Coronavirus en la Argentina: se mantendrá la cuarentena en el conurbano bonaerense por temor a un contagio masivo

El presidente Alberto Fernández descartó por ahora flexibilizar la medida en los distritos más poblados del Gran Buenos Aires
El presidente Alberto Fernández descartó por ahora flexibilizar la medida en los distritos más poblados del Gran Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Maia Jastreblansky
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22 de abril de 2020  • 11:31

"¿Cómo viene la mano en los barrios?". Enlace de Alberto Fernández en el territorio, el funcionario repitió una pregunta que nació en la quinta de Olivos. Con un aislamiento que se estira, el Presidente sigue muy de cerca el clima social del conurbano con una convicción: aunque el coronavirus no se haya extendido aún en los asentamientos más humildes del Gran Buenos Aires, la cuarentena allí no debe flexibilizarse después del 26 del mes actual. Hay que seguir ganando tiempo.

Para la siguiente fase del confinamiento nacional, el Gobierno analiza aplicar un criterio georreferenciado, un "mapa inteligente" que detecte qué localidades tienen nula o escasa circulación del virus para, eventualmente, flexibilizar su vida interna. Pero esa regla general no aplicará en el conurbano, que se mantendrá cerrado, coinciden funcionarios nacionales, provinciales e intendentes que consultó LA NACION. Esta situación será ratificada en los encuentros que el comité de expertos tiene agendado en Olivos para definir cómo sigue el aislamiento.

"El partido más importante se juega en el conurbano", dijo un estrecho colaborador del Presidente que circula en Olivos. El cálculo que hace el Gobierno es que la situación económica y social –que asoma como crítica- se puede contener algunos días más. En cambio, un contagio masivo en ese cordón del país podría ser muy complicado, por el nivel de hacinamiento y vulnerabilidad que hay en los barrios, la falta de cloacas y agua potable en muchos asentamientos y la saturación que se ejercería en el sistema de salud público. Es el lugar que podría poner en riesgo las estadísticas sanitarias, la curva de contagios.

Un comedor escolar, en La Matanza
Un comedor escolar, en La Matanza Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

"El verdadero conflicto social se va a dar el día que no haya camas en un hospital por coronavirus, el día que se saturen las guardias. No se va a dar por un bolsón de comida, eso lo podemos contener", dijo a LA NACION un intendente que aceitó un vínculo estrecho con Fernández.

Desde otro municipio gobernado por el Frente de Todos, puntualizaron: "La clave es ralentizar todo lo que se pueda porque ya comenzaron los contagios comunitarios. Tenemos que seguir ganando tiempo porque aún no están listas todas las camas hospitalarias, y hay que ralentizar la propagación sabiendo que es inminente".

El Presidente afianzó un vínculo directo con los intendentes del conurbano, tanto del oficialismo como de la oposición, a los que considera la primera barrera de contención. Con muchos de ellos habla a diario. Su predilecto es "Juanchi" Zabaleta, jefe comunal de Hurlingham, a quien considera un eslabón político clave para articular con otros jefes comunales. De la oposición, recibió dos veces en Olivos a Jorge Macri (Vicente López), pero también mantuvo contacto con otros jefes comunales de Juntos por el Cambio, como Néstor Grindetti (Lanús) o Diego Valenzuela (Tres de Febrero).

Para palpar el clima del conurbano en cuarentena Fernández tiene además otros termómetros. Fernando "Chino" Navarro, secretario de Relaciones Políticas y Parlamentarias y referente histórico del Movimiento Evita, baja al territorio todos los días y le eleva reportes al Presidente. El ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, ex intendente de San Martín, es un enlace natural con los jefes comunales y le proporciona "lectura fina" de lo que ocurre en los municipios. Por último, Fernández legitimó a curas villeros y pastores de iglesias evangélicas, además de los movimientos sociales, por la contención social que realizan en muchos barrios humildes. Todo ello sumado a las salidas puntuales que hizo al conurbano en lo que va de cuarentena, para observar el territorio en directo.

