entre los malvinenses.
Ella lo sabe, pero dice que tiene "expectativa" de ver cómo la tratan, pero no miedo. "Por las dudas, no voy a llevar filmadora", aclaró. Su precaución está relacionada con "Fuckland", una película filmada ocultamente en las islas por un argentino y que cayó muy mal a los malvinenses.
Más allá de que la suya es una visita privada, la Cancillería confía en que los contactos personales ayuden, y mucho, a distender las relaciones entre las islas y el continente. Esa es la razón por la que la anterior administración festejó tanto el acuerdo logrado con el Reino Unido que permitió que los argentinos puedan visitar las Malvinas.
Y ésa también es la razón por la que algunos isleños aún se resisten a mantener una relación más estrecha. Saben que si se eliminan las trabas, la geografía hará que los malvinenses comiencen a acercarse naturalmente al continente.
"No queremos volver a depender de la Argentina", dicen hasta los isleños más moderados, con el recuerdo fresco de la guerra. Su actual prosperidad económica está, en gran parte, financiada con el dinero que los británicos decidieron invertir en las islas a modo de resarcimiento tras el conflicto de 1982. Por ahora, no necesitan nada de la Argentina y la mayoría está contenta con esta situación.
Tanta suspicacia hay respecto de la Argentina que viajar al continente es todo un tema entre los malvinenses. Muchos de los que lo hacen prefieren ocultarlo a sus vecinos por miedo a sufrir reproches. Y los que fueron y vinieron perdieron varios amigos en el camino. Algunos malvinenses consideran traidores a aquellos vecinos que, como Martyn, deciden probar suerte en Buenos Aires.
Hace un mes, durante su visita a las Malvinas, Di Tella se reunió con todas las autoridades, pero recibió indiferencia de parte de la gente.
Más atractivos que Di Tella
Es seguro que Clara logrará una mayor atención. La madre de su novio, Julie, es la dueña de The Globe, el más concurrido de los pubs malvinenses y ella pasará mucho tiempo allí, con lo cual será muy difícil no verla. Ese es el lugar que eligen los isleños de Puerto Argentino para matar el aburrimiento con dosis abundantes de alcohol.
Además, la capital de las Malvinas es una ciudad chica y las caras se vuelven conocidas a los pocos días. Clara será precavida, pues sabe que el lugar que eligió para sus vacaciones cumple a la perfección aquello de "pueblo chico, infierno grande". Y si a esto se le suman los resabios de la guerra, está claro que la estada de la argentina dará mucho que hablar. Ella, por lo pronto, sonríe despreocupada ante semejante panorama. No parece nerviosa.
Clara y Martyn se conocieron hace casi seis meses por intermedio de amigos comunes. La primera vez que salieron fueron al recoleto bar irlandés The Shamrock. Ese lugar se convirtió, junto con The Kilkenny, otro bar de estilo celta, en su segundo hogar. Allí Martyn se siente como en casa, ya que entre los habitués hay una gran cantidad de extranjeros anglohablantes.
El jugador malvinense no se ha mostrado como un dotado para los idiomas y apenas balbucea algunas palabras en castellano. La mayoría de ellas, explicó su novia, son insultos que aprendió en la cancha de fútbol. El idioma oficial de la pareja es el inglés, que Clara estudió en sus años de alumna en el colegio Northlands.
De Buenos Aires Martyn se llevó, además de un rendimiento un tanto desparejo en las canchas, una cena con Diego Maradona y una novia argentina. También logró un grupo amplio de amistades cuyos principales integrantes son Clara y otro malvinense que se llama James Peck y que vino a Buenos Aires a exponer sus pinturas. El también está ahora en las islas con María, su novia argentina y estudiante de bellas artes, pero ellos prefirieron quedarse en un campo situado lejos de Puerto Argentino.
Clara, en cambio, viajó a la capital dispuesta a enfrentar el frío viento malvinense.



