
Colombo, el aviador que se convirtió en el piloto de tormentas del Gobierno
De la Rúa delegó en el jefe de Gabinete la tarea de dialogar con la oposición.
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Chrystian Colombo se esfuerza por hacer honor a su profesión de aviador. Tal vez sea por ello que gobernadores y legisladores lo describen como un buen "piloto de tormentas".
El jefe de Gabinete se ha transformado, después del presidente Fernando de la Rúa, en el hombre más fuerte del Gobierno. Dos cuestiones hablan a las claras del poder que el ex presidente del Banco Nación supo concentrar en algo más de un mes.
Una: por primera vez desde que asumió la jefatura del Estado, De la Rúa delegó en un solo hombre la responsabilidad de encarar el diálogo con la oposición, le dio todo su aval y una generosa cuota de autonomía para actuar. Desconfiado por naturaleza y con un fuerte estilo personalista, el Presidente había aplicado hasta ahora el viejo axioma que proclama "divide y reinarás".
Las parcelas de poder eran ocupadas, según el tema y la ocasión, por Leonardo Aiello, uno de sus secretarios privados, el ministro del Interior, Federico Storani, y Jorge de la Rúa, mientras estuvo en la Secretaría General de la Presidencia.
Dos: Colombo cosecha elogios desde el oficialismo y la oposición sin distinciones. Hasta los gobernadores justicialistas, con quienes mantuvo duros enfrentamientos en las últimas horas, lo describen como un funcionario expeditivo y ejecutivo.
"Lo que no resuelve con rapidez no es por culpa suya sino por lentitud de De la Rúa", espetó uno de los hombres de confianza de un gobernador peronista que lidera el bando de los duros.
El buen diálogo que el jefe de Gabinete cultiva con los mandatarios comenzó a gestarse cuando dirigía el Banco Nación. "Las recorridas ministeriales de los gobernadores terminaban en el banco. Sabían que Colombo le buscaba la vuelta para que no volvieran a sus provincias con las manos vacías", comentó a La Nación un funcionario del Gobierno.
El sábado último Colombo festejó su cumpleaños número 48. Quienes más lo conocen aseguran que es un fiel representante de su signo zodiacal, escorpio. Lo describen como un obsesivo del trabajo, un negociador nato y un hombre de carácter fuerte, pero dueño de "enojos pasajeros".
Comentan que el jefe de los ministros repite que "sin autoridad es imposible negociar" y atribuyen a ese pensamiento su firmeza al dialogar.
"No se puede negociar desde una postura de blando, no se puede ir al pie. Por eso (anteayer) no fue a ver a los gobernadores del PJ al CFI. No le gustó el modo en el que (el jefe del bloque de diputados Humberto) Roggero lo desafío diciendo que a las 18.30 esperaba verlo en el sitio", señaló un funcionario de la Jefatura de Gabinete.
Otra de las fuentes consultadas por La Nación atribuyó a su paso por la entidad financiera la capacidad negociadora que lo caracteriza: "Los bancarios viven negociando", graficó uno de sus compañeros de gabinete.
Más allá de los efectos que tuvo en el Gobierno el reemplazo de Rodolfo Terragno por Colombo, el poder y el protagonismo del jefe de Gabinete lo han transformado en un privilegiado guardaespaldas presidencial.
Propios y ajenos admiten que el ex número uno del Banco Nación preserva la figura del Presidente y le evita así someterse al desgaste de las negociaciones. "Así como en su época de gloria (Carlos) Menem tenía a un gerente político (Eduardo), Bauzá, y a un gerente, (Domingo), Cavallo, ahora De la Rúa cuenta con un escudo que filtra los reclamos más duros y amortigua los embates de la oposición", explicó un alto funcionario de la administración aliancista.
Poder para negociar
Según la visión de la fuente, "hasta ahora los gobernadores llegaban directamente al Presidente porque ninguno de los interlocutores que De la Rúa designaba tenía el suficiente poder como para negociar. En definitiva, terminaban discutiendo mano a mano con el jefe del Estado y eso no es bueno para nadie. Si fracasa esa instancia, ¿dónde sigue el diálogo?"
Por su parte, algunos de los colaboradores de Colombo dicen que su jefe se limitó a cumplir con la Constitución. "Reorganizó las reuniones de gabinete, que eran multitudinarias, largas e improductivas. Antes se debatía durante dos horas y no había resoluciones concretas. El Presidente escuchaba desde un informe de un asesor acerca de los planes Trabajar en un pueblo perdido del interior hasta la situación del presupuesto", abundó el hombre con despacho en el edificio de la ex Somisa.
Para algunos, Colombo es el "gerente general del Gobierno". Otros osan calificarlo como el virtual vicepresidente de la Nación.
Sin importar el título que se le dé, es evidente que el jefe de Gabinete se ha convertido en uno de los hombres más fuertes del gobierno aliancista.
El éxito de su gestión frente a los gobernadores del PJ será su bautismo de fuego.





