
Cómo influye el temperamento en la toma de decisiones
Qué pasa por la cabeza de los políticos
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"Todo el transcurso de la vida puede ser desviado por el temperamento de un solo individuo -dijo Sigmund Freud-. Si Milcíades hubiese huido en Maratón y Carlos Martel en Poitiers, la civilización occidental habría sido diferente. Y todo habría sido distinto si Cristo hubiese renegado de su doctrina ante Pilatos." Según la Organización Mundial de la Salud, el trabajo más estresante del mundo es el de ser presidente de los Estados Unidos.
Teniendo en cuenta esta definición y los sucesos institucionales de los últimos días en nuestro país, no resulta descabellado pensar que a la hora del análisis de la toma de decisiones políticas los factores psicológicos son variables tan básicas como el comportamiento de los mercados.
Para los expertos en psicología política, el éxito o el fracaso de quienes tienen en sus manos las grandes decisiones de un país se apoya sobre tres pilares que se ponen en juego en el momento de tomar decisiones: riesgos, incertidumbre y confianza. Al manejo adecuado de estos elementos se agrega otro muy ligado al temperamento: el estilo de liderazgo.
Percepciones erróneas
"Tomar decisiones implica evaluar riesgos, incluyendo las consecuencias que esas determinaciones podrían tener si resultaran desacertadas. Requiere, además, lidiar con la incertidumbre; la política es un ámbito donde las definiciones son siempre complejas e implican un alto grado de incertidumbre. El tercer elemento, la confianza, es absolutamente psicológico: es sentirse capaz de manejar todas las situaciones", explica el doctor Orlando D´Adamo, director de la carrera de Psicología de la Universidad de Belgrano,titular de la Cátedra de Psicología Política de la Facultad de Psicología de la UBA y miembro de la International Society of Political Psichology.
La política es riesgo, incertidumbre, y está plagada de situaciones en las que se pone a prueba la confianza: "Esta confianza se sustenta en éxitos anteriores y cae cuando lo que precede a una decisión es el fracaso".
Desde la invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba (1961), por parte del gobierno norteamericano de John Kennedy hasta la explosión del Challenger, en 1986, los acontecimientos derivados de decisiones desacertadas han sido analizados desde las fallas al percibir los riesgos. "El problema es que los percibimos a la medida de nuestros deseos. Los políticos dicen: "Esto es difícil, pero va a salir bien porque ya atravesamos situaciones similares". Les gustan las analogías porque les bajan la incertidumbre: si algo se viene haciendo de determinada forma prefieren repetir esquemas. Pero en política no existen dos situaciones iguales. Así, con la repetición surgen las dificultades, crece el stress y las decisiones se toman bajo presión", afirma.
D´Adamo estudió las percepciones equivocadas en relación con la Guerra de Malvinas y concluyó que "sólo la guerra abierta pudo obrar como un factor realista de reordenamiento, ya que con su crudeza impuso un abrupto final a las percepciones erróneas recíprocas". Los militares argentinos percibieron que los ingleses no vendrían a defender las islas... y se equivocaron. Aunque con menos consecuencias al finalizar la guerra, los ingleses desestimaron la marina argentina y sufrieron -por ejemplo- el hundimiento del Sheffield.
Tanto en el conflicto como en la paz, "un buen tomador de decisiones evalúa escenarios alternativos. ("Si hay sudestada y esta calle está inundada, ¿por cuál puedo salir?") Esto baja la incertidumbre y hace más previsibles los riesgos. Pero lo que hoy ocurre con los políticos argentinos es que se embarcan en situaciones sin tener escenarios alternativos".
Tipos de liderazgo
Estudios psicobiográficos de presidentes concluyen que las decisiones que toman los mandatarios responden a un estilo que estos hombres construyen a lo largo de su carrera política. Por otra parte, el desempeño de quienes ocupan cargos públicos ha sido descripto en términos de liderazgos. La psicóloga Margaret Hermann, de la Universidad de Ohio, define cuatro tipos: el vendedor , el flautista de Hamelin , el hombre marioneta y el bombero .
"El vendedor es el típico político argentino en campaña, resaltando sus bondades para ganar una elección. El flautista es carismático, como lo fue Juan Domingo Perón. El ex presidente Héctor J. Cámpora se enmarcaría en el tercer grupo: gobernó respondiendo a los requerimientos de un sector específico del peronismo. Por último, el actual ministro de Economía, Domingo Cavallo, cumple el rol de bombero: es el líder situacional, que se presenta como capaz de resolver una crisis profunda."
Si bien es cierto que "un buen líder tiene las cuatro habilidades y las sabe emplear según el caso", también existe un estilo de liderazgo para manejar situaciones críticas que no todos traen en los genes. En términos simples: lo que natura non da ...
En psicología política tampoco se deja de lado "el círculo áulico que suele formarse alrededor de los presidentes, que generalmente no los desafían, un aspecto negativo cuando se deben tomar grandes decisiones".
Hay otros puntos poco clasificables en términos de personalidades. Aunque ningún profesional serio se atrevería a un diagnóstico de un funcionario que no fuera su paciente, nadie negaría que en un chiste o un acto fallido podrían hallarse algunas verdades sobre el sentir de los políticos. Cuando le preguntaron al ex jefe del gobierno italiano Giulio Andreotti si creía que el poder era desgastante, respondió espontáneamente: "Sí, sobre todo cuando no se tiene".