"Que los asentamientos del conurbano son el eslabón débil de la cadena no hay duda. Alberto tiene un foco puesto en el Gran Buenos Aires porque tiene en claro que a mayor densidad y vulnerabilidad, mayor riesgo", dijo a este medio un jefe comunal de Juntos por el Cambio que tiene la misma preocupación que el Presidente.

Los reportes que llegan a Olivos, además, indican un alto nivel de acatamiento en los barrios. "La cuarentena se cumple mejor que en Capital Federal", comentó en las últimas horas un funcionario de trato diario con Fernández. Si bien en algunos asentamientos hay, de hecho, un aislamiento comunitario, se trata de lugares donde la vida social transcurre en la calle o en los pasillos, pero, dentro de las posibilidades, se respeta el distanciamiento social.

Transporte público

Otro funcionario que escolta a Fernández en su agenda diaria sentenció: "El conurbano no se va a abrir porque los grandes centros urbanos no se van a abrir, por la presión que eso generaría en el transporte público. Todas las experiencias del mundo nos muestran que los casos pueden dispararse de un día para el otro y que ningún sistema de salud lo puede contener cuando eso pasa".

Un colectivo, en Villa Ballester
Un colectivo, en Villa Ballester Fuente: LA NACION - Crédito: Fabian Marelli

A tal punto preocupa la situación del transporte público, que el Gobierno busca todo tipo de alternativas para las pocas actividades que fueron reactivadas. El Ministerio de Obras Públicas, por ejemplo, realiza algunos trabajos (sobre todo la construcción de hospitales modulares) que se desarrollan al aire libre y con protocolos sanitarios estrictos para los trabajadores. Para evitar que se trasladen de un punto al otro del conurbano, muchos obreros se están hospedando en albergues transitorios durante los días que dura la obra.

Panorama

La inquietud por la situación del conurbano fue transmitida por los jefes comunales en la reunión que mantuvieron ayer con Axel Kicillof, que en cambio analiza flexibilizar la cuarentena en algunas localidades del interior de la provincia. "Todos los intendentes quieren evitar que la cuarentena se relaje porque el riesgo es muy grande. Hasta ahora no hubo desborde social porque la ayuda económica la fuimos reforzando. Es más peligroso el factor sanitario", dijeron a LA NACION desde uno de los distritos más grandes.

Ese es el veredicto de los intendentes, a pesar de que la demanda de alimentos, producto de la inactividad, creció de forma pronunciada. Según datos oficiales, el Ministerio de Desarrollo Social asistía con alimentos hasta febrero de este año a 8 millones de personas. Hoy están atendiendo a 11 millones de personas, casi un 40% más. "El papá que ayer hacía changas y que ahora está todo el día en la casa, empezó a ir al comedor a comer", comentó la mano derecha de un importante intendente en las últimas horas.

El pedido de sostener la cuarentena se mantiene incluso, aunque los contagios no hayan llegado, en téminos generales, a las zonas más humildes. Salvo en Quilmes, Moreno y Merlo, donde se detectó el virus en barrios puntuales, los casos positivos confirmados se dieron en zonas de casas de clase media. En La Matanza, el distrito con más habitantes, los casos de coronavirus hasta ahora no se extendieron hacia el sur del Camino de Cintura.

"Avellaneda y Vicente López son dos municipios con extensión y cantidad de habitantes parecidos y ambos limitan con la Ciudad, pero en Avellaneda tenemos 30 casos y en Vicente López, 126. Con Tres de Febrero y Lanús pasa lo mismo. Tienen población parecida, pero uno está en la zona oeste (y tiene 133 casos) y otro en zona sur (con 20 casos).", ejemplificaron desde La Plata. Y agregaron: "El poder adquisitivo, hasta ahora, marcó la diferencia".

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