Cómo fueron las últimas escaramuzas entre Moreno y Kicillof

Kicillof resultó vencedor
Kicillof resultó vencedor Fuente: Archivo
La relación entre el renunciado secretario de Comercio Interior y el flamante ministro de Economía entró en un camino sin salida en los últimos días
Jorge Oviedo
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22 de noviembre de 2013  • 16:44

Las relaciones entre "Guille", "Napia o "Patota" y "Escel" nunca fueron fáciles. Aunque lograron, más o menos, trabajar juntos. El Cedin, decía Moreno , fue idea del entonces viceministro, al que ni siquiera le decía bien el nombre: lo llamaba Alex.

Pero Moreno defendía el engendro como si se le hubiera ocurrido a él. "Soy un soldado", decía y probablemente seguirá diciendo cada vez que tenga que ejecutar órdenes que no se ocupará en juzgar. Curioso personaje del Gobierno que dijo que la obediencia debida no es un argumento para librar de culpas y penas a los ejecutores de barbaridades.

En los últimos tiempos de convivencia en el Ministerio de Economía, Axel fue el primero en convocar a las empresas mineras para pedirles que invirtieran en Baade, para traer dólares al país. Convocó a los representantes de las grandes compañías extranjeras que operan en el país, sin Moreno en el elenco. Flanqueado por el subsecretario de Coordinación de Julio De Vido, Roberto Barata, y por el secretario de Minería, Jorge Mayoral.

La reunión fue difícil de armar. Quizá por inexperiencia o falta de información fue convocada en el mismo momento en que en Mar del Plata se celebraba el Coloquio de Idea. Los máximos ejecutivos estaban allí. Hay quienes piensan también que el Gobierno quiso sabotear de algún modo la cumbre empresarial.

Las cosas se pusieron más difíciles días después, cuando volvieron a ser convocados, esta vez por Moreno. Flanqueado por Barata y Mayoral. Kicillof, se sorprendieron los convocados, no estaba. Fue todo un despliegue del "estilo Moreno". Tenía, cuentan las fuentes, "un papelito con sus propias cuentas, que siempre son poco razonables, con ganancias, ingresos y giros, con las que además sacaba la conclusión de cuánto tenía que poner cada compañía". Uno por uno les dijo las cifras.

El clima se puso peor cuando Kicillof llamó para decirle al secretario de Comercio Interior y supuesto subordinado que estaba con problemas para llegar. "Moreno lo boludeó (sic), le dijo ’pibe, acá estamos trabajando’, pero era medio un tono de gastada", dijeron los informantes. Cuando cortó, se despachó.

"Recontra insultó a Kicillof y también a (el titular de YPF) Miguel Galuccio, en términos terriblemente groseros, dijo que el que mandaba era él y que todos ya sabían lo que tenían que hacer y cuánto dinero tenían que poner", contó uno de los presentes.

El viernes 15 volvió a llamar a un encuentro con los mineros para la última semana de noviembre. Quería exigirles los desembolsos, que totalizaban 300 millones de dólares. Pero el martes por la tarde, tras un desastroso cierre de los mercados en la rueda siguiente al anuncio de los cambios, se anunció que había renunciado.

La sola idea de un alejamiento por propia voluntad del saliente funcionario es incompatible con sus antecedentes. Un "soldado" en la concepción de Moreno no pega un portazo a su superior. Todo indica que lo echaron. Que su jefa le quitó la autoridad que le había conferido para zanjar las discusiones con Kicillof diciéndole: "¡Callate, que vos sos marxista".

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