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Cómo me enteré de la noticia

Mariela Arias
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27 de octubre de 2011  • 12:30

RIO GALLEGOS.- La mañana en que Néstor Kirchner falleció, amaneció soleado y sin viento en Río Gallegos. La rutina laboral se presentaba sin sobresaltos, salvo los datos de ocasión que surgieran del Censo Nacional, la misión de la jornada era tratar de dar con el censista que visitaría a los Kirchner en El Calafate. Nada hacía suponer que el día podría cambiar rotundamente con un telefonazo.

Aún no eran las 8.30 de la mañana cuando el teléfono fijo de casa sonó. Era Sergio Villegas, periodista y amigo de El Calafate. Mi celular aún estaba apagado y que él llamara al teléfono fijo sólo podía ser una señal de mal agüero. Recuerdo ahora que lo primero que atiné a preguntarle, aún dormida, fue: ¿Quién está internado?... "Sí, es eso que pensás", me respondió.

Desde hace ocho años -desde que soy corresponsal de La Nación en Santa Cruz- Sergio sabe que no hay horarios para llamarme cuando la familia Kirchner está en El Calafate. Ya había ocurrido en el 2004, cuando internaron al ex presidente durante la madrugada y slo trasladaron a Río Gallegos. Ese fue el primer episodio que nos alertó sobre su salud.

"Es Kirchner y está muy mal". En ese momento tuve una sensación de vacío en el estómago que se instaló para quedarse allí durante todo ese largo día. Nunca me despabilé tan rápido. Él me aclaraba que aún no había subido la información a su portal web Ahora Calafate porque estaba esperando un poco más de información. Su llamada también era una forma de tender redes, esas que tan bien sabemos tejer los periodistas cuando primamos la información sobre el tonto egoísmo de una primicia.

En piyamas corría por mi casa llamando a distintas fuentes que me pudieran ampliar la información. Fracasé en los primeros teléfonos de la gobernación a los que llamé. Había un dato clave para chequear: definir si el avión sanitario de la gobernación había partido o estaba por partir hacia El Calafate. Sí Kirchner estaba grave, el hospital de alta complejidad más cercano era el de Río Gallegos.

Eran las 9.05. Los dos párrafos con el alerta esperaban en la bandeja de salida de la notebook. Cada vez que hablaba con Sergio Villegas la información que llegaba desde el interior del hospital era peor. Vino el censista, lo despaché con la promesa que si volvía mas tarde, le convidaba un café.

Un ministro me atendió, aún no sabía nada. Dos minutos después ese mismo ministro me avisaría que Luis Buonomo, el médico presidencial, le había adelantado por teléfono que el panorama estaba "complicadísimo". Envío el mail con los primeros párrafos de la internación a lanacion.com. Ahora Calafate , el portal web de esa localidad, lo acababa de subir a su página.

Tenía una larga cantidad de teléfonos y editores a quienes llamar pero me urgía seguir tratando de averiguar lo que pasaba a 300 km de distancia en El Calafate, el peso de la información así lo demandaba en esos minutos de zozobra. Y allí decidí marcar el celular del secretario general de Redacción, Héctor D’Amico, pensé que él pondría en segundos a funcionar la gran maquinaria de La Nación y yo ganaría tiempo en buscar nuevos datos aquí. Eso ocurrió.

La noticia subiría minutos después al sitio de lanacion.com. A partir de allí las noticias que me llegaban desde El Calafate eran desalentadoras. A las 9.30, el fallecimiento de Néstor Kirchner era, según la información extraoficial, un hecho terrible que nadie se animaba a confirmar oficialmente. Hasta que la misma se convirtió en imparable e inundaría las portadas y los canales de los medios del país y del mundo.

En el parte de defunción que firmaría el doctor Luis Buonomo esa tarde al llegar a El Calafate se estableció como las 9.15 la hora de defunción del ex presidente.

Días pasados, el director del Hospital José Formenti de El Calafate, Mario Bravo, me comentaba recordando esa terrible mañana de octubre como después de varios días los médicos, terapistas y enfermeros que intentaron salvarle la vida a Kirchner reconocerían entre ellos en charlas privadas cómo ese momento los había impactado para siempre. A mí también me impactó esa mañana, como me impactó la figura de Kirchner como personaje político a quien me tocó cubrir durante tantos años.

El censista volvió pero ya no me acuerdo qué le respondí.

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