Cómo funciona la indexación brasileña

No se guía por la inflación minorista
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22 de enero de 2002  

SAN PABLO.- Si el gobierno argentino va a usar como referencia el sistema de indexación de Brasil, antes va a tener que descubrir cuál será el indicador ideal de precios para ser tenido en cuenta como base.

El mecanismo de indexación brasileño, en una economía con inflación al consumidor que no supera un dígito anual, es el índice general de precios (IGP) mayoristas, preparado por la reconocida Fundación Getulio Vargas (FGV). Este indicador no tiene en cuenta los precios al consumidor.

Por ley está prohibido en Brasil indexar contratos -alquileres, servicios, concesiones- más de una vez al año. Es decir, sólo una vez cada 365 días las inmobiliarias o empresas prestadoras de servicios, por ejemplo, aplican una indexación exactamente igual a la suba del IGP.

En los últimos 12 meses, este índice acumula una inflación del 10,4%, contra el índice oficial de precios al consumidor, de 7,6 por ciento. El consumidor es, como se ve, el que salió perdiendo en la historia: cuando el mecanismo de indexación fue actualizado, los precios mayoristas y minoristas corrían parejos. "Pero el índice mayorista refleja mucho más las alteraciones en el cambio, entonces mientras los precios minoristas se mantienen con una inflación baja, los precios mayoristas, que absorben por ejemplo el aumento de las materias primas importadas, aumentan más", explicó a LA NACION el economista y especialista en cuentas públicas Raúl Velloso.

Si la Argentina adopta como referencia un índice de precios mayoristas para usar como indexador, puede descubrir que mientras éstos aumentan como reflejo de la devaluación del peso y de su efecto sobre los productos y materias primas importadas, los precios al consumidor se deberían mantener sin inflación, debido a la desaceleración de la economía, tal como ocurrió en Brasil. Entonces, los servicios y contratos serían indexados por un índice mayor que la inflación que enfrentó la gente en la calle. Los únicos beneficiados, como ocurrió en Brasil con la elección de este índice, serían las prestadoras de servicios.

El indexador no es usado en compras en cuotas y es el comerciante -o la administradora de tarjetas de crédito- el que tiene libertad para fijar la tasa de interés que le aplica al producto vendido. En esos casos, lo que entra en juego son las metas de inflación, que no es más que la expectativa de aumento de los precios minoristas.

En Brasil, durante el proceso de devaluación del real en 1999, fue adoptado el mecanismo de metas de inflación como referencia para el funcionamiento de toda la economía. El objetivo acordado por el gobierno brasileño con el FMI fue de 4% para el año pasado, con un margen de incumplimiento de más o menos 2 puntos porcentuales. El IPCA -índice de precios al consumidor, medido por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística- terminó 2001 con un índice de 7,67 por ciento. Formalmente el Banco Central tuvo que enviar una carta al Ministerio de Hacienda explicando el incumplimiento. Entre las razones figuraron la crisis argentina, que forzó a una devaluación inesperada del real, y la crisis de energía.

El Comité de Política Monetaria, formado por los directores del Banco Central, se reúne una vez cada quince días o un mes para estudiar cómo avanza la meta de inflación. Si la trayectoria es de caída, deciden una reducción de la tasa de interés (Selic), hoy en 19% anual. Si la trayectoria es ascendente -es decir, hay un brote de inflación-, deciden un aumento de la tasa, que inmediatamente desacelera la economía y provoca una caída del consumo y, como consecuencia, de la inflación.

"Lo nuevo y positivo que trae la meta de inflación es que todos saben cuáles son las reglas de juego y se puede programar sobre la base de las expectativas económicas que muestran, en forma aproximada, las metas de inflación", explicó Velloso.

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